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Por: Mirtha Romero Menéndez

Estamos ya en las últimas semanas de este año 2015, que ya empezó a despedirse y lo está haciendo en un momento donde reina la esperanza. Con puertas abiertas nos abrimos al mundo y damos a conocer el quehacer y pensar en el día a día del pueblo cubano.

Mucho se ha hablado y se hablará de la visita reciente del papa Francisco, que para nuestra satisfacción es el primer papa de procedencia americana desde el remoto año de 741, y por consiguiente lo consideramos tan cercano que no nos sorprende algunos de sus postulados, por lo mucho que tienen que ver con nuestro sentir. De él son estas palabras:

“…defender al pobre y no defendernos del pobre, servir al débil y no servirnos del débil…”

Es un Papa de cambios, con una proyección más terrenal que se involucra en los grandes conflictos, las injusticias y las muchas diferencias y discriminaciones que tanto padece la humanidad. Nos ha dejado un clima de reflexión para pensar cómo hemos vivido y cómo podemos encausar por nuevos caminos nuestras vidas; sacar lo positivo y remediar lo negativo, aceptando lo que no podemos cambiar y que es parte de la vida misma.

Quiero comentar con ustedes algo curioso: yo tengo una amiga, que nos conocemos hace más de cincuenta años. Se llama Rebeca y tiene por costumbre, cuando sale al teléfono o nos vemos, a modo de saludo, decir: ¡Un abrazo!

La palabra abrazo por si sola expresa muchos mensajes. Abrazar es rodear con los brazos pero también con el corazón; es trasmitir de piel a piel todas las emociones; es una señal de fuertes sentimientos. También significa comprender, admitir, estrechar o enlazar con ternura.

La ternura es un estado emocional que nos acerca a lo mejor de nosotros mismos, nos hace sentir más humanos y en conexión con el lado amable de la vida, por lo que al abrazarnos con ternura estamos entregando la sonrisa del alma, el alimento del corazón y la savia de las relaciones personales. Es posible que alguna persona no crea en los abrazos, pero yo les aseguro que un abrazo de corazón, se convierte en un acto único. El sufrimiento y la infelicidad son momentos por los que todos pasamos, situaciones que nos ponen a prueba y muchas veces por más que razonemos o queramos enfrentarlo con valentía, seguimos sufriendo, y en ese momento ¡qué bien viene un fuerte abrazo!

Quizás -ahora mismo- estemos preocupados, adoloridos, sin concentración y nos sintamos incapaces de seguir adelante. Entonces, es el momento de refugiarnos en la ternura. Abraza y déjate abrazar. En el instante mismo en que dejas que los demás te ayuden, algo se alivia, un resorte se abre y parte de esa angustia encuentra un camino de salida.

Fueron muy educativas la palabras del cardenal Jaime Ortega Alamino, pronunciadas pocos días antes de la visita del papa Francisco: “…tenemos que saber perdonar, de cómo el amor siempre tiene que estar entre nosotros… si todos nos unimos, la humanidad tendrá mayor fuerza… podemos reflexionar sobre ciertos sentimientos como el odio y el rencor que todavía no se han estudiado con profundidad…”

Entonces una mirada, una llamada, una sonrisa, una palabra amable, una pequeña nota, una visita pueden expresar el milagro del amor. Hay mil maneras de regalar afecto… Empecemos ahora mismo.

Deseo concluir con las palabras del escritor Pablo Cohello, que expresan la necesidad de la unión entre los hombres y las mujeres del mundo entero:

“Todos somos ángeles de una sola ala, la única forma de volar es abrazarnos unos a los otros.”