Cuarto Trimestre 2012

 

 

De Octubre a Diciembre la tradición nos une.

Autor : Ms.C. Maria Amelia González

Cuando se habla de tradición pensamos en usos, costumbres, festejos y manifestaciones de la cultura popular que han sido trasmitidas de generación en generación sin perder su esencia, sistematicidad y pertinencia. La misma refuerza la identidad y forma parte del patrimonio inmaterial familiar, local y nacional.

Tenemos algunos ejemplos para ilustrar: los paseos por los parques más céntricos de una ciudad los fines de semana, el sentarse en el malecón, poner en hora el reloj cuando suena el cañonazo, la taza de café mañanera, fiestas como las Parrandas de Remedio, el San Juan camagüeyano, las Charangas de Bejucal, las comparsas tradicionales del carnaval habanero: Los Marqueses de Atares, La Sultana, La jardinera, las Bolleras, Los Componedores de Batea y EL Alacrán -estas dos últimas centenarias-. Hablo de comparsas y no del extinto carnaval que sería tema de un amplio artículo.
Hay oficios  que se trasmiten de abuelos a padres y de estos a hijos como ocurre con el tejido del Guaniquí  de la familia Calvo en Cuatro Caminos del Cotorro y la tradición alfarera de El Cano en  La Lisa y su fiesta de los alfareros, una de las muestras más genuinas del patrimonio inmaterial de la capital y que hoy corre la misma suerte del carnaval. En materia de tradición y celebración del santoral, octubre tiene su punto de partida y continuidad en el mes anterior, con las celebraciones de Nuestra Señora de Regla, copatrona de la ciudad y Patrona de la bahía y su  tránsito a través de las aguas en la lanchita, la de La Caridad del Cobre y La Merced, con la subida anual al camerino de la Virgen.

Empieza octubre con San Francisco, el patrono de los ecólogos y tan reverenciado entre las personas con creencias de origen africano. Entre el 9 y el 12 en  el antiguo barrio del Horcón, hoy del Pilar, eran famosas la ferias dedicadas a la virgen con procesiones, tómbolas, bailes donde desempeñaban un papel importante la parroquia y la Sociedad del Pilar (1848) en uno de los festejos de más arraigo popular; lo mismo ocurría en el barrio del Ángel con las ferias de San Rafael, el 24, día en el cual las comunidades claretianas recuerdan a San Antonio Maria Claret, el misionero ideal, Patrono de la catequesis y los ingenieros industriales, Obispo de Oriente y Camagüey, el cual dejó una huella profunda en la historia de la cultura cubana. No podemos olvidar el día 28 a San Judas Tadeo; desde horas tempranas, la plazoleta y las calles aledañas del antiguo barrio árabe de La Habana se llenan de un color verde, ya que desde hace algunos años los devotos del Santo acuden vestidos de este color, tal vez con la esperanza de que él haga el milagro de lo imposible.

Llega noviembre y con él los festejos por los 493 años de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, ocurrida en 1519. Una tradición que comienza con la celebración de una misa en la Catedral habanera al Santo Patrón de la ciudad, conocida desde antaño como la “Misa del Mudo”, ya que sus participantes antes de penetrar al templo daban tres aldabonazos en sus puertas para saludar al Santo y ya dentro permanecían en silencio hasta terminada la celebración. Luego acompañaban en procesión la salida del Cabildo hacia el Templete, lugar donde se dice se ofició la primera misa. Allí sus participantes dan tres vueltas a la ceiba, piden un deseo y en ofrenda arrojan dinero al pie de su tronco. Esta tradición poco a poco ha ido relegando, por su sentido un poco más popular y quizás folclórico, la participación en la misa católica, momento verdaderamente especial para que los habitantes de la ciudad agradezcan los favores alcanzados. Este es el tiempo de Adviento, tiempo de preparación y de acopio para las fiestas navideñas, quiera Dios que el acopio sea de bienes espirituales más que materiales para que sea un camino de reflexión y espera del Enmanuel. En este mes se ha incorporado una tendencia extrapolada de contexto que cada vez toma más en la historia de la cultura cubana. No podemos olvidar el día 28 a San Judas Tadeo; desde horas tempranas, la plazoleta y las calles aledañas del antiguo barrio árabe de La Habana se llenan de un color verde, ya que desde hace algunos años los devotos del Santo acuden vestidos de este color, tal vez con la esperanza de que él haga el milagro de lo imposible.

Llega noviembre y con él los festejos por los 493 años de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, ocurrida en 1519. Una tradición que comienza con la celebración de una misa en la Catedral habanera al Santo Patrón de la ciudad, conocida desde antaño como la “Misa del Mudo”, ya que sus participantes antes de penetrar al templo daban tres aldabonazos en sus puertas para saludar al Santo y ya dentro permanecían en silencio hasta terminada la celebración. Luego acompañaban en procesión la salida del Cabildo hacia el Templete, lugar donde se dice se ofició la primera misa. Allí sus participantes dan tres vueltas a la ceiba, piden un deseo y en ofrenda arrojan dinero al pie de su tronco. Esta tradición poco a poco ha ido relegando, por su sentido un poco más popular y quizás folclórico, la participación en la misa católica, momento verdaderamente especial para que los habitantes de la ciudad agradezcan los favores alcanzados. Este es el tiempo de Adviento, tiempo de preparación y de acopio para las fiestas navideñas, quiera Dios que el acopio sea de bienes espirituales más que materiales para que sea un camino de reflexión y espera del Enmanuel. En este mes se ha incorporado una tendencia extrapolada de contexto que cada vez toma más  los hombres, uno de los componentes de la tradición en términos de religiosidad popular. Dios en su inmensa misericordia descubre lo que hay en cada corazón que acude con respeto y esperanza. No juzguemos.

Y al fin, la Navidad, aunque en los calurosos meses de julio y agosto hemos disfrutado de Noche de Paz, Cascabel y Blanca Navidad al llamado del heladero que a falta de campana nos anticipa los villancicos.

Diciembre es un mes de derroche, de luces, y de árboles que se ponen sin saber el verdadero significado que encierran pero que están diciendo que es tiempo de unión, de visita y llamada a personas que hace mucho no vemos; de la preparación de la cena de Nochebuena siempre en torno a los mayores y en armonía, tradición que por suerte nunca desapareció y de la “misa de Gallo” a la que algunos acuden por devoción, otros por curiosidad para ver los nacimientos, otros como moda y a “la pasarela”. La Nochebuena siempre fue una fiesta familiar no así, el Año Nuevo. La familia se vuelve a reunir o el primer día o el primer domingo del año, algo bonito como pidiendo la unión y las bendiciones para el año que comienza.

Me resisto a sustituir a mis amigos Melchor, Gaspar y Baltasar por el gordito Papá Noel, a desplazar el 6 de enero por el 25. El día de Navidad debe tener todo honor y gloria para ese niño que nació en un pesebre y vino a traernos la salvación y no centrar la atención en un árbol lleno de juguetes y regalos para satisfacer nuestros deseos consumistas traído por Santa Claus en trineo, algo difícil de lograr en nuestras calles sin nieve y con baches.
Algunos dicen que eso de la fantasía de los Reyes Magos es perjudicial, como si nuestros niños no supieran que estos y Santa Claus son los padres, pero más perjudicial es la impotencia de un padre al estar frente a una vidriera con su hijo y no poder satisfacer su deseo. El cubano tiene gran imaginación e inventiva y sabrá como poder hacer realidad dentro de sus posibilidades ese pequeño sueño en tiempo de Navidad. Es bonito pensar que así como los Reyes Magos le llevaron al Niño Dios oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre, nos trae el regalo más grande: la Salvación y el amor que se hizo carne entre nosotros. Ese es el verdadero mensaje que debemos llevar a nuestros niños, jóvenes y adultos en Navidad.

De octubre a diciembre la tradición nos une, busquemos en nuestras raíces y trasmitamos a las nuevas generaciones tradiciones sanas para así asegurar la continuidad y conservar el patrimonio inmaterial familiar y local que refuerza la identidad de un pueblo rico en tradición y fe. Precisamente en cada una de estas festividades debemos vivir y celebrar con calidad de fe.

 

Volver a la Portada

 


DIRECTORA:
Sara Vázquez Matar. 

ASESORA ECLESIAL:

Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c.

DISEÑO Y EDICIÓN: Adrián Pérez

DISEÑO VERSIÓN DIGITAL
Raúl León Pérez

NOSOTRAS es la publicación, con una secuencia trimestral, del Movimiento de Mujeres Católicas de la Arquidiócesis de La Habana, Cuba.
Su objetivo principal es el de ser un medio de evangelización y promoción de la mujer en todos los ambientes en que ella se desenvuelve.
Este es el número 8, correspondiente al tercer trimestre de 2012, con una tirada de 1500 ejemplares. Se permite la reproducción, total o parcial de los trabajos, siempre que se indique la fuente

CORRECCIÓN: Caridad Zayas.

CONSEJO DE REDACCIÓN: Edelma Acosta y María del Carmen Vasconcelos.

DISTRIBUCIÓN: Magdalena Moreno.


REDACCIÓN: Casa Laical. Teniente Rey e/ Bernaza y Villegas. Habana Vieja. Teléfono: 863-1767.