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La voz del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana

Entrevista al P. Luciano Borg O.S.A.

Por Rogelio Dean Puerta

En esta edición, Cenáculo ha querido presentar a un sacerdote religioso agustino que honra con su presencia el claustro de profesores de nuestro Seminario. Orgullosamente maltés, el P. Luciano Borg es un hombre pequeño de estatura, pero amplio en conocimientos filosóficos y teológicos, los cuales pone humildemente de base para “hacer vida lo académico”, para entablar diálogos abiertos desde la diversidad cultural y la variedad de opiniones. Apasionado en sus clases y muy exigente en su preparación, su persona no solo deja ver al intelectual, sino principalmente al consagrado, al misionero desapegado de todo lo superfluo. Así, ha venido él a nuestra tierra para darlo todo, con espíritu ágil y cierta dosis de humor que lo hacen cercano a nosotros.

Cenáculo: Padre, cuéntenos de su recorrido vocacional y ordenación sacerdotal.

P. Luciano: Nací en la isla de Malta el 26 de agosto de 1943. En 1960, con solo 16 años entré en la Orden de San Agustín. Realicé los primeros estudios en mi país. En 1963 fui enviado a nuestro Colegio Internacional Santa Mónica, en Roma, para estudiar la teología. Hice los votos perpetuos en la orden el 27 de diciembre de 1966 y, con dispensa de edad de la Santa Sede, recibí la ordenación sacerdotal el 26 de diciembre de 1967 en la Catedral de Medina, Malta, con la temprana edad de 23 años.

Cenáculo: Háblenos de su recorrido académico.

P. Luciano: Al estar afiliado nuestro colegio de Santa Mónica en Roma, a la Pontificia Universidad Lateranense, no solo terminé allí el bachillerato en Teología, sino que también en 1967 terminé la licenciatura con la tesis «La presencia agustiniana en África del norte en 1643». Sin perder mucho tiempo, me enviaron a realizar el doctorado en Filosofía a la prestigiosa Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica (fundada en 1425). Allí tuve la oportunidad de conocer y recibir lecciones de personalidades académicas como Emmanuel Lévinas, Paul Ricoeur, Jacques-Marie Émile Lacan, entre otros. En 1974 defendí la tesis doctoral: «El marxismo, el comunismo en la filosofía de Maurice Merleau-Ponty». Luego, la investigación sobre este filósofo fenomenólogo francés, compañero de Jean- Paul Sartre, fue publicada (una parte) por la Universidad. En 1972 llego a Argelia. De 1975 a 1977 estudié árabe clásico y moderno en el Instituto Lingüístico de las Hermanas Libaneses del Sagrado Corazón. Estudié también, en un Centro Diocesano de Pastoral, árabe coránico e islamología. En Túnez pasé cursos de perfeccionamiento del árabe literario moderno. En el Pontificio Instituto Árabe - Islámico de Roma continúe con la islamología. Cerré esta temporada cuando me examiné en la Universidad La Sorbona de París para obtener el título de Árabe e instituciones y costumbres del mundo musulmán. 

Cenáculo: Dice usted que se considera más filósofo que teólogo. ¿Cuál pudiera decir que es su especialidad dentro de la filosofía?

P. Luciano: La fenomenología hermenéutica y la filosofía sociopolítica. 

Cenáculo: ¿Cuál es su filósofo y su teólogo favorito?

P. Luciano: Dos filósofos: Paul Ricoeur y Gabriel Marcel. Teólogo: Yves Congar.

Cenáculo: ¿Cuáles son las asignaturas que más ha impartido en su quehacer docente?

P. Luciano: Antes de llegar a Cuba: Filosofía agustiniana, Fenomenología, Hermenéutica y Filosofía social y política. En Cuba se me ha pedido Patrología, Historia de la Iglesia, Historia de la teología, Historia de la filosofía y alguna que otra asignatura de Biblia y Dogmática.

Cenáculo: Usted tiene un amplio dominio de la obra de san Agustín. ¿Cuál de ellas considera que no debe dejar de leer un seminarista?

P. Luciano: Confesiones, definitivamente. Es una obra modelo del camino de un hombre hacia la madurez humana y espiritual.

Cenáculo: ¿Cuántos países ha visitado?

P. Luciano: En Europa, seis: Italia, Bélgica, Austria, Alemania, Francia, Suiza. En América, cinco: Estados Unidos, Canadá, Argentina, Colombia y Cuba. En África, nueve: Argelia, Túnez, Senegal, Benin, Marruecos, Nigeria, Togo, Tanzania y Sudáfrica. En total: veinte países de tres continentes.

Cenáculo: ¿Cuantos idiomas ha estudiado?

P. Luciano: Las lenguas clásicas: latín, griego y hebreo. De las modernas: maltés (mi lengua materna), francés, árabe, inglés, italiano, alemán, neerlandés y, ahora, español.  

Cenáculo: ¿Pudiera compartirnos algunos momentos especiales de su vida sacerdotal?

P. Luciano: De 1962 a 1965 tuvo lugar en Roma el magno evento que renovó a la Iglesia: el Concilio Vaticano II. Por ese tiempo yo estudiaba allí. Desde finales del siglo XIII la sacristía pontificia está a cargo de los frailes de la orden agustiniana y eso tiene sus ventajas; por ello, pude asistir a la tercera y cuarta sesiones del Concilio. En dos ocasiones serví en la misa con el papa Pablo VI. En nuestra curia general funcionó el Centro de comunicación del Concilio, el cual preparaba conferencias con los grandes teólogos participantes. Esta fue mi oportunidad para conocer de cerca y escuchar a los dominicos Yves Marie-Joseph Congar, Marie-Dominique Chenu y  Schillebeeckx; además, a los jesuitas Henri de Lubac y Karl Rahner. Otro tiempo importante en mi vida por su duración (treinta años) y fecundidad fue mi estancia en Argelia. Allí fui rector de la Basílica Menor de San Agustín, en Hipona (hoy Annaba). Tuve el honor de conocer a los hermanos de la Órden del Císter que murieron mártires, en manos de fundamentalistas islámicos, y dieron testimonios impresionantes. También el diálogo y la interacción con el mundo árabe y musulmán me resultó una experiencia muy importante. En 1986 recuerdo otro acontecimiento importante: la Santa Sede me envió a Casablanca, Marruecos, como representante al Congreso de Religiones y Medio Ambiente, organizado por el Instituto Ecológico de Suiza y el rey Hasán II de Marruecos. Allí presenté el tema «Metafísica del pecado original en san Agustín. Desestructuración de las relaciones existenciales del hombre».

Cenáculo: ¿Responsabilidades en su orden?

P. Luciano: He sido en varias ocasiones formador de los jóvenes de la orden en África. Del 2002 al 2010 fui provincial de la orden en Malta y presidente de la Federación Agustiniana de África. También fui Secretario General de la Comisión Internacional para la Justicia.

Cenáculo: ¿Y su trayectoria como profesor?

P. Luciano: Fui profesor en el Instituto para la Formación Religiosa en Malta. En Argelia impartí cursos, casi siempre sobre la temática agustiniana, en los Centros Diocesanos de Formación. Fundé una escuela para periodistas argelinos musulmanes. Conferencias sí he dictado en muchos lugares.

Cenáculo: Usted llegó a Cuba el 29 de julio de 2010, directamente a la arquidiócesis de La Habana. ¿Cuál ha sido su labor?

P. Luciano: Profesor, principalmente. Aun hoy imparto clases en el Seminario, en su nueva y antigua sede, que devino Instituto Superior de Ciencias Religiosas P. Félix Varela Morales. También he colaborado pastoralmente, junto a mis hermanos de orden, primero en Tarará –Habana del Este-, y,  ahora, en la parroquia Santo Cristo del Buen Viaje, en plena Habana Vieja.

Cenáculo: ¿Qué le gusta de los cubanos? ¿Qué le ha llamado la atención de nosotros?

P. Luciano: En el próximo verano cumpliré cuatro años en Cuba. He podido apreciar aquí la serenidad natural que les permite conservar cierta suavidad frente a lo que sucede. Estoy impresionado por la historia cubana reciente y admiro mucho el ánimo propio de ustedes.

Cenáculo: Padre, muchas gracias por su tiempo y por su servicio a nuestro Seminario y a la Iglesia cubana. Oramos por su ministerio.



  


Revista Cenáculo - Publicación seriada del Seminario San Carlos y San Ambrosio de la Habana

Arquidiócesis de san Cristóbal de La Habana

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