Apuntes sobre el ferrocarril en La Habana del siglo XIX
Por: Daniel Estévez González

Realmente, la historia del siglo diecinueve en La Habana me parece fabulosa. Punto y aparte de las guerras, esclavitud y precariedad económica para algunos, nuestra querida ciudad alcanzó avances y logros que muy difícilmente podrán verse nuevamente. Solamente, en mi modesta opinión, la segunda mitad del siglo XX intentó acercarse a ese esplendor y apertura a nuevas posibilidades que hicieron de nuestra isla, en Latinoamérica y el mundo, un país de referencia y visita casi obligatoria.
Uno de los tantos hechos que contribuyeron a esa majestad de nuestro enclave portuario fue la presencia del ferrocarril en las calles. Por el corto espacio de este artículo solo me acercaré a los lugares y estaciones más importantes de entonces.
Estación Garcini
Muy pocos transeúntes saben que desde la calle Oquendo, justo al llegar a la intersección con la calle Estrella, partió el primer viaje del ferrocarril en Cuba y Latinoamérica el 19 de noviembre de 1837 en un recorrido que enlazó La Habana con Bejucal. La fecha fue escogida por la celebración del santo de la Reina-niña Isabel II quien un mes antes, el 10 de octubre, había cumplido siete años de edad.
La construcción de esta estación por la Junta de Fomento, que presidía por entonces el conde de Villanueva, fue forzada y con mucho apremio. La abierta oposición por parte del general Tacón a que las líneas del ferrocarril se aproximaran al Castillo del Príncipe y cruzaran la Quinta de los Molinos hizo posible la aparición de esta primera estación provisional muy próxima a la estancia “El Retiro” propiedad del Coronel Vicente Garcini de donde toma el nombre. El lugar, más conocido como la quinta de Garcini, lo ocupa hoy la manzana que rodean las calles de Estrella, Oquendo, Maloja y Márquez González. Funcionó hasta el 31 de marzo de 1840.
Posteriormente al trasladarse la estación de Bejucal para la de Villanueva, la de Garcini fue utilizada para el ferrocarril en Marianao. En los jardines de donde hoy encontramos la dependencia de la Policía Nacional Revolucionaria, otrora Hospital de la Policía, aún se conserva una tarja que recuerda este acontecimiento.
Estación de Villanueva
Con la ubicación desfavorable de la estación Garcini, era de suponer que con la sucesión de Tacón se volviera a pensar en construir un paradero ferroviario céntrico y de fácil acceso al puerto y a la zona más urbanizada de la ciudad.
De esta manera en 1831 los terrenos que hoy ocupa el Capitolio Nacional, donde existiera un jardín botánico, fueron enajenados por la suma de $169,127.00 para la construcción de un edificio destinado a Paradero del camino de hierro que habría de unir más tarde a la capital con la Villa de Güines. Quedó de este modo inaugurado el primero de abril de 1848 hasta su demolición en 1929, la Estación de Ferrocarril de “Villanueva”, conocida de esta manera por Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva y primer presidente de la Junta de Fomento.
Estación de Cristina-Estación del Oeste
También existía por la zona occidental del Cerro y llegaba hasta el paradero o estación de Concha, el ferrocarril de Marianao. Por su parte, el ferrocarril del Oeste cruzando la Calzada de Jesús del Monte terminaba en la estación de Cristina, cerca del Castillo de Atarés. Hoy en dicha edificación se encuentra el Museo del Ferrocarril en Cuba.
La empresa del ferrocarril del Oeste fue constituida por el año 1857 gracias a los esfuerzos de los hermanos Luis y Joaquín Pedroso, quienes previa solicitud para la concesión de un permiso que permitiera unir La Habana con Pinar del Río a través de una vía de 187 kilómetros de largo, lograron semejante hazaña.
Las obras comenzaron en 1858 y muy pronto las líneas llegaron a La Salud (1861), Alquízar (1863), Artemisa (1864), Candelaria (1868) y San Cristóbal (1871). Debido a dificultades financieras y organizativas la vía solo llegó a la ciudad de Pinar del Río en 1984.
Según cuentan Juan de las Cuevas Toraya y Gina Rey: días después de la firma del Tratado de París, el 14 de diciembre de 1898, un consorcio norteamericano-canadiense-francés adquirió en 1 472 000 pesos todos los activos de la empresa de Ferrocarriles Urbanos de La Habana que por entonces consistía en: 71 tranvías, 6 locomotoras, 637 caballos, 182 mulas y 64 kilómetros de líneas.1
Nota:
1.Juan de las Cuevas Toraya y Gina Rey, “Las construcciones cuentan su historia. Ciudades, pueblos y caseríos de Cuba”.