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¡2021! Llamados a una sola esperanza.


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

Ha comenzado el esperado 2021, cuánto hemos deseado su llegada. Cuánto hemos rezado para llegar a él con vida, con salud, con la familia, con los amigos, con todos. Y por gracia, hemos podido transitar el impactante año 2020. La inesperada pandemia de la COVID-19, la cual nos fue dada a conocer en el mes de marzo, cambió el rumbo de toda la humanidad, y dentro de ella, cada uno de nosotros. Cuántos partieron sin pensar que serían sus últimos días, su último año, sin poder decirle adiós a sus seres más queridos, aislados, sufriendo física y espiritualmente. Cuántas familias partieron sin ni siquiera tener tiempo de decirse cuánto se amaban.
Cuántos miedos, cuánto pánico se apoderó de cada uno de nosotros, sobre todo, de aquellos que tomamos conciencia de la gravedad de la situación. Sin mencionar los que han vivido la pandemia en carne propia, sintiendo el temor, el terror, en lo hondo de sus entrañas. Cuántas personas arriesgando sus vidas y hasta dándolas por salvarlos. Cuánta oración dirigida a Dios, cuánto apoyo fraterno, solidario, cuánto y cuánto hemos aprendido y estamos aprendiendo aún de este año 2020.
En diciembre nos dimos cuenta de que debíamos mirar de frente a este año tan inolvidable, releerlo para ver el Paso de Dios en la Historia, la acción de su gracia en medio de lo vivido. Descubrimos que éramos aún sobrevivientes de esta dura batalla entre la vida y la muerte. Y cuando repasábamos nuestros miedos, hasta llegar incluso a los pánicos, descubrimos las fortalezas de la Fe que nos habita por pura gracia de Dios, que ha estado presente en cada momento. Vimos las fortalezas propias, descubrimos las riquezas y los límites individuales, familiares y sociales.
La creatividad salió bien parada. Había que animar, entretener, resistir. Los medios de comunicación no solo daban los “partes” de salud, también buscaron los nuevos modos de comunicar sin estar en el mismo lugar. Se rescataron canciones que buscaban ofrecer vida, comunión, esperanza.
Qué hermoso oír a compositores que cantaron a lo mejor del ser humano. Los aplausos agradecidos se escuchaban al unísono en cualquier parte del mundo.
Se valoraba así a los que estaban en la llamada Línea Roja, que aún está abierta.

Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza”. Ef 4, 4.5 NOSOTRAS Los padres tuvieron que volverse niños para cautivar a sus hijos para que el encierro de la cuarentena no fuera un aislamiento social con pérdidas irreparables, en la socialización de sus hijos.
Los esposos volvieron a sentarse juntos a la mesa. Y las cuatro paredes de las casas se convirtieron en hogar acogedor, donde cada cual hacía lo que podía para engendrar la vida. Aprendimos a conocernos mejor. A amarnos tal como somos.
En este año vivimos muchos acontecimientos inéditos. Nunca pensamos que no podríamos participar de la vida comunitaria parroquial ni en las Misas dominicales, ni frecuentar las escuelas y los centros laborales. Las economías cayendo por todas partes, gravadas por los efectos de la pandemia. ¿Hasta dónde y cuándo sería esta situación tan estresante como incierta?
Debemos reconocer que en este año muchas personas compartieron con nosotros y nos trasmitieron su fe, su confianza, su esperanza, nos dieron su amor al igual que nosotros a ellos. Con cuántos pudimos compartir la esperanza que nos habitaba.
Con la llegada de diciembre, se nos vino encima el hacer resumen del tiempo transcurrido. Y saltaron a la vista las fortalezas vividas en medio de tantas tribulaciones. Y descubrimos con asombro, al igual que los Pastores en Belén, que Dios no ha dejado de ser el ENMANUEL, el Dios con nosotros.
Siempre estuvo presente entre nosotros en la Historia del cada día. Y llegaba a tiempo a cada situación.
A veces decimos “hay que sacar la enseñanza de las lecciones del pasado”. Y es esa la invitación que se nos hace hoy. Con lo ya vivido, qué hemos aprendido para poder transitar más airosamente el 2021 que nos llega con nuevas zozobras por vivir.
Esta Palabra de Dios de San Pablo a los Romanos (5, 3-4) viene a hacer la síntesis del año 2020. “Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, nos sentimos seguros, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia, la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza”.
Hemos llegado al 2021 y se lo hemos entregado a Dios con mucha fe, retomando las palabras del Salmista: ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” (Salmo 42, 11).
Retomemos ahora las tres palabras: Perseverancia (paciencia), Entereza de Carácter, Esperanza y con ella transitaremos el día a día. Recordemos las palabras del profeta: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. (Jeremías 29, 11).
Cantemos cada día a Nuestra Señora de la Esperanza para que mantenga el ritmo de nuestra espera, como reza la canción. Cantemos agradecidos a la vida que se nos sigue regalando y compartamos nuestra fe y esperanza con los más necesitados.
“Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en Él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo”.

(Romanos 15, 13).
BUSCA EN TI LA ESPERANZA QUE VIENE DE DIOS RECÓNOCELA, ACÓGELA, COMPÁRTELA Y PÍNTATE EL ROSTRO COLOR ESPERANZA.