La construcción de este titánico barco de 46.329 toneladas (registro bruto) tardó más de tres años.
Su compañía constructora la WITHE STAR LINE contrató alrededor de 14.000 obreros, y su construcción giró alrededor de un costo aproximado a los 8 millones de dólares en 1912 (más de 390 millones en la actualidad). Fue el barco más largo construido en su época, con 270 metros de longitud y un ancho de 28,2 metros. Tenía cuatro chimeneas de casi 20 metros de alto y 7 metros de diámetro. Fue el primer barco en tener piscina, gimnasio, peluquería, sala para baño turco y cuatro ascensores. Para su viaje inaugural desde Liverpool -Inglaterra- hasta la ciudad de Nueva York, el precio del pasaje fue alrededor de 4.340 dólares para primera clase; 1.740, para la segunda y de 32, para la tercera. La capacidad total del trasatlántico era para 3.547 personas que en su viaje fatal no se llegó a completar.
En la noche fría del 14 de abril de 1912, después de cinco días de viaje, a 153 km al sur de los Grand Banks de Terranova -Canadá-, el Titanic chocó contra un iceberg el cual perforó cinco de los 16 compartimentos estancos que lo hacían insumergible; uno más de los que se habían estimado posibles en caso de accidente. La tragedia comenzó a las 11:40 pm y se hundió a las 2:20 am.
Investigaciones posteriores determinaron que el barco había navegado demasiado rápido en aguas peligrosas, que sólo se habían previsto botes salvavidas para la mitad de los pasajeros y la tripulación, y que el barco Californian, cercano al lugar del hundimiento, no había acudido al rescate porque su operador de radio estaba dormido. Solo el Carpathia logró llegar y rescatar a los sobrevivientes. Hasta septiembre de 1985 no se encontraron los restos del barco ni se fotografió la zona.
En julio de 1986, investigadores de Estados Unidos exploraron el Titanic a 4 000 metros de profundidad, en un sumergible para tres personas: el Alvin; hicieron fotos del interior pero no recuperaron objetos. Al año siguiente, una polémica operación de salvamento francesa se esforzó en recuperar platos, joyas, monedas y otros utensilios, que en septiembre de 1987 se mostraron en París. En la actualidad, se han hecho varios descensos para estudiar los restos del barco, los cuales están destinados a desaparecer por la corrosión, microorganismos y la falta de oxígeno a tal profundidad.
De los más de 2.220 pasajeros y tripulantes que viajaban a bordo, solo 711 personas (en su mayoría mujeres y niños) pudieron embarcar en los botes salvavidas, los cuales tenían 1.100 plazas disponibles, muriendo así 1.513 personas, de ellas el 50 % de tercera clase.
A los cien años de este fatídico desastre por error humano, oremos por las almas de aquellos hombres, mujeres y niños que no pudieron realizar sus sueños y anhelos, en un viaje que puso fin a sus vidas.
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