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No me admnistres mi tiempo por favor


Por: María Amelia González


La frase el tiempo es oro es un presupuesto pragmático y economicista pero no está lejos de la verdad. El uso de nuestro tiempo es valioso pues es una categoría irreversible, no se recupera y es inexorablemente pasajero.
En nuestra cotidianidad, estamos acostumbrados a distribuir nuestras tareas y actividades vitales y el reloj es imprescindible en esta vida agitada que vivimos para distribuir las veinticuatro horas del día, estableciendo una carrera desenfrenada contra el tiempo, pero balanceando nuestras necesidades, obligaciones y deseos.
Hay muchas formas de utilizar el 23 NOSOTRAS Ahora bien, si perdemos o no el tiempo es una elección particular. Si deseamos dedicar más tiempo a una persona o actividad es algo personal; por eso, cuando alguien te asigna tareas o te hace establecer compromisos inconsultamente porque cree que tienes más tiempo que él, entonces, es momento de establecer límites.
Nadie puede utilizar tu tiempo sin antes negociar contigo si es factible o no acceder a ese pedido. Es cierto que a veces se presentan imprevistos y hemos tenido que asumir situaciones que estaban en nuestro esquema de vida pero esta situación no se puede establecer como patrón.
Existen personas que, dado el nivel de confianza que le hemos dado, consideran que tienen todo el derecho del mundo para administrar nuestro tiempo, incluso juzgar si son pertinentes o no nuestros momentos de ocio. Planifican actividades, visitas, le comentan a terceros que perdemos tiempo en boberías y que estamos disponibles siempre.
Si hay algo íntimo y estrictamente personal son nuestras horas, minutos y segundos. Pongamos un pare a esta situación y desde una posición educativa y de derecho, sin herir susceptibilidades, impongamos limites a quienes por buena fe, por exceso de confianza o simplemente por mal hábito nos planifican nuestro tiempo.