Una mujer que hizo eterna su belleza
Por : Adrián Pérez

La estatua de la República en el ábside de la Gran Rotonda. |
Hace 83 años, al declarar inaugurado el Capitolio Nacional, el 20 de mayo de 1929, Gerardo Machado terminó uno de sus grandes sueños presidenciales, por los que fue capaz de sacrificar a todo un país.
El majestuoso Capitolio fue en su época el punto más alto en La Habana y el quinto en el mundo. En Cuba, es el segundo después del monumento a José Martí en la Plaza.
Pero lo más significativo dentro de su cúpula de 92 metros de alto y 32 de diámetro es la estatua de la República.

Angelo Zanelli,
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Su autor Angelo Zanelli, famoso escultor que realizó El Altar de la Patria, en Roma, y también las dos enormes estatuas en el exterior del Capitolio, quiso representar en ésta a Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa.
Para lograr tal belleza de líneas griegas-tropicales, tomó a la modelo Lily Valty, convirtiéndose de esta forma en la musa para los demás escultores -Drucker, Remuzzi, Struyf, Sicre, Sabas, Betancourt, entre otros- que tuvieron a cargo las esculturas y bajorrelieves que ornamentan toda la edificación.
Esta modelo eternizó su belleza y exaltó a la mujer cubana y a la patria en el mármol, la piedra de capellanía, y el bronce.
Sobre un sólido pedestal de ónix de 4.50 por 3,50 metros, la gigantesca estatua de bronce dorado y 16,50 metros desde los pies a la punta de la lanza, le da la bienvenida al visitante al llegar al ábside que conduce al largo y majestuoso Salón de los Pasos Perdidos. Su mirada serena pero firme se pierde al infinito, guardando con celo, presta a defender con su lanza y yelmo lo más puro que ella representa: la patria y a todos sus hijos.
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