Inicio
Plantilla B
Productos
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B
Plantilla B

La voz del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana

La profe Carmela: ¿ficción o realidad?

Por Jorge Andrés Rubido Rosas III de Teología (Matanzas)

La película Conducta, última entrega del joven director Ernesto Daranas, ha sido popularmente acogida y aplaudida en no pocos cines del país. Estremeció, de manera particular, el personaje de la maestra Carmela, papel que asumió la excepcional actriz Alina Rodríguez. Por este motivo, Cenáculo, al saber que el personaje tenía un correlato en la realidad, salió en su búsqueda y se encontró con Carmela Martínez Hechavarría. Carmela es una maestra de 65 años que, actualmente, a pesar de haberse jubilado hace siete, ejerce el magisterio en la escuela Ángela Landa en la Habana Vieja. Fue profesora de uno de los hijos del director del filme. En ella se inspiró Daranas, para el personaje de «la profe Carmela». Asomémonos a la vida de esta singular mujer.

¿Cómo es un día en la vida de Carmela Martínez Hechavarría?

¿Un día en mi vida? Me levanto muy temprano, no porque me guste, sino porque soy lenta, aunque lo dejo todo preparado la noche anterior. Para mí, lo más importante es mi trabajo. Me acuesto y me levanto en función de él, amén de que hago otras cosas, visito amigos, voy al teatro. Pero esto solo ocurre el fin de semana o en vacaciones. Realmente lo que predomina en mi vida es mi trabajo. El compromiso pedagógico es muy fuerte. Sobre todo cuando lo amas y buscas realizarlo lo mejor que puedes. Perfecto nunca va a estar, porque cuando crees que está bien, encuentras que debes perfilarlo. Se trabaja todo el tiempo.

En las mañanas llego a la escuela. Siempre aparecen nuevos retos. Muchas veces vengo con un proyecto entre manos y las circunstancias me hacen cambiarlo. Pero aun así, uno tiene que venir con lo suyo preparado. El trabajo en la escuela es constante, no me da tiempo a pensar en mí. En las clases me gusta que participen para que así se apropien mejor de los conocimientos. Los martes en la tarde realizamos el Cojín Literario, esta es la actividad que aparece en la película.

Y así hasta que llega la hora de dejar la escuela y regresar caminando a casa. Me gusta caminar. Por el camino voy viendo lo que necesito. Ando siempre con mi libreta de abastecimiento. Si necesito vianda, verduras u otras cosas las compro por el camino. Subo hasta Monte para comprar el pan y después ya llego a la casa. Suelto todo y comienza la segunda tarea, la del hogar. Después de la comida me siento a preparar las clases o a revisar controles que solo interrumpo para ver el Noticiero y la novela. Y después preparo lo necesario para el día siguiente. A veces salgo o recibo visitas o comparto con mis vecinos. En casa no hay un reglamento fijo.

¿Qué me puede decir de sus alumnos?

Tal y como dice Pablo Neruda: los mejores profesores son los niños. En el aula los niños me ayudan mucho porque son muy creativos y observadores. Contando mis 46 años en la docencia, cada día me convenzo más que de los niños se aprende muchísimo. Ellos son los que te cambian el día, te cambian la vida, te la hacen más amena en todos los sentidos, aunque haya momentos duros, porque al menos los problemas personales, a esa hora, aunque  no quieras, se te olvidan. Siempre aparece alguno con una frase de cariño, otro que viene y te hace un cuento o te pregunta.

¿Cuáles han sido sus mayores alegrías como maestra y cuál su mayor reto?

He tenido muchas alegrías. ¡Y las sigo teniendo! En primer lugar cuando veo a uno de mis alumnos ya crecido, y me presenta a su familia y me comenta los planes que tiene, lo que está haciendo. Esa es mi mayor alegría que, por cierto, no se da en un día. En un día hay pinceladas, como hoy que tuve alumnos ganadores en un evento, pero eso son pinceladas. La alegría plena es cuando ves el fruto de tu trabajo y no solo tuyo sino de todos los profesores que ayudaron a crecer a esa persona. Y el mayor reto… no sé qué te diga. Por ejemplo cuando llega el momento de la despedida después de dos años caminando juntos. Es un reto porque, ciertamente, los quieres. Los tienes que querer, por todo lo que llegas a experimentar con ellos. Yo siempre me despido el último viernes antes de los exámenes. Nos sentamos, conversamos y evaluamos el curso, les pregunto qué creen que yo debo cambiar y doy mi opinión después que ellos dicen la suya. Nosotros, los maestros, tenemos muchos desafíos porque cada curso viene con sus particularidades, ningún grupo es igual. Lo primero que les enseño a los míos es que todos tenemos un mismo valor aunque ellos estén en un pupitre y yo en un buró, y que todos podemos, incluso, equivocarnos. Por eso yo les permito que me critiquen y valoren la clase. Porque siempre hay un riesgo a creernos dueños de la verdad absoluta. Un elemento que he tenido que trabajar en muchos grupos, ha sido la autosuficiencia. Esto es fortísimo.

¿Se pudiera describir la tarea del educador con la imagen del alfarero que va amasando el barro hasta darle forma?

En parte, porque el maestro trabaja diferentes etapas, entonces la obra la ves a través de otros. No es como el alfarero que toma la materia prima y tú estás ahí trabajando, esforzándote hasta lograr lo que quieres. No puedo compararme con un alfarero. Porque yo quisiera que todos fueran alegres y fecundos, de 95 puntos para arriba, que ganaran en los concursos y sé que no es posible. Y como trabajo en la educación primaria, la obra no la termino. Ahora, sí tengo que estar consciente de que la palabra primaria significa «primero» y que si yo no asiento estas bases, al menos en lo esencial de cada objetivo del programa, entonces no puse mi piedra.¡ No la puse!

La Carmela de la película es presentada como una mujer creyente católica. ¿Este rasgo es un artificio del director del filme o guarda relación con la Carmela real?

Primero, la película como arte tiene que tener ficción. El director, como cualquier artista, recrea, según sus valores, la realidad. Creo que todos creemos en algo. Nadie puede decir que no cree en nada. La película, sin dudas, toca el tema religioso. Ahora te hablaré de la Carmela real. Me gusta la Iglesia, no te lo niego. Hice la Primera Comunión e iba los sábados al Catecismo, los domingos iba a Misa. Esa era la costumbre del cubano. Hubo un tiempo que me alejé, como adolescente al fin, lo dejé todo, pero después me di cuenta de que no lo había dejado nada. Está presente, incluso, en mi lenguaje, porque son raíces que uno tiene. Pero, tengo mis días fijos de ir a Misa. Por ejemplo, todos los 28 trato de ir a san Judas Tadeo. Tengo siempre una estampa de él y otra de la Virgen de la Caridad. Tengo rosarios y el librito para rezarlo, pero no tengo el tiempo para hacerlo. Tengo dos ahijados, los bauticé en la Iglesia de san Francisco en días muy señalados: uno, un 4 de octubre y otro, un 6 de enero.

Te decía que en la Iglesia de san Francisco porque hubo un tiempo en que pertenecí a esa comunidad. Por la Iglesia hicimos una vez una campaña para recaudar libros y otros bienes y fuimos en las vacaciones al Cobre en Santiago de Cuba. Estuvimos en el Santuario de la Virgen. Fuimos, sobre todo, para ayudar a los habitantes de un pequeño asentamiento poblacional llamado El Ermitaño. Llevamos hasta latas de lechada para pintar la escuela, una bandera nueva, libros para la biblioteca, entre otras cosas. Ellos tienen allí un lugarcito que es para la Misa. Nos quedamos en sus casas. ¡Una experiencia muy fuerte! La consagración a mi trabajo no me permite ciertas cosas, por eso ahora mismo no pertenezco a ninguna comunidad, voy a la Iglesia cuando siento la necesidad. Todos los meses le pongo una Misa a mi mamá. Voy también con mis hermanas el día de las madres y el día de los fieles difuntos, vamos toda la familia. …Esa es mi creencia. Estoy convencida de que todos los hombres creen. Se cree en la libertad, en el bien del propio hombre. Muchas veces nos equivocamos, pero hay que creer.

En el filme se desarrolla un conflicto por la presencia de un signo religioso en el aula, una estampita de la Caridad. ¿Qué opina sobre esto?

En primer lugar, debo decir que la educación en Cuba es laica. Yo no debo, no puedo, ni quiero inculcar mi fe de manera explícita en el aula. Pero, ahora sí, cuando el niño me habla de la religión yo lo escucho y converso y compartimos. Yo no les corto el tema religioso ni a ellos ni a nadie. De hecho tengo niños que ya hicieron su Primera Comunión, tengo uno que es monaguillo. También he tenido niños que son testigos de Jehová y han sido mis monitores de Historia. La educación es laica, pero hay libertad de culto. Yo como maestra no puedo inculcarles una religión, pero sus padres sí pueden hacerlo.

¿Si tuviera que salvar una escena de la película, cuál escogería? ¿Por qué?

La escena en que Carmela ampara a Chala, cuando lo va a buscar a la escuela de conducta. Estoy muy de acuerdo con el guionista. Hay otras, pero si debo escoger solo una, sería esa. Me admira la protección de ella hacia el niño. Primero, porque todo eso me ha tocado a mí también. Yo he tenido alumnos procedentes de escuelas de conducta. Por otro lado, no he enviado a ningún niño allí, tal y como aparece en la película, y no ha sido por falta de candidatos. Yo creo que a todos se nos ha de dar una oportunidad en la vida y los niños, en especial, merecen todas las oportunidades del mundo. No es que las escuelas de conducta no resuelvan los problemas. Yo misma he recurrido a ellas en busca de ayuda especializada. Pero me cautivó ver como la Carmela fílmica hizo todo lo posible para que Chala permaneciera en su ambiente, con su mamá, con todas sus cosas, con sus compañeros de escuela. Hace años tuve una alumna con muy mala conducta y permaneció conmigo. De hecho, ella no se cansa de decir que yo la salvé de la escuela de conducta. Creció, fue a la universidad a estudiar Defectología, obtuvo diploma de oro y hasta publicó un libro. Se presentó a eventos y ganó en muchas ocasiones. Todo esto sin necesidad de una escuela de conducta.

El final del filme queda abierto. Carmela y Chala se reencuentran en la cotidianidad, representada por la calle habanera. Desde su propia vida, ¿podría proyectar un final?

La Carmela fílmica dejó en claro su postura: de la escuela no me voy, hasta que ya no pueda subir las escaleras. Esas fueron las palabras de la ficción. La Carmela real el final que pone es este: yo me voy cuando yo quiera. Porque si en algún momento me dicen que estoy cometiendo algún error, lo único que quiero es que me lo demuestren para poder  aceptarlo y cambiar lo que tenga que cambiar, pero sin imposición. Hay reglas y métodos que aunque estén establecidos de forma general, no se aplican a todo el mundo. Nosotros tenemos leyes y resoluciones generales pero cada maestro debe adaptarlo a su alumnado. Porque de otro modo, estamos cortando las alas a profesores y alumnos.

A partir de su experiencia como educadora, ¿qué consejo le daría a quienes en la Iglesia les toca la misión de educar en la fe, pienso de manera especial en los futuros sacerdotes?

Que si se entregan a Dios totalmente sean consecuentes. Esto es, ser sacerdotes por fuera y por dentro, de día o de noche, como el maestro, hasta en la cola del pan. Un sacerdote que se preocupe por todo el mundo, que sea amable y responsable, que visite a los enfermos. Yo los admiro a todos. Pero pienso que, cuando se toma ese camino, antes debe pensarse muy bien. En resumen, que sean coherentes.

Curso de 6to grado de la Escuela Primaria Ángela Landa en La Habana Vieja

Fotogramas del filme "Conducta"

Revista Cenáculo - Publicación seriada del Seminario San Carlos y San Ambrosio de la Habana

Arquidiócesis de san Cristóbal de La Habana

Puede reproducir parcial o totalmente esta información, siempre que cite la fuente original