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Longevidad y discapacidad, un desafío


Por: Dr. Rodolfo Romero

Asistimos a un envejecimiento poblacional evidente en nuestro país. El porciento de población mayor de 60 años ya sobrepasa el 19 %, con pronósticos de seguir aumentando. Por ello, las personas viven más años y el riesgo de padecer una enfermedad crónica que los lleve a la discapacidad se hace ostensible; fijémonos entonces en dos de las patologías que son causa frecuente de invalidez, nos referimos a: la fractura de cadera y el accidente cerebro vascular denominado también infarto cerebral, hemorragia cerebral o embolia cerebral, según su clasificación, aunque en sentido general, la población lo llama ¨Trombosis¨.

La fractura de cadera, más frecuente en mujeres que en hombres, sobre todo por la osteoporosis que acompaña a la menopausia, representa un gran número de ingresos por urgencia en Ortopedia. Aunque existen servicios especializados en esta patología, su intervención quirúrgica en los casos que sea factible la rehabilitación y recuperación posterior conlleva tiempo y recursos, al tener que trasladarse el enfermo a servicios de fisioterapia no siempre cercanos al hogar, sin tener a la mano, muchas veces, transporte sanitario para ello y genera la erogación de gran cantidad de dinero de los familiares para esta encomienda; si a eso se une la necesidad de sillones de ruedas, andadores, sondas para el control urinario, pampers de adulto y toda la parafernalia que trae aparejada la presencia de un enfermo de este tipo, podremos imaginar el desajuste en la dinámica familiar que unido a las barreras arquitectónicas de nuestras instituciones públicas, hacen más difícil el deambular de estos pacientes.

En el caso de la ¨trombosis -utilizo el lenguaje popular- el cuadro es más dramático. El paciente casi siempre queda con una hemiplejia que no le permite mover la mitad de su cuerpo y que, en muchos casos, afecta su mano diestra, lo que origina la necesidad de un acompañante permanente; también la afectación del habla incrementa esa discapacidad, llevando al enfermo a una depresión que muchas veces no comunica pero que en ocasiones le hace desear la muerte o hasta pensar en el suicidio.

El Estado y el MINSAP reconocen que este será un desafío de la política de salud cubana en los próximos años, aunque la avalancha de ancianos tributarios de estos cuidados hoy nos supera.