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La Hora de la lectura


Por: Antonio Miguel Fontela



¿Cuál pudiera ser la hora más oportuna para abrir un libro y viajar por ese universo de papel que desarrolla la imaginación y cuece las ideas?

La lectura impresa o en formato digital constituye una fuente insustituible de aprendizaje. Incorporar este hábito a nuestra cotidianidad posibilita la adquisición de conocimientos y experiencias que por otros caminos resultarían difíciles de lograr.

Simultáneamente ayuda a la comprensión de textos, mejora la gramática, el vocabulario y la escritura.

Diversos son los motivos para leer: por placer, por adquirir conocimientos generales. También se lee por exigencia académica, actualización profesional y por necesidad laboral. En cualquiera de los casos los beneficios son enormes.

Según el estudio realizado por la Universidad de Sussex, Reino Unido, en el 2009, la lectura puede reducir los niveles de estrés en un 68%, incluso más que escuchar música o ir a pasear. Tan solo 6 minutos de lectura -ya sea un periódico o un libro- reducen el ritmo cardíaco y la tensión muscular.

Poco importa qué obra escojamos, zambullirnos en un libro nos hace escapar de las preocupaciones y de las tensiones cotidianas. También podría frenar e incluso hasta prevenir el deterioro cognitivo. Una investigación realizada por el Rush University Medical Center de Chicago (EE.UU.) y publicada en la revista Neurology concluyó que la lectura y otras actividades que estimulan la mente pueden retrasar la demencia.

Un resultado similar fue anunciado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en la cual se afirma que los adultos mayores que leían, jugaban ajedrez y participaban en esparcimientos de desafío mental tenían 2,5 veces menos probabilidades de desarrollar alzhéimer que aquellos que no lo hacían.

Hay quienes rechazan los libros porque consideran a la lectura como una vía de escape del mundo real y puede que hasta de las personas que lo componen, pero la ciencia ha demostrado que cuando se trata de habilidades sociales, la lectura tiene muchos puntos positivos.

Una pesquisa llevada a cabo en el 2013 y publicada en la revista Science halló que los lectores de ficción desarrollan una mayor capacidad de comprensión hacia las personas con creencias, deseos y pensamientos diferentes a los suyos y tenían más empatía. En resumen: leer nos asciende como personas.

Otro sondeo realizado en el 2014 y divulgado en la Child Development encontró que los niños con mejores habilidades de lectura, a la edad de 7 años, obtuvieron calificaciones más altas en las pruebas de Cociente Intelectual que aquellos con habilidades de lectura menores. Dicho resultado señala que leer influye causalmente en la inteligencia.

Para conocer cuánto se lee en un país es necesario evaluar la cantidad de horas semanales dedicadas a la lectura en una muestra poblacional, comprendida entre 15 y 54 años, considerando el número total de habitantes y el índice de analfabetismo (IA) calculado a partir de los 15 años.

A continuación se dan algunas cifras publicadas por la agencia encuestadora NOP World en el año 2013:

El primer lugar lo ocupa la India con 10,7 horas semanales de lectura y un IA de 39%. Le sigue Tailandia con 9,4 horas; posee un IA de 7,4%. Después se encuentra China que ostenta 8 horas y un IA de 7,8%.

El cuarto puesto es de Filipinas con 7,6 horas y un IA de 7,4%. El quinto pertenece a Egipto: 7,5 horas; 28%.Luego le siguen en este orden República Checa: 7,4 horas;1%. Rusia: 7,1 horas; 0,4%.Suecia: 6,9 horas;1%. Francia: 6,9 horas;1%.

En Hispanoamérica, entre otros, se encuentran: Venezuela: 6,4 horas; IA de 7%. Argentina: 5,9 horas; 1,9%.España: 5,8 horas; 2,3% y México con 5,5 horas; 13,9%.

Sorprende que para Cuba, con un IA de 0%, no se reporten datos, al menos en los sitios consultados.

No obstante, podemos compararnos con otros países y saber de un modo sencillo si estamos leyendo mucho o poco. Solo es necesario conocer el promedio de libros (incluye revistas) leídos al año por persona.

De acuerdo con el estudio realizado en el año 2012 por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), en España son leídos unos 10,3 libros anuales como promedio mientras que en Chile se leen 5,4 libros; 4,5 libros en Argentina; 4 en Brasil;3 en Perú; en México 2,9 y en Colombia 2,2.

¿Cuántos libros leemos en igual período?
En nuestro patio, la Feria del Libro es el acontecimiento que más promueve la lectura. Numerosos títulos, autores y temas se comercializan durante la misma a lo largo de toda la nación.

Según los datos que se dan a conocer en los medios de difusión nacionales, en cada reunión ferial se compran muchos libros y siempre se asegura que las ventas de la Feria actual superan a las del año anterior.

Sin embargo, cualquier observador interesado puede constatar que se lee poco en el acaecer del día a día. Es fácil comprobar que en una sala de espera o en la guagua abundan los jugadores de teléfonos inteligentes, pero ¿cuántos lectores se descubren?

Además de la falta de interés por la lectura, que se manifiesta actualmente en sentido general, el autor supone otros motivos que pudieran influir en el número de lectores. En primer lugar se encuentra el precio de los libros; después están los temas publicados y por último (que realmente bien pudiera ser el primero o el segundo) se encuentra la moneda en que se expenden aquellos títulos que despiertan el interés mayor por el contenido y por la presentación.

Ahora bien, quien desee leer, lo que se dice LEER, no tiene que esperar por precios módicos ni por la Feria para ver qué “sacan” ya que puede acudir a la biblioteca y solicitar el libro que le interese. Es un servicio gratuito. Sin embargo, en las bibliotecas visitadas por el autor, no eran numerosos los usuarios.

No basta con saber leer: hay que leer.

Para el ilustrado San Agustín, la lectura constituía un acto trascendente porque, según afirmaba, “Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien habla con nosotros.”

Cada día se está a tiempo de incorporar a nuestras vidas esta costumbre tan saludable y necesaria.

No existe una hora óptima para abrir un libro y hojear su universo de papel, porque la hora de la lectura es cualquiera.