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La mujer cubana piedra angular de una sociedad virtuosa


Por: José Enrique Collazo

La mujer cubana ha sido siempre la piedra angular de la nación, independientemente de que los protagonismos se los lleven los hombres. Hay dos elementos que conforman nuestra nacionalidad: la influencia de la religión católica y el pensamiento de los padres fundadores del siglo XIX. Mujeres famosas han sido Mariana Grajales, María Cabrales, Ana Betancourt, Amalia Simone, la esposa de Ignacio Agramonte, la madre de Calixto García y otras muchas. Todas ellas relacionadas con las Guerras por nuestra Independencia. Hay que suponer cuántas madres y esposas prepararon a los suyos para que asumieran un puesto en el campo de batalla y lucharan por su país.

Al mismo tiempo, hay que reconocer a las ‘heroínas anónimas’ que en el silencio de sus hogares prepararon a sus hijos para abrazar la fe cristiana, a la devoción a la Virgen de la Caridad. La religión y el patriotismo eran las dos asignaturas que junto a aprender a leer fueron las tareas de las madres de los ‘criollos’. Así se fue forjando la nacionalidad, de este modo los que nacían iban recibiendo ese alimento sustancioso que nutre la inteligencia, los sentimientos y la conducta. Les presento estos ejemplos pues hoy se precisa “refundar” parte de nuestra República y es conveniente que aprendamos de la historia de ese siglo «el qué y el cómo del quehacer educativo».

Les comunico un criterio que le escuché a un eminente psiquiatra, él dijo «hay tres frentes en la vida: el social (escuela, macro sociedad), el familiar y el interno (personal)». Todos debemos prestar atención a esta clasificación pues nos puede ayudar en todo sentido. Lo aplicaré a la tarea educativa y formadora de los padres, en especial, a la mujer como madre y esposa. Les recuerdo un refrán: la educación comienza en la cuna. Desde ya, al niño hay que enseñarle el abc: alimentarse, hacer pipi y caca a su hora, bañarse, captar las orientaciones. Junto a ello está orar junto al bebé, cantar cantos religiosos, entonar el himno nacional… dialogando con el crío, aunque no responda, él va cargando su subconsciente (su disco duro). Estamos en el nivel familiar donde el grado de cariño, buen trato, respeto va ‘marcando el paso’ así cuando pueda hablar estará mejor preparado.

Dando un salto, entramos en la edad escolar donde compartimos el rol de instruir y educar con los maestros y con los niños que le acompañan. Tengamos presente el pensamiento de don José de la Luz y Caballero: instruir puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo. Destaco un principio básico que se deduce de la máxima de Luz… la coherencia entre lo que se enseña y lo que vive. Esta es condición esencial desde esas edades para la vida de ellos y para nosotros. La escuela ‘instruye’ en las asignaturas correspondientes a cada grado y trata de educar en la medida de lo posible, en especial, las maestras deben estar conscientes de testimoniar buenos principios, cualidades, costumbres. Un aspecto importante es educar en el amor a la Patria con sus valores identitarios para que el educando se sienta ‘criollo’ como los primeros en llamarse así.

El medio social tiene roles importantes en difundir los valores patrios, los valores morales, las actitudes personales y sociales adecuadas, así como dejar abierto el estudio de la religión. Recuerdo las palabras del Santo Padre Juan Pablo II en su visita a la Universidad de La Habana…

“Cultura cubana y fe cristiana no brotaron ni se manifestaron en sus orígenes y posterior desarrollo como dos realidades distintas o antagónicas, sino bien articuladas entre sí”.

Según conozco de la historia remota (siglo XIX) y de principios del siglo XX esta co-relación fue la base de nuestro modo de educar e influir en el hogar y en la macro sociedad. Este párrafo es para reflexionar, profundizar, anotar lo que más nos ayude para ejercer integralmente el apoyo al proceso de crecimiento personal de cada educando y a la visión de nuestras ideas a toda la sociedad, después cada cual podrá hacer su elección. Hay que enseñar muy bien con una pedagogía sencilla, moderna y eficaz estos dos pilares: el patriotismo como idea y sentimiento de arraigo y la fe cristiana proclamada por Jesús para que todo ser humano pueda ‘construir’ su vida. Hacer énfasis en la moral como una directriz para la conducta humana, para ello desde los siete años se puede ayudar a la formación de esta conciencia de saber distinguir entre el bien y el mal.

Les presento algunos principios de nuestro Padre Varela. El primero en cuanto a la educación de la mujer…

“El objetivo de esta educación es preparar a la mujer para la vida y para educar a sus hijos en el hogar, propósito que la honra”. El segundo principio rector: “Diles que ellos son la dulce esperanza de la patria y que no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad”. El tercero define muy bien el valor que se quiere enfatizar en nuestra sociedad… “Al amor que tiene todo hombre al país en que ha nacido y al interés que toma en su prosperidad le llamamos patriotismo”.

Como pueden apreciar en esta reflexión, Félix Varela y José de la Luz y Caballero, los grandes maestros de la nacionalidad, nos orientan «cómo enseñar para que los nacidos en esta tierra sean mejores ciudadanos, buenos cristianos y potencien las buenas virtudes de nuestro pueblo, contribuyendo a erradicar todo mal que nos aqueja. La mujer ‘principalmente’ tiene el cincel y el martillo para modelar su escultura».

La tarea es un gran reto para toda mujer en este momento de la historia de la nación.