La mujer cubana:
El valor de su identidad.
Por: José Enrique Collazo.
La identidad, el papel y la consideración a la mujer cubana y de ésta para consigo misma es tema de interés. Para comenzar, haré una comparación entre la identidad de las cubanas hasta la década de los sesenta y un perfil aproximado de su identidad en estos momentos. Por identidad entiendo la imagen, los valores, las conductas y el trato que ha recibido la mujer en cada etapa de nuestra historia, en las últimas décadas.
Hasta los sesenta, la mujer se identificaba más como ama de casa, esposa, madre, muy dada a la relación familiar, atenta a los mayores y enfermos. En menor escala estaban las que tenían una profesión: maestras normalistas o pedagogas, farmacéuticas, médicos, enfermeras, literatas. Otras tenían oficios: costureras, peluqueras, tintoreras, mecanógrafas, secretarias, entre otros. Un dato importante: la mujer establecía su relación de pareja en el matrimonio monogámico y tenía sus hijos de este modo; éstas estaban “bien vistas”, no así las que no se casaban y tenían relaciones eventuales. Otros rasgos de identidad positiva eran la conducta moral, sus cualidades, valores y el respeto que se merecía.
Hoy, las cubanas mantienen las oportunidades de estudio y superación así como el trabajo, donde existen mayores posibilidades en algunas profesiones y oficios. Pero, en las últimas décadas, las costumbres han variado en algunos aspectos tales como: el matrimonio se dificulta por razones de vivienda. No pocas parejas prefieren unirse sin “el papelito” para probar suerte; si ven progresos se casan, en caso contrario se separan, sin más. Preocupa, como observamos en las novelas cubanas de hoy en la TV, el modo de vivir la sexualidad. La relación de amor a primera vista, tan romántica en todo tiempo, se sustituye, en gran medida, por el sexo sin compromiso y se cambia de compañero como si fuera una prenda de vestir.
En estos casos, se ha devaluado tanto la mujer como el hombre pero la mujer es más cuestionada.
Otro punto negativo es la asociación mediante un casamiento de cubanas con extranjeros. Tal vez, el aspecto más negativo sea la prostitución dentro del llamado turismo sexual. Muchas alegan necesidades económicas como factor básico para ejercer este trabajo. Ello es un tema complejo que requiere un estudio multifactorial. Existe otro problema no tan visible y es el orden de las prioridades en la vida de cualquier mujer. El conflicto obligaciones entre el trabajo y el hogar o entre la atención a los hijos y al esposo es un hecho que si se descuida puede conducir a males mayores.
Considero que hoy en día no existe un perfil predominante de la mujer cubana, se dan varias tipologías en su identidad y costumbres.
Desarrolladas estas ideas, se precisa exponer los criterios a favor de elevar la dignidad de las mujeres para que conozcan mejor su condición y puedan darse su lugar dentro de los patrones más adecuados. La Iglesia Católica siempre ha tenido muy presente todo principio que favorezca la plena dignidad de toda mujer. Citaré lo expresado en el Documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano –ENEC- de 1986, en los números 884-887:
Subrayar el papel fundamental de la mujer, como madre y defensora de la vida y educadora del hogar.
Enfatizar el trabajo femenino en su dimensión de instrumento de personalización y construcción de la sociedad y no sólo como elemento de satisfacción de necesidades económicas.
Realzar su identidad, dignidad y misión, tomando a María como modelo a imitar en una “espiritualidad en la que se equilibre la vida familiar, social y eclesial”.
Promover, aún más, la feminidad y el sentido del sacrificio como valores que, tradicionalmente, han enriquecido a la figura de la mujer.
Conviene conocer los elementos que devalúan a algunas mujeres para poder trabajar sobre ellos y ayudarlas a transformar sus vidas, apoyando su cambio hacia una vida mejor. Esta ayuda debe ir dirigida, en primer lugar, a las más necesitadas desde el punto de vista de una identidad digna, su condición y su valor moral. Este es un sector prioritario de atención del Movimiento Diocesano de Mujeres Católicas como la ley de leyes. Otro aspecto a trabajar es la educación de las jóvenes en edad de estudio y trabajo con vistas a la selección de su pareja sobre la base del amor y la creación de matrimonios cuya convivencia armónica y respetuosa genere hijos acompañados de por vida del padre y de la madre. Este tipo de unión se denomina familia funcional.
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La mujer cubana ha sido llamada por un compositor La perla del Edén. Como sabemos por el libro del Génesis, “el Eden” era el paraíso terrenal. La imagen de la canción nos debe estimular a darles todo nuestro apoyo a las cubanas para que sus vidas se eleven a la categoría de dignidad queridas por el Creador.
Un criterio muy diáfano puede iluminar la identidad de la mujer, según Deepak Chopra:
“La salud espiritual y la responsabilidad moral son dos de los dones más preciosos que uno puede ofrecer”, ello vale tanto para la mujer como para el hombre, pero en la mujer estos valores la identifican y le dan su justo valor para consigo misma y parasus prójimos.
En materia de salud hay una meta de “elevar la calidad de vida”, un buen propósito que a todos nos conviene; en la mujer, muy especialmente, hay que facilitarle “elevar sus cualidades y estima” para que pueda reconocerse y ser identificada como alguien que merece el mayor respeto y admiración.
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