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ACCIONES PARA DESARROLLAR ESTILOS DE VIDA SALUDABLES. Primera parte



Por: María Amelia González.


La longevidad y el envejecimiento han comenzado a considerarse como un logro social ya que se han logrado mejores estándares de salud y calidad de vida, lo cual constituye un reto para la sociedad contemporánea.

Estrategias efectivas durante el curso de la vida que contribuyan a hacerla más larga pero también más saludable, activa y productiva deben ser el objetivo. Por ello, el desarrollo de un proyecto que promueva la cultura del envejecimiento es fundamental para afrontar el aumento progresivo de la población adulta mayor.

Este proyecto ha generado un proceso de gestión que no puede desvincularse de la animación-promoción; en él se han tenido en cuenta las características de la vida material y espiritual de sus miembros y las condiciones reales con las que contamos para acometer las acciones.

En la década de los ochenta del siglo xx, la promoción comenzó a ser realmente una protagonista en política de salud. Bajo el liderazgo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1986 se proyectó en Ottawa -Canadá- una nueva estrategia para proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre esta. Para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social, un individuo o grupo debe ser capaz de identificar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medioambiente. La salud es la fuente de riqueza de la vida cotidiana y el sueño de una longevidad satisfactoria.

El concepto de salud entendida como bienestar trasciende la idea de formas de vida sanas, acentúa la importancia de los recursos sociales y personales poniendo en un lugar de importancia las condiciones físicas a las que arribamos a los sesenta años.

Las necesidades de las poblaciones mayores son puntos de partida para aquellos que trabajan relacionados con la gerontología y la geriatría. Es imprescindible apreciar el valor de la promoción sociocultural y de salud como instrumentos enfocados de forma multisectorial, para encontrar fórmulas que modifiquen positivamente la salud física y mental del adulto mayor en función de la calidad de vida y el logro de una longevidad satisfactoria.

Los determinantes sociales, del desarrollo y del entorno así como la promoción en salud y la participación comunitaria generan nuevas fórmulas de estilos de vida saludables y de prevención. La prevención moderna ha necesitado transformarse para atender estos nuevos contextos y ha generado una interesante unidad de contrarios, que al solucionarla debe impulsarla a nuevos escalones de desarrollo. Por ello, vemos que:

La prevención: acción social o centrada en los individuos debe asumir lo mejor de la medicina social, pero sus acciones cada vez más se centrarán en la persona.

Buscará el impacto de acciones sociales y podrá intervenir mucho antes de que los procesos fisiopatológicos comiencen en el individuo, usando, sobre bases científicas y éticas, los aportes de la medicina y la tecnología actual.

Prevención: acto médico/sanitario o herramienta individuo/comunitaria ha sido y es, en alguna medida, subestimado por el médico y por el paciente; se ha pensado que sería importante convertirlo en un acto médico formal y que se recetará al paciente «hacer ejercicio» con el mismo convencimiento que se indica un medicamento. Sin embargo, no es suficiente una indicación formal ante la complejidad y la duración del manejo de problemas crónicos de salud. Es imprescindible una participación en la que el paciente tome protagonismo, para ello el paciente debe tener claro qué implica la indicación así como voluntad y motivación para insertarla en su vida, además de recursos para generar y sostener el cambio. Esto hace cada vez más difícil considerar la prevención como un acto médico exclusivo, un programa o un servicio de salud.

Los profesionales de la salud dedican cada vez menos tiempo efectivo a las acciones de prevención y cada vez más se necesita complementar las acciones sanitarias con acciones comunitarias o de autocuidado.

Las medidas de prevención reflejan más claramente las acciones sanitarias. Ello no es un tema que solo afecta a los países menos desarrollados, incluso en los de más alto desarrollo, las poblaciones en desventaja, especialmente, las de adultos mayores, reflejan problemas de acceso y seguimiento de los servicios. Existe suficiente información para que, según la situación de salud de las poblaciones a las que atienden, las autoridades y los grupos de trabajo multisectorial recomienden las acciones de prevención dirigidas a las personas mayores.

Asesoramiento en estilos de vida para lograr un envejecimiento activo y una longevidad satisfactoria.

Las acciones socioculturales son útiles en el trabajo preventivo en todas las edades y especialmente en el caso de las personas mayores. Se requerirá entender su prioridad y recibir la formación necesaria para ello, por lo cual es importante la capacitación y calificación del personal dedicado a dar este soporte a los individuos en riesgo, vinculándolo a otras estrategias y programas comunitarios como los de autocuidado y participación sociocultural desde lo médico, sicológico, deportivo y artístico con un enfoque holístico y multisectorial y una visión antropológica como grupo humano creciente en este mundo moderno.

La educación para la salud está especialmente asociada al manejo de las enfermedades crónicas y no puede limitarse a explicaciones técnicas en lenguaje complejo o a recomendaciones poco exactas para el manejo terapéutico o de cambios en los estilos de vida. En el caso de los mayores, las transformaciones necesitan sostenibilidad en el tiempo y antes diferentes condiciones y alternativas de existencia, implican cambios en un modo de vida de larga duración que es considerado exitoso por algunas personas, si se tiene en cuenta la longevidad de tales individuos.

No obstante, cada vez se acumulan más datos sobre la flexibilidad de las personas mayores para generar el cambio necesario para mejorar su salud, y sobre cómo muchos de estos servicios y programas bien organizados y acompañados de otras estrategias, son cada vez más efectivos, incluso, en los contextos más difíciles.