Amar es engrandecer tu persona en la armonía
Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)
Todos nacemos con un corazón de
“carne”. Cuando decimos corazón,
automáticamente, pensamos en amor.
Por ello, cuando se menciona esta palabra, generalmente, aparece un corazón.
Cuántas veces en nuestras conversaciones utilizamos espontáneamente los
términos corazón y amor. Las expresiones son testimonio de ello: Decimos,
“te doy todo mi corazón” que es equivalente a decir, “te doy todo mi amor”
o “te lo digo de corazón”, que es como
decir te lo digo por tu bien, porque te
amo mucho y no quiero que sufras.
Cuando queremos pedir un favor, en
ocasiones, decimos: “corazón, me pudieras ayudar a resolver tal situación…”
Esas expresiones brotan de lo mejor
de nosotros para aquellos con quienes
convivimos en el día a día. Todos
tenemos un corazón de carne para poder
acoger el amor y compartirlo, porque
el otro también nació con un corazón
para amar y sentirse amado.
Este primer trimestre del año celebraremos fechas que tienen al amor como
denominador común. Estos acontecimientos nos brindan la oportunidad de
engrandecernos como personas, son una
invitación a hacer crecer todo lo bueno
que nos habita. Y crecer en armonía.
La primera celebración, la Epifanía o
los Reyes Magos nos recuerda la
inocencia de la niñez. Crecimos, y ya
adolescente o jóvenes, llegaba la fiesta
de los Enamorados, la cual daba continuidad a nuestros sueños e ilusiones.
¿Quién no aspiraba y suspiraba por
un príncipe azul lleno de amor que
nos colmara de regalos? El día de la
Mujer llegó para ensalzarnos a todas
ya que no dejamos de soñar e ilusionarnos.
En días pasados, recibí, oportunamente,
un correo electrónico cuyo texto vino
a iluminar lo que habitaba en mi corazón y quiero compartirlo con ustedes.
El maestro Eckhart, teólogo y filósofo alemán (1260-1328) ha sintetizado
magníficamente estas ideas:
«Si te amas a ti mismo,
amas a todos los demás
como a ti mismo.
Mientras ames a otra persona
menos que a ti mismo,
no lograrás realmente amarte,
pero si amas a todos por igual,
incluyéndote a ti,
los amarás como una sola persona
y esa persona es a la vez Dios
y el hombre.
Así, pues, es una persona
grande y virtuosa la que
amándose a sí misma,
ama igualmente a todos los demás».
Por ello, titulé este artículo “Amar es
engrandecer tu persona en la armonía”.
Me parece que a veces se nos van los
días y la vida, sin detenernos conscientemente a valorar aquello que podemos engrandecer para nuestro bien
y el de todos. …”Una persona es
grande y virtuosa la que amándose a
sí misma, ama igualmente a todos los
demás”….pues amor es una unión
espiritual. Es un sentimiento supremo.
Amar es sentir respeto, conexión,
libertad al estar junto con otra persona.
No se trata de demostraciones físicas,
sino afectivas, emocionales, efectivas.
El amor nace y crece en la familia y
en la sociedad. Es tener gestos concretos para cada persona, ayudarlos a
progresar, animarlos en las tristezas,
alentarles para que tomen sus decisiones,
rezar por ellos, estar presente en las
buenas y en las malas. Eso es amor.
Me preocupa que soslayemos la palabra
engrandecer que es hacer algo a alguien,
especialmente, en sentido no material.
Es aumentar, acrecentar, agrandar,
multiplicar, realzar, elevar, enaltecer,
ennoblecer, dignificar, alabar, elogiar,
ensalzar, encomiar, loar, bendecir,
magnificar. Pero, dónde se encuentran
esas palabras en nuestras actitudes y
acciones.
Me preocupa que hemos perdido la
armonía que equivale a: equilibrio,
relación de paz, concordia y entendimiento entre dos o más personas. Es
combinación de sonidos, cadencias y
acentos que resultan agradables al oído.
Les invito a ser creativas. Busquemos
formas para engrandecer nuestras personas amando sin límites a quienes se
nos acerquen en el camino y así reinará
la armonía. Con ello realizaremos lo
que nos dice el Apóstol Pablo, “La fe
que actúa por el amor” (Gálatas 5, 6).
Vivamos nuestra fe actuando por amor,
nuestro entorno necesita del Amor de
Dios y del nuestro. Pongamos el corazón en todo para lograr engrandecer
y en armonía, en nuestros grupos,
invitemos a todos a renovar nuestro
vocabulario positivo.
No les parece que con los años que ya
tenemos vividos, podríamos soñar con
fundar “La Escuela para aprender a
amar”. Se imaginan que cada una de
nuestras casas estuviera abierta a todos.
Y empezar desde niños a educarnos
en el amor, en el verdadero, en el que
viene de Dios. El amor del que nos
habla Jesús: “Ámense los unos a los
otros como yo los he amado”. Amor
gratuito el de Dios, sin intereses, sin
esperar que se lo paguemos, sino que
al vivir en su Amor, ya está de vuelta.
¡Cuánto bien nos hace sentirnos amados!
Y ¡poder dar amor con todo el corazón!
¡FELICES LOS QUE AMÁNDOSE
A SÍ MISMOS,
AMAN IGULAMENTE
A LOS DEMÁS!