Para crecer
Perdonar
Si alguna palabra se nos hace muy difícil de pronunciar, esta es la palabra PERDÓN.
Cualquiera diría que, al brotar de nuestros labios la palabra perdón, con ella dejaríamos de ser personas, quedaríamos rebajados a un plano inferior o perdiéramos en calidad de vida; pareciera como si nuestro orgullo, ante el reconocimiento de la equivocación o la culpa, fuera mayor que nuestra grandeza personal. Nos cuesta trabajo solicitarlo de los demás y de nosotros mismos. Esto está en concordancia con las dos líneas o vertientes que tiene el perdón: la de aprender a pedir perdón y y la de ser capaces de darlo.
Cuando el hombre aprende el gran valor del perdón se identifica más con Dios, crece y se dignifica, porque perdonar y perdonarse es amar y amarse, y Dios es todo PERDÓN, porque es todo AMOR. Por eso, hermano, no olvides que:
Perdonarse es darse una nueva oportunidad en la vida.
Perdonarse es saberse humano, limitado, criatura de Dios.
Perdonar forma parte del proceso de maduración del creyente.
Perdonar es la mejor forma de amar, de demostrar que somos hermanos.
Perdonar es lo mejor que nos puede pasar a todos.
Colaboración de Felipe Oliva
Comunidad Sgdo. Corazón de Jesús. Reina
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