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La Hora de estudiar


Por: Antonio Miguel Fontela



La hora de estudiar es insustituible. Por muy tediosa y estresante que pueda parecer, esta actividad hay que llevarla a buen término y el colegial, con el apoyo de la familia, debe convertirla en un rato ameno tomando algunas precauciones que le favorezcan el aprendizaje. Hay que reconocer que estudiar, lo que se dice estudiar, a veces es un acto de mucho esfuerzo porque el educando se enfrenta solo a sus libros de texto y libretas de notas.

A todos nos gusta aprender, adquirir nuevos conocimientos acerca de las letras, las artes o las ciencias para ser capaces de conversar sobre cualquier tema por muy complicado que sea y poder discutir incluso hasta de los agujeros negros, por citar un ejemplo.br/>br/> Sin embargo, a muy pocos les resulta seductor ese lapso en el cual deben enfrentarse a un libro y solo lo hacen cuando el examen se les echa encima como una tormenta.

El alumno tiene que aprender a aprender, y para lograr este objetivo debe programar el tiempo de estudio, organizar el material de trabajo, atender al profesor y tomar correctos apuntes en las clases así como resumir y memorizar lo aprendido, todo lo cual permite que con menor esfuerzo y tiempo obtenga mejores resultados.

Los factores ambientales inciden directamente en el rendimiento del alumno ya que actúan sobre la concentración y la relajación, originando un ambiente adecuado o inadecuado a la hora de estudiar.

El mejor lugar es la habitación del estudiante, la cual debe reunir buenas condiciones de iluminación, silencio, temperatura, ventilación, etc., para favorecer la sesión de estudio. En caso de no ser posible, es recomendable hacerlo en una biblioteca, cerca de casa.

El cuarto de estudio debe tener condiciones adecuadas, alejar todo aquello que pueda distraer. Usar siempre, si es posible, la misma habitación y los mismos horarios de abrir libros y libretas. La familia del escolar desempeña un rol importante en la creación de un ambiente tranquilo que favorezca la concentración.

Los ruidos son distractores externos que dificultan esta actividad porque desvían la atención. Los que tienen sentido (conversaciones entre los miembros de la familia, música estridente) molestan más que aquellos otros que no lo tienen, aunque sean de menor intensidad.

En cuanto a si es conveniente estudiar o no con música, las investigaciones muestran que cierto tipo de melodía de compositores del Barroco favorece el estudio y la memoria al producir en el sujeto un estado psicofísico de concentración relajada. El volumen debe ser bajo para evitar que los compases llamen la atención; no se trata de oír música y estudiar al mismo tiempo.

La iluminación más aconsejable es la natural. Cuando se utilice la artificial hay que combinar la adecuada claridad general de la habitación con la iluminación local que brinda una lámpara de mesa de 60 W, como mínimo, o su equivalente, que apunte directamente hacia lo que se esté haciendo. Para evitar la formación de sombras, en los diestros la luz debe llegar por la izquierda y, en los zurdos, por la derecha.

Es ventajoso utilizar una mesa amplia que permita tener todo el material necesario al alcance de la mano y disponer de una pequeña estantería donde colocar, organizadamente, todos los libros y utensilios escolares para evitar búsquedas y desplazamientos innecesarios.

La mejor postura para estudiar es manteniendo la espalda recta, las piernas formando ángulos de noventa grados, los pies en el suelo, los antebrazos encima de la mesa y la cabeza, con la parte alta de la espalda, ligeramente inclinadas hacia adelante. La postura poco cómoda agota al lector y la excesivamente cómoda induce el sueño.

Se insiste en que la atención al profesor durante la clase y la concentración al estudiar son fundamentales para aprovechar las horas de estudio. Para muchos escolares estos dos aspectos del proceso educativo son un suplicio.

Muchos factores intervienen en la atención, los típicos son:

El grado de motivación e interés con que se estudia, las preocupaciones, la fatiga, las cualidades del entorno, la monotonía del contenido, la excesiva dificultad de la materia, la competencia con otros objetivos, por ejemplo: ver el partido, ir al cine, la pareja…

Hay que combatir a los distractores internos o externos que reduzcan el grado de atención y alejen del estudio. Se deben planificar las horas de estudio y de esparcimiento. Ambos son necesarios.

Es oportuno señalar que resulta más difícil concentrarse al inicio de la sesión de estudio. La concentración es baja durante los primeros minutos; luego alcanza su grado máximo, y finalmente decae a causa de la fatiga. Para lograr una adecuada concentración hay que hacer un esfuerzo inicial superior.

Estas medidas no son las únicas, pero ayudan a crear las condiciones mínimas necesarias para estudiar de modo eficaz. El alumno debe adoptar las suyas propias con el apoyo de la familia y comprobará que la hora de estudiar puede llegar a ser un momento atractivo y provechoso.

Bibliografía Manual Aprender a Aprender del portal digital de la Universidad de Salamanca.