MARIA FAUSTINA KOWALSKA (1905-1938)
Por: Hno: Jesús Bayo, fms.
Helena Kowalska nació en la pequeña aldea de Glogowiec (Polonia) el 25 de agosto de 1905, en una humilde familia de campesinos que vivía a unos cincuenta kilómetros de la ciudad de Lodz. Fue la tercera entre los ocho hijos que tuvo el matrimonio de Estanislao y Mariana.
La educación de Helena Kowalska fue escaza, lo que era común en el mundo rural de su tiempo. Siendo niña, había sentido el llamado a la vida religiosa pero sus padres no le dieron permiso para ir al convento. Al cumplir dieciséis años de edad comenzó a trabajar como sirvienta en Aleksandrow y en Lodz pero, nuevamente, percibió la imperante llamada del Señor cuando tenía ya veinte años.
En julio de 1924 llamó por primera vez al convento de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia (conocidas como Monjas Magdalenas) en Varsovia. La superiora le pide que reúna una pequeña cantidad de dinero antes de entrar y un año después, el 2 de agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, fue recibida en el convento como postulante. El 30 de abril de 1926 ingresó al noviciado en Cracovia, adoptando el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento. Como religiosa vivió en los conventos de Varsovia, Vilnius (Lituania) y Plock (Polonia) donde realizaba sencillas labores domésticas de limpieza, cocina y jardinería.
El 22 de febrero de 1931, Sor María Faustina comenzó a tener revelaciones de la Divina Misericordia, cuyos mensajes dejó plasmados en su Diario. Después de pasar diversas penalidades físicas y espirituales fue atacada por la tuberculosis de cuya enfermedad murió el 5 de octubre de 1938 en Cracovia. Su funeral tuvo lugar el día 7, fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Sus restos descansan desde 1966 en el Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia.
El segundo domingo de Pascua (Domingo de la Divina Misericordia) en la Basílica de San Pedro en Roma, el papa Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina del Santísimo Sacramento, el 18 de abril de 1993; en el año 2000, el segundo domingo de Pascua fue beatificada por el mismo Papa polaco que reconoció oficialmente en la Iglesia la devoción a la Divina Misericordia que esta santa difundió.
La espiritualidad de esta mística del siglo XX se recoge en su “Diario sobre la Divina Misericordia en mi alma”. Su visión de Cristo Misericordioso y la difusión de su amor a la humanidad es el mensaje particular de sus escritos.
Según el Diario de santa Faustina, la devoción a la Divina Misericordia se expresa, entre otras formas, por la veneración de la imagen de Jesús misericordioso, por la celebración de la fiesta de la misericordia (el segundo domingo de Pascua), por el rezo de la novena y de la corona o rosario a la Divina Misericordia, por la oración en “la hora” de la Divina Misericordia (a las tres de la tarde), por la propagación de esta devoción, por la conversión y por la renovación de la Iglesia entera y de cada uno de sus miembros, pastores y fieles laicos.
ALGUNOS ESCRITOS
“Hasta aquí se pudo soportar todo. Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces, de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aún más. Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado. Y se puso a compadecerme. Me dice: ‘Oigo hablar que usted, hermana, es una exaltada, que tiene algunas visiones. Pobre hermana, defiéndase de ello’. Fue sincera aquella alma y lo que había oído me lo dijo con sinceridad. Pero tuve que oír cosas semejantes todos los días. Solamente Dios sabe cuánto me atormentaba todo eso” (Diario 125)
“Dios me permitió conocer en qué consiste el verdadero amor y me concedió la luz de cómo demostrárselo en la práctica. El verdadero amor a Dios consiste en cumplir la voluntad de Dios. Para demostrar a Dios el amor en la práctica es necesario que todas nuestras acciones, aún las más pequeñas, deriven del amor hacia Dios. Y me dijo el Señor: Niña Mía, más que nada, me agradas a través del sufrimiento. En tus sufrimientos físicos, y también morales, hija mía, no busques compasión de las criaturas. Deseo que la fragancia de tus sufrimientos sea pura, sin ninguna mezcla. Exijo que te distancies no solamente de las criaturas, sino de ti misma. Hija mía, quiero deleitarme con el amor de tu corazón: amor puro, virginal, intacto, sin ninguna sombra. Hija mía, cuanto más ames el sufrimiento, tanto más puro será tu amor hacia mí” (Diario 279).
“Jesús me ordena celebrar la Fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de la Pascua de Resurrección por medio del recogimiento interior y por la mortificación exterior” (Diario 280).