El abrazo, un gesto vital para los cubanos
De todos los medios de comunicación que hay en este mundo
yo sigo prefiriendo el abrazo que desde siempre comunica tanto.
Mario Benedetti
La pandemia, azote inimaginable que
ha conmocionado al mundo, nos obligó,
entre otros muchos aspectos, al aislamiento y asumir estilos de vida diferentes.
La incertidumbre, el miedo, la angustia
vivida intensamente en muchas regiones
del planeta en esta etapa han marcado
definitivamente nuestro ser.
En mi caso, el enclaustramiento conllevó a que tuviese en cuenta y valorara en su justa medida gestos cotidianos tales como un abrazo o el estrecharse las manos y la carga emotiva
que pueden estar presentes en estas
expresiones elementales, cotidianas antes
de la pandemia.
Somos seres en relación. Esta interacción familiar, laboral y comunitaria se
encuentra signada por la idiosincrasia
de cada pueblo. Por ello, podemos
observar la cercanía que los latinos
establecemos con el otro.
Por regla general, los cubanos nos
relacionamos fácilmente. Somos expresivos, familiares, locuaces, pródigos
en abrazos. Pero la llegada de un virus
nos privó de esas prácticas tan arraigadas en nosotros.
Mucho nos costó aceptar esta nueva
realidad pero debimos adaptarnos para
sobrevivir a este tiempo adverso que
nos estalló en el rostro y frustrados, con
dolor, dejamos congelados, pospuestos,
los abrazos.
No soy psicóloga, pero si tuviese que
definir los abrazos diría que no son más
que muestras de afecto hacia el otro.
Mediante él podemos transmitir diversos sentimientos: solidaridad, dolor,
amor, alegría, acompañamiento. Para
los cubanos, este gesto forma parte de
ese contacto físico tan necesario, al
menos para nosotros, en las relaciones
que establecemos con los demás.
En alguna medida, con la prohibición
de esta práctica en nuestro hacer experimentamos carencias y vacío. Pero
se impone esperar con paciencia tiempos
mejores donde no corramos riesgos y
pongamos en peligro con nuestro comportamiento la propia vida.
No obstante, somos testigos de la
actitud solidaria de los médicos cubanos
que han marchado hacia otros países
y abrazan amorosamente al mundo a
través de los saberes de su ciencia en
aras de combatir a ese flagelo trasgresor.
Bendigamos hoy este abrazo necesario,
expresión de entrega y altruismo;
bendigamos también otras manifestaciones de cariño que hemos empleado
para llenar el lugar que nos ha dejado
la ausencia de ese abrazo ineludible
y oportuno.