PARA CRECER
PERMÍTEME, SEÑOR, QUE VEA CLARO
Siempre he disfrutado la lectura del Evangelio del ciego de nacimiento que imploraba a Jesús… “¡Qué vea, Señor, que vea claro!”… y el Señor permitió que viera, premiando así su gran fe.
Reflexionando detenidamente sobre el mismo, creo que muchos somos ciegos de nacimiento en nuestra actualidad y en nuestro medio.
Lo analizo así: somos ciegos, porque no somos capaces de ver la gran bondad de Dios, la bondad maravillosa de Dios en cada detalle de la vida diaria. En muchas ocasiones no somos capaces de percibir su gran AMOR a través de las circunstancias de cada día.
Permíteme, Señor, pues, que:no me cieguen las mil actividades de este día, mis labores domésticas o las de la fábrica...
vea claro que nada merezco y que todo me lo das por tu infinito amor…
vea cuánto amor me das a través de mis hermanos, los seres que me rodean…
tengo la misión de ir quitando vendas de los ojos…
debo ir curando con vendas de amor a mis hermanos de peregrinar…
vea; que vea claro el por qué de mi existencia…
Colaboración de Felipe Oliva
Comunidad Sgdo. Corazón de Jesús. Reina
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