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Huracanes

Por: Mons. Willy Pino

Cuentan que, después de la penetración del mar provocada por el ciclón del 9 de noviembre de 1932 en Santa Cruz del Sur (Camagüey) y que causara la muerte de más de tres mil personas, algunos sobrevivientes dejaron de ir a sus iglesias. Estaban molestos con Dios y se preguntaban por qué Dios les había hecho eso. En ellos pensaba al escribir. El paso de un huracán nos invita a evaluar, aprender y reflexionar para que no nos equivoquemos nuevamente y le echemos la culpa a Dios de lo que son errores nuestros... ¡No le echemos la culpa a Dios de los daños que hacen los huracanes! ya que:

Nosotros sabemos que la temporada de los ciclones en Cuba comienza el primero de junio y termina el 30 de noviembre, por lo que tenemos seis meses para prepararnos a recibirlos. Sin embargo, podamos las matas tres días antes del ciclón o el mismo día, pudiéndolo hacer antes del primero de junio, con suficiente antelación y retirando a tiempo los troncos y ramas de las calles…

Durante todo el año, seguimos dañando la naturaleza: arrojamos basura a las calles (la simple caja vacía de cigarros y fósforos, la lata de refresco que nos tomamos, una sencilla envoltura de papel) y se tupen los tragantes. Igualmente violamos las normas constructivas y no usamos el cemento del tipo indicado (P-350) para columnas y placas, o no ponemos las cabillas necesarias y con el diámetro correcto, y hasta usamos la salada arena de mar que atacará el acero de las cabillas…

Lamentablemente, en ocasiones anteriores, hemos vuelto a poner sobre nuestras cabezas techos ligeros, lo cual sería “comida para el próximo huracán”. ¡Qué bueno poder construir casas que resistan a los ciclones o que cada casa reconstruida tuviese, al menos, una habitación con techo de placa que sirva de refugio cuando llegue otro huracán!

Nosotros hemos construido nuestras viviendas no en lugares seguros sino a la orilla de los ríos, o junto a una presa o a un gran árbol, o junto al mar o porque también sembramos árboles junto a los postes de la electricidad que crecerán más altos que estos, o colocamos los mencionados postes al lado de árboles grandes como las palmas y cocoteros y cuando llega el huracán, derribará esos árboles sobre el tendido eléctrico que hará caer a los postes que los sostenían.

Puede también que nos hayamos confiado demasiado y creamos que todos los cubanos estamos enterados de que el huracán va a pasar y que cada uno sabe que debe evacuarse o no quisimos evacuarnos porque asegurábamos que nuestra casa iba a resistir.

Pensamos que poniendo una precinta sobre los cristales de ventanas o vidrieras, ya estos no se romperán porque resistirán la furia de los vientos.

Puede que, pasado el huracán, volvimos a colocar los tanques para el agua (de fibrocemento o de plástico) encima de los techos sin ninguna protección, y ya podremos imaginarnos lo que pasará nuevamente cuando llegue el próximo huracán. De la misma manera, volvimos a reconstruir la carretera destruida por la penetración del mar en el mismo lugar donde estaba, y allí quedó esperando nuevamente al siguiente huracán.

Quizás, construimos presas cuyo dique, si se rompiera, inundaría peligrosamente un poblado, también se nos podría señalar que hemos levantado pueblos en lugares bajos, entre el mar y las montañas, o en lechos de ríos, por lo que sus habitantes están sometidos, a cada rato, a peligrosas inundaciones. ¡Qué bueno sería dragar sistemáticamente los ríos que atraviesan nuestros pueblos, y así impedir que penetren en nuestras casas!

En resumen, ¡cuidemos este planeta Tierra, que es nuestra casa común! Probablemente, por no cuidar el medio ambiente, ha llegado el cambio climático en el mundo y han aumentado los ciclones de gran intensidad… Aprendamos la enseñanza que nos dan dos conocidos refranes: “Guerra avisada no mata soldado y si lo mata es por descuidado” y aquel otro que dice: “A Dios rogando, y con el mazo dando”.

Mons. Willy Pino, Obispo de la Diócesis Guantánamo-Baracoa.

Tomado de: Nosotros Hoy, Segmento noticioso del Sitio WEB de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.