DE LA HOMILIA DEL PAPA FRANCISCO, EN LA SANTA MISA
PLAZA DE LA REVOLUCIÓN, LA HABANA DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE DE 2015
El santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, es un pueblo que tiene gusto por la fiesta, por la amistad, por las cosas bellas. Es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza. Así la sembraron sus próceres. Hoy los invito a que cuiden esa vocación, a que cuiden estos dones que Dios les ha regalado pero especialmente quiero invitarlos a que cuiden y sirvan, de modo especial, la fragilidad de sus hermanos. No los descuiden por proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentiendan del rostro del que está a su lado. Nosotros conocemos, somos testigos de la Fuerza Imparable de la Resurrección, que provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo (cf. Evangelli Gaudium 276,278)
No nos olvidemos de la Buena Nueva de hoy; la importancia de un pueblo, de una nación, la importancia de una persona siempre se basa en cómo sirve la fragilidad de sus hermanos. Y en esto encontramos uno de los frutos de una verdadera humanidad.
Porque, queridos hermanos y hermanas, QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR.