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UNA MUJER DE FE


Por: Migdalia Dopico Paz

A la memoria de Lourdes Morales Arce

La redacción de la revista me ha pedido escribir sobre Lourdes Morales y resulta difícil resumir toda una vida en unas pocas líneas. Lourdes ha dejado este mundo y ha ido al encuentro del Señor el pasado 31 de julio, después de luchar por años con una enfermedad; no obstante, hasta el último momento dio muestras de su fe en Cristo.

Conocí a Lourdes desde que tengo uso de razón; éramos de la misma comunidad cristiana. Ella junto a su esposo, mis padres y un grupo reducido de personas eran los fieles de la entonces Capilla de San José, hoy Parroquia, en la barriada de Ayestarán en el Cerro, y cimentaron la fe que nos legaron a las generaciones más jóvenes. Fue siempre una católica práctica, comprometida con la Iglesia y dio testimonio de su fe, aun en las más difíciles pruebas que tuvo que enfrentar en su vida. Nada hizo que su fe y compromiso cristiano disminuyeran, al contrario, su vida fue coherente con lo que profesaba, tanto en el ámbito personal, donde fundó una familia junto a su esposo José Enrique Collazo Carmona y fue ejemplar esposa, madre y abuela. También como trabajadora en la Biblioteca Nacional y, ya jubilada, cuando comenzó a prestar sus servicios en Cáritas Cuba, con una entrega incansable como Coordinadora del Programa de Infancia y, en los últimos años, en la biblioteca de dicha institución, hasta que su enfermedad ya no se lo permitió.

En la Comunidad de San José también trabajó fuerte por el Reino: fue catequista, miembro del equipo de Cáritas, responsable de la Pastoral Familiar y del Movimiento de Mujeres Católicas. Pero más que tareas, servicios o responsabilidades, lo que distinguió a esta mujer es haber sido siempre una cristiana fiel y comportarse como tal en todas las esferas de su vida personal, laboral, comunitaria y en el barrio, incluso en momentos difíciles de nuestra historia, donde mantener las convicciones exigía un alto precio.

Sus hermanos de la Capilla, los que viven en Cuba o fuera de ella, la recordaremos siempre como uno de los pilares de esa comunidad. También los que compartieron y trabajaron con ella desde Cáritas, en todas las Diócesis a favor de los niños y las personas con discapacidad, guardan un hermoso y agradecido recuerdo.

Hoy, que ya no está entre nosotros, tengo la certeza de que en el cielo tenemos una gran intercesora por nosotros, nuestra vida familiar y por toda la obra de la Iglesia cubana a quien amó y sirvió.

¡Descansa en paz querida hermana!

Migdalia Dopico Paz
Directora de Cáritas Habana