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Clara de Asís


Por: Jesús Bayo Mayor, fms.


Clara nació en Asís, Italia, en el año 1193. Provenía de una familia noble y aristocrática. Fue educada de manera esmerada para que su matrimonio fuese conforme a las expectativas de su linaje caballeresco. Adquirió una elevada cultura, en relación a las mujeres de su época; podía leer y escribir en latín, cosa poco común para una dama de su tiempo. Desde niña se destacó por la práctica de la oración, la misericordia y las buenas obras. A los dieciséis años se encuentra con Francisco1 (1182-1226) quien influirá de forma decisiva en su vida y en su vocación. Después de escuchar un sermón a san Francisco, cuando ella tenía 18 años, decidió prescindir de las riquezas y bienes materiales.

En el año 1212, cuando contaba diecinueve años, dejó su casa y se consagró a Dios, a pesar de la oposición de sus parientes. En la noche del domingo de Ramos de ese mismo año, salió en secreto de la casa paterna y acompañada por una sirvienta fue a la Porciúncula2, donde vivía Francisco pobremente. Ante la comunidad de los frailes, que la recibieron cantando y con lámparas encendidas, ella prometió vivir en pobreza y dedicarse a la oración. Como signo de consagración a Dios, Francisco le cortó su larga y hermosa cabellera, le colocó un sencillo velo sobre la cabeza y la envió a un monasterio para que llevase vida penitente y se preparase para su futura misión.

Con el fin de evadir los intentos disuasivos de su familia, cambió tres veces de monasterio hasta establecerse de modo definitivo como abadesa y fundadora de las Damas Pobres en San Damián en el año 1215, allí vivió su ideal de pobreza, oración, amor y santidad. Atrajo hasta el monasterio a su hermana, a su madre y a muchas jóvenes que se identificaron con su ideal evangélico y su regla de vida.

Murió el 10 de agosto de 1253. Su regla monástica3, aunque inspirada en la de san Francisco, fue la primera Regla escrita por una mujer y aprobada por la Iglesia. Su Testamento espiritual es de gran espiritualidad y belleza. A continuación, transcribimos algunos párrafos.

Por voluntad del Señor y de nuestro beatísimo padre Francisco, fuimos a la iglesia de San Damián para permanecer allí. Antes habíamos permanecido en otro lugar, aunque fue por poco tiempo. El Señor, por su gracia y misericordia, nos ha multiplicado en breve tiempo, para que se cumpliera lo que él había dicho por medio de su santo.

Enseguida, san Francisco escribió para nosotras la regla de vida, y en primer lugar, que nos mantengamos siempre en la santa pobreza. No solo nos exhortó durante su vida con muchos discursos y ejemplos para que amemos y observemos la santísima pobreza, sino que lo consignó con muchos escritos, para que después de su muerte, nunca nos alejemos de ella, del mismo modo que el Hijo de Dios, mientras vivió en el mundo, nunca quiso alejarse de la santa pobreza. Y nuestro beatísimo padre Francisco, siguiendo sus huellas no se alejó nunca, ni con el ejemplo ni con la doctrina, sino que vivió de la pobreza de Jesús, que eligió para sí y para sus hermanos.

Por eso, de rodillas, postrada de alma y cuerpo, confío a la santa madre Iglesia romana, al sumo pontífice, y particularmente al señor cardenal, que fue asignado como protector a la orden de los Hermanos Menores y a nosotras, a todas mis hermanas actuales y futuras, que, por amor de aquel Señor, que pobre fue puesto en el pesebre, pobre vivió en el mundo y desnudo permaneció sobre el patíbulo, hagan practicar siempre a su pequeño rebaño, que Dios Padre engendró en su santa Iglesia con las palabras y con el ejemplo del beato padre Francisco en el seguimiento de la pobreza y humildad de su amado Hijo y de su madre la gloriosa Virgen María, la santa pobreza que hemos prometido a Dios y a nuestro beatísimo padre Francisco.

Hermanas mías, amándose ustedes y compartiendo el amor de Cristo, muestren hacia fuera con las obras el amor que mantienen dentro, para que, estimuladas con este ejemplo, las hermanas crezcan siempre en el amor de Dios y en la caridad compartida.

(Testamento espiritual, nn. 9, 10, 13, 18).

1. Francisco de Asís (1182-1226), santo fundador de los Hermanos Menores e inspirador de la familia franciscana Se destacó por su amor a Jesucristo y a los pobres. Se comprometió a vivir el evangelio, a ser instrumento de paz y a servir, como hermano universal, a cuantas criaturas encontrase.

2. La Porciúncula (pequeña parcela) era un terreno, a unos cuatro kilómetros de Asís, a donde existía una ermita dedicada a María donde se retiró San Francisco para orar. Allí se lo juntaron los primeros compañeros franciscanos, y allí recibió también a Santa Clara. En la actualidad, se levanta en aquel lugar el santuario de Santa María de los Ángeles, y recuerdo el inicio de la Orden Franciscana y de la muerte de San Francisco.

3. Reglas monásticas son las seguidas por los monjes y monjas que ordenaban o regulaban su vida en común. Las más importantes son las de san Pacomio, san Basilio, san Agustín y san Benito. Estas reglas fueron adaptadas también para las monjas. Santa Clara, aun siguiendo la inspiración de san Francisco, escribió una Regla monástica propia para sus monjas, la que fue aprobada por la Santa Sede.