A ti, MUJER.
“Y creó Dios a los seres humanos
a su imagen; a imagen de Dios los creó;
varón y mujer los creó.”
(Gen 1,27) Biblia de América.
Texto: Eulalio Sosa.
Dios crea su obra maestra, -hombre y mujer los creó- sin diferencias, dotados de la misma naturaleza, con los mismos talentos, con las mismas capacidades para enfrentar la vida, sólo con diferentes roles.
Muchas veces, los hombres nos hemos creído superiores pero la realidad ha demostrado que no hemos sabido valorar todas las riquezas que encierran las mujeres.
He aquí el modesto homenaje de un hombre hacia las mujeres.
Las mujeres tienen fuerzas que a los hombres asombran. Ellas cargan niños, penas y cosas pesadas; sin embargo, tienen espacio para la felicidad, el amor y la alegría.
Ellas sonríen cuando quieren gritar; cantan cuando quieren llorar; lloran cuando están contentas y ríen cuando están nerviosas. Tienen cualidades especiales. Se ofrecen para las causas buenas. Son voluntarias en hospitales y llevan comida a los necesitados. Ellas pueden ser amas de casa, obreras o profesionales y son expertas en solucionar disputas entre niños y vecinos.
Las mujeres no aceptan un NO como respuesta cuando están convencidas de que hay una solución; saben perdonar, son inteligentes y conocen su poder.
Sin embargo, saben usar su lado frágil. Las mujeres perciben que un abrazo, un beso y un te amo pueden sanar un corazón roto.
Una mujer puede lograr que una mañana, una tarde o una noche romántica sean inolvidables.
El corazón de una mujer es lo que hace girar al mundo.
Generalmente, todo lo que ellas quieren es un abrazo, un beso, una caricia, una llamada; tienen mucho que decir y mucho para dar. La belleza de la mujer no está en la ropa que lleva, la figura que tenga o la forma de peinarse. La belleza de la mujer debe verse a través de sus ojos porque esa es la puerta de su corazón. El lugar donde el amor reside, también se refleja en su alma.
Con el paso de los años, la belleza de una mujer crece hasta el infinito.
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