Lucila Godoy Alcayaga, cuyo ilustre nombre en la literatura hispanoamericana es Gabriela Mistral, estuvo dos veces en nuestro país, la última de ellas en 1953, año del centenario del natalicio de José Martí.
Resulta muy significativa la fecha de esta segunda visita, sobre todo por la constante y apasionada vocación martiana de la poetisa chilena, a quien debemos un prólogo de lujo para la edición primaria en inglés de Martí el Apóstol, escrita por Jorge Mañach, uno de los más notables ensayistas cubanos del siglo XX.
El primero de febrero del mencionado año, Gabriela Mistral fue recibida en el teatro del colegio Nuestra Señora de Lourdes, institución docente dirigida por la congregación religiosa de San Felipe Neri, ubicada a la sazón en la intersección de las calles Santa Catalina y José Antonio Saco, en el actual municipio de 10 de Octubre.
Allí la insigne literata recibió el homenaje de las profesoras y estudiantes de la referida escuela, conducida por las hermanas Filipenses, y escuchó la recitación del poema El ruedo, la cual estuvo a cargo de Angelines Echavé, alumna de ese plantel. A continuación, la niña Marinita García le obsequió un presente floral.
Gabriela Mistral (1889-1957) obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1945, lo cual la convirtió en la primera personalidad de América Latina en haber accedido a tan importante galardón.
Sus versos transitan, desde un comienzo, muy influidos por el modernismo, anclado en lo sentimental, hasta alcanzar una poética honda, seria, dramática y veraz.
Amén de su destacada estatura literaria, Gabriela Mistral fue siempre un sobresaliente ejemplo de pujanza social femenina.
Autodidacta, fue profesora de Enseñanza Media, por lo cual, en el año 1922, el gobierno de México la invitó a colaborar en la reforma educacional de ese país.
Ella también desarrolló una brillante carrera diplomática y fue cónsul vitalicia de su país en Lisboa, Madrid y Nápoles.