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Signos de buena educación entre cubanos


Por: José Enrique Collazo


En estos tiempos se escribe, se dice, se comenta y molesta la falta de una buena educación social entre cubanos. Desde los niños hasta los adultos, en las escuelas y en muchos barrios, en las discotecas y lugares públicos las malas palabras, las expresiones sin valores morales y sociales son el duro pan de cada día, que no viene por la libreta, sino llega por la libre.

Una noche recordé otros tiempos. Me vinieron a la mente frases como: «pase señora, siéntese señora, permita que le ayude a llevar su carga». Recordaba que, cuando en el barrio pasaba una muchacha bonita le decíamos: linda, preciosa, belleza, elegante. Ellas, aunque seriecitas, mostraban su halago por las ‘buenas cosas’ que escuchaban. Alguien dirá: … ¡eran otros tiempos! Es cierto, pero la referencia a la mujer en todo tiempo tiene que tener dos fundamentos básicos: el bien decir y el respeto.

Hoy se trata por los medios de comunicación, la escuela, la literatura y las iglesias de levantar ‘ese buen decir del cubano que halague y respete a la vez’. En esta tarea todos tenemos un pedacito que aportar. Toda mujer merece un trato que estimule su ternura, su estima social, su calidad humana. En este empeño hay que recordar a no pocas féminas, tal vez agriadas por los malos tratos, a ‘darse su lugar’. Recuerdo una anécdota de cuando era joven: por esos tiempos, se dejó de brindar el asiento a las mujeres. Una compañera de trabajo de cierta edad y de una bondad exquisita me dijo: Hijo, la cortesía es tan bonita. Halaga a la mujer y enaltece al hombre. Y yo le hice caso a la buena Marina. Di el asiento o lo cedí a quince mujeres pero ninguna de ellas dio las gracias. Un buen día subió a la guagua una muchacha joven y bien vestida; yo le brindé el asiento y ella, con una sonrisa, me dio las gracias. Nos dirigimos unas palabras y yo cambié de lugar, para que no pensara otra cosa. Finalmente, cuando se fue a bajar, me buscó con la vista e hizo un gesto de fino agradecimiento.

Todos estamos llamados a ganar en sensibilidad en nuestros sentimientos y en nuestros patrones de sana conducta social. La población cubana que ha elevado su nivel de instrucción considerablemente debe tener en cuenta que buscar incesantemente una maestría o un doctorado es importante, pero el diploma de educado y decente se gana en el bregar de la vida diaria. Se comenta, con sano orgullo, el número de masters y doctores en ciencia de sus especialidades, pero además de ello, el pueblo que vive y convive merece el respeto, las buenas expresiones, el afecto sincero, la ayuda mutua. Es el pueblo quien otorga el título. Cuando una mujer dice: es un caballero, sin lugar a dudas, eleva la categoría del hombre aunque no el salario. Y no dudemos. El buen decir, el respeto a todos, el rescate del valor de la caballerosidad y la cortesía y el realce de los valores de la mujer, expresados siempre de la mejor manera, serán siempre las pautas que rigen la convivencia social.