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Honor a quién honor merece


Por: Ifigenia Herrera


Diciembre es un mes colmado de festividades y dentro de ellas quisiera referirme, especialmente, al 21 de diciembre, fecha en la que homenajeamos a los educadores de todo el país. La educación es uno de los factores que más influye en el avance y progreso de personas y sociedades. Además de proveer conocimientos, la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos. Por ello, la importancia del papel del maestro, de su rol inspirador, que debe intentar ayudar a los educandos a ser mejores, a estar preparados e ir desarrollando virtudes y corrigiendo errores, de forma tal que podamos ayudarnos y ayudemos a los demás.

La enseñanza es una labor ingente que, como expresara José Martí, requiere de mucho amor; y como toda misión de sentimiento demanda compromiso, entrega, responsabilidad y pasión. Como forma a los hombres para la vida en sociedad no solo debe ser vista como una formación en conocimientos, sino como una formación para la vida en relación con los demás. Todas estas razones me hacen recordar a María Luisa Dolz, infatigable pedagoga cubana del siglo XIX cuyas ideas y conceptos educativos modificaron los parámetros de la educación establecida en el país.

Esta destacada pedagoga nació en La Habana, el 4 de octubre de 1854. Fue la quinta hija del matrimonio integrado por Juan Norberto Dolz y María de la Luz Arango. Debido al estatus social de sus padres, recibió una esmerada educación que completó con el estudio del idioma inglés conjuntamente con el francés y el alemán. Desde su niñez se reveló su vocación magisterial puesto que en el hogar daba clases a sus hermanas y en el año 1872 comenzó a impartir lecciones en el colegio Nuestra Señora de la Piedad. Lo que al principio realizó como noble ocupación de las criollas de su clase, más adelante le sirvió para satisfacer sus necesidades intelectuales.

El 2 de agosto de 1876 se examinó de maestra de instrucción primaria elemental y quedó aprobada, expidiéndosele el titulo acreditativo el 18 de agosto del propio año. En enero de 1877 comenzó su período de examen para obtener el título de maestra de Instrucción primaria Superior y el 9 de febrero se le expidió este otro título. Al año siguiente, abandonó sus clases en colegio Nuestra Señora de la Piedad y se dedicó a prepararse para la obtención del grado de bachiller. En esa época no se concebía que una mujer aspirase a la realización de estudios superiores pero ella se dispuso a ganar esta batalla y romper barreras, así obtuvo su título de bachiller y seguidamente matriculó en la carrera de ciencias en la universidad de La Habana y obtuvo el grado de licenciada en ciencias y luego realizó el doctorado en la misma disciplina.

María Luisa Dolz se convirtió en la primera mujer cubana que obtuvo el título de bachiller con lo que rompió los patrones de exclusión en el acceso de la mujer a los estudios secundarios y universitarios. Su deseo de conocer y estar al día sobre los adelantos de la ciencia, la educación y la cultura la llevaron a visitar Estados Unidos y otros países de Europa. Sin duda, sus viajes le sirvieron de fuente nutriente y contribuyeron a la formación de su ideario pedagógico y ello abrió pautas para la educación de la mujer cubana.

El escenario de su quehacer docente fue el colegio denominado, en un primer momento, Isabel la Católica; a finales de siglo, el centro adoptó el nombre de su dueña: María luisa Dolz. Fue este el primer colegio de segunda enseñanza para mujeres instalado en el país y llegó a ser conocido en toda la isla por muchas razones, entre ellas: la preparación integral que se les ofrecía a sus alumnas, el reconocido claustro de profesores, entre los que se encontraban, entre otros, Enrique José Varona, Adriana Bellini, Carlos de la Torre, Rafael Montoro, Alfredo Miguel Aguayo; su plan innovador de estudios que contemplaba la enseñanza del español y del inglés, la inclusión de tres horas semanales de cultura física, dos horas semanales de solfeo y cinco horas de trabajo manual. Esta actividad comprendía bordado, costura, confección de flores, dibujo natural y pintura. Vale destacar que se le brindaba especial atención a esta labor ya que desarrollaba hábitos de laboriosidad, paciencia y amor al trabajo. También, como parte del plan de la escuela, se llevaban a cabo clases experimentales, conciertos, conferencias, fiestas literarias, lecturas, excursiones campestres, entre otras actividades. Todo ello sustentado en concepciones de avanzada mediante una educación participativa, donde la ética y la razón se hacían muy presentes. Resulta importante destacar que en este colegio no sólo se formaron bachilleres sino también fueron preparadas muchas aspirantes al magisterio que, posteriormente, se desempeñaron con éxito en las aulas y en la dirección de escuelas. El colegio concedía anualmente doce becas por ocho años a niñas huérfanas y sin recursos, sin diferencia alguna con el resto del alumnado.

María Luisa Dolz fue miembro de diferentes tribunales para las oposiciones a cátedras de las Escuelas Normales de Maestras, de la comisión para la elección de textos para las escuelas públicas, miembro corresponsal en Cuba de la Liga de Escuelas de Bruselas, socia de número de la Sociedad Geográfica de Cuba, socia de honor del Club femenino, vocal de la Sociedad Protectora de los Niños y del Asilo de Huérfanos de la Patria, de la Comisión de Damas de la Cruz Roja, entre otras. Realizó y publicó artículos en periódicos y revistas nacionales como El Fígaro, Patria, y el Diario de la Marina.

Dictó conferencias e hizo discursos relacionados con la educación física, intelectual y moral de los niños y de la mujer, la importancia del magisterio y expuso en diferentes espacios las experiencias educativas vistas en centros educacionales y eventos en diversos países y que lleva a vías de hecho en su colegio.

En 1923, se retiró de su trabajo pero dejó preparada la continuidad de su obra. Falleció el 27 de mayo de 1928. Su entierro reunió a muchísimas personas y en él se destacó, como es de suponer, la presencia femenina.

Referencias

M. Aguayo. Tres grandes educadores cubanos: Varona, Echemendía, María Luisa Dolz. La Habana, 1937.

Poncet, Carolina: Algunas ideas pedagógicas de María Luisa Dolz. En Revista Universidad de La Habana, julio-dic. 1954

Portuondo, Fernando: Para un capítulo de la historia de la cultura en Cuba: María Luisa Dolz y la educación de la mujer. Estudios de Historia de Cuba. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1973.

Sarabia, Nydia. Mujeres Ejemplares. Edit Orbe, La Habana, 1977