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La Entrevista


Por: Caridad Zayas

Participar en la misión de servir a las personas y a la sociedad es tarea de todo laico. Esta son las razones que impulsan a Magdalena Moreno, guiada por el espíritu evangélico, a trabajar comunitariamente y en grupos específicos en la búsqueda de la dignidad de la persona y la práctica del amor y de la misericordia.

Los laicos desempeñan en la Iglesia un rol importante y en Cuba adquiere dimensiones superiores debido a la carencia de sacerdotes. ¿Cuándo comenzó tu colaboración y cómo devino compromiso?

Hoy comprendo muchas cosas que el Señor me trazó y que no comprendía. Vengo de una familia humilde y no católica. Por ello, a veces, me preguntaba la razón por la que no continué el camino de ellos en la línea sincrética y más tarde política, pues así no hubiese tenido tantas dificultades para realizarme dentro de lo que yo sentía. No tenía una idea clara con relación a lo que poco a poco me iba comprometiendo, pero eso es como un bichito que tienes dentro de ti y que te impulsa a seguir el camino, en muchos casos, lleno de piedrecitas incómodas.

A mi madre se le ocurrió, no sé cómo, inscribirme en una escuela que dirigía la congregación de Las Hijas de la Caridad; se encontraba situada en la calle Revillagigedo. Allí empecé en séptimo grado y continué en ella hasta que me gradué de contadora. Mi madre pensaba que estudiando en una escuela religiosa obtendría, finalmente, un buen aval y, además, porque generalmente eran más solicitadas las muchachas graduadas en escuelas religiosas. Ahora pienso que el Señor se vale de lo mas mínimo para lograr su plan y así pasó pues yo culminé mis estudios y comencé a trabajar el mismo año en que intervinieron las escuelas y, naturalmente, asistiendo a un colegio religioso adquirí el hábito de asistir a Misa de la parroquia Jesús María y José, en La Habana Vieja. Un domingo, a fínales de agosto de 1961, Miriam, una catequista de allí, me dijo que necesitaba mi ayuda en la catequesis. Comencé en septiembre. Me sentía feliz y realizada con esta labor tan bonita y llevar la Palabra no solo a los niños sino también a sus padres ya que teníamos por costumbre reunirnos con ellos tres veces: primeramente, a los dos o tres meses del comienzo del curso y con ello sabíamos cómo los niños comenzaban a incorporar el mensaje; la segunda reunión se realizaba con los papás de aquellos que recibirían los Sacramentos y finalmente, para involucrarlos en la celebración litúrgica y en la preparación de la fiesta.

Mi incorporación a la catequesis fue fundamental ya que se convirtió también en mi propia vida y me ayudó muchísimo a enfrentarme a los problemas que confrontaba tanto con mi familia como en el ámbito social. El Señor me daba valor y mucha fuerza para vencer, todos los sábados, las grandes dificultades existentes. En ese tiempo una canción me ayudaba muchísimo: “Pescador de Hombres”; ella me llenaba, me fortalecía. Comenzó entonces mi compromiso. Después, me inicie en Acción Católica, fui miembro de la JAC, Juventud Femenina de Acción y formaba parte de su Ejecutivo reducido; trabajé en Acción Católica hasta que esta desapareció. Luego de un tiempo, en la parroquia, conjuntamente con la catequesis, tuve a mi cargo un grupo de la tercera edad y con algunas de sus integrantes se creó un taller de costura donde ellas participaban activamente. Sumaba otra actividad que asumía muy feliz porque era necesaria y el compromiso con Dios y con la Iglesia fue mayor.

Formas parte del ejecutivo del Movimiento de Mujeres Católicas y lideras un proyecto que trabaja con mujeres con problemas sociales. ¿Cuáles son los objetivos de esta propuesta y cómo impactan sus acciones en el medio donde viven las integrantes del proyecto?

Estando el P. Lázaro Farfán como párroco en Jesús, María y José me solicitaron que creara el grupo de mujeres católicas para que formara parte del Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas. Así comenzó mi labor en el Movimiento. Y ello ha sido una escuela para el servicio; en él he crecido, he comprendido la dimensión de la mujer y cómo podemos llegar a otras para llevarles el mensaje tan hermoso de ser mujer y sobre todo la dignidad que ello lleva consigo, por ser hija de Dios. Estando en el ejecutivo reducido del Movimiento, como línea de acción, comencé a trabajar en un proyecto que atiende a mujeres con dificultades económicas y carencias espirituales; con problemas de abandono por parte de los esposos, madres solteras con niños pequeños, mujeres maltratadas física y mentalmente, ex presas, y otros casos sociales. El taller se denomina “La Esperanza”. Trabajando con ellas comprendí que lo primero que debíamos hacer es escucharlas; sin la escucha no llegamos a la persona y, especialmente ellas, son mujeres que necesitan ser escuchadas, que les urge poder decir lo que les ocurre. Nuestro interés se centra en su inserción a la sociedad con menos heridas y con un mayor conocimiento personal y humano de su persona, así como su inserción nuevamente a la sociedad. Vamos formándolas, le hablamos de valores para llevarlas a interiorizar que como mujer son promotoras de vida y no de muerte; de amar y no odiar; de crecer. Así han ido caminando. Muchas de ellas se encuentran insertadas en la sociedad trabajando, estudiando, incorporadas a las parroquias. Para mi ha sido una bendición del Señor trabajar con el Movimiento.

Formas parte de la comunidad de la parroquia San Judas y San Nicolás y en ella llevas a cabo diversas tareas, entre ellas, la atención a un grupo de la tercera edad. ¿Cuáles son las metas del grupo, qué acciones realizas con ellos y cómo viven la fe?

Con el grupo de la tercera edad de San Judas y San Nicolás trato que se sientan útil en esa etapa de la vida. Damos manualidades, aprenden, son creativas y mi objetivos es que ellas se sientan bien; nos reunimos todos los viernes de cada mes y el ultimo celebramos los cumpleaños del mes; se comparte lo que cada una pueda llevar. Además con ellas hacemos dinámicas de juegos, y proyectamos películas.

Mensaje a los lectores.


A los lectores les digo: La felicidad que puede recibir una persona es entregarse a los demás a través del servicio y con esta entrega estamos en el camino del Reino de Dios y aunque ello nos parezca difícil recordemos que para Dios no hay nada imposible, porque Cristo nos dice que no tengamos miedo pues él esta con nosotros.