SOLEDADES HABITADAS DE AMOR Y ESPERANZA

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)
Mayo y junio, meses anhelados y esperados por todos. Mayo, mes de las Madres; junio, de los Padres. Son dos momentos del año que vienen a recordarnos que podemos continuar con nuestros buenos propósitos de comienzo del 2018. Nosotras, cada vez más, debemos tomar conciencia y actuar como mujeres llamadas a dar vida, siempre y en todo tiempo. Y el dar vida no es exclusivo para nosotras, también los hombres están llamados a ello.
En América Latina y el Caribe, se viven proyectos inspirados en esta buena orientación: Escuchar a Dios donde la vida clama. Nuestra revista puede ser parte consciente de este modo de vivir la misión propia de nosotras, mujeres, hechas esencialmente para dar vida.
Escuchar a Dios donde la vida clama es una invitación personal y comunitaria para releer el Paso de Dios en medio de situaciones que cada vez se hacen más normales, no obstante, en ellas hay que saber encontrar la vida que clama y no debe perderse en tanta cultura de muerte.
En nuestra región, existen muchas realidades que nos resultan similares, por ejemplo: las familias separadas, las disfuncionales, el promedio de edad adulta, las soledades, las migraciones, las tratas, las drogas, el alcoholismo, la pobreza, y otras cuyos nombres andan por ahí…, como que las murmuras, lo cual no quiere decir que no sean reales. Y lo peor es que existiendo, no las tengamos en cuenta.
Una de esas realidades es el tema de la soledad, muy presente hoy en nuestras comunidades y en nuestro pueblo debido a diversas causas:
éxodo de hijos y nietos, envejecimiento poblacional, viudez, aumento de personas divorciadas, madres solteras u otras situaciones. He conversado este tema con amigos y nos asalta la misma preocupación: frente a esta realidad ¿qué podemos hacer?
¿Qué podemos hacer para encaminarnos a las etapas de soledad que al decir de nuestros abuelos, llegan por ley de la vida? ¿Cómo puedo y deseo vivirla para que sea una soledad habitada de amor y esperanza, donde la vida continúe y la persona pueda seguir actuando en su medio, experimentando que continúa siendo parte activa y valiosa?
La soledad es muy propicia a la cultura de la muerte; la persona se va aislando y van llegando los pensamientos sombríos, los pesimismos, las depresiones y los pensamientos que se convierten en voces que claman: “ven, escúchame, ayúdame a no sentirme solo, abrumado por tantos pensamientos negativos”.
Vivimos en sociedad pero en muchas ocasiones hablamos más del pasado que del presente y recordamos más a los muertos que a los vivos. Ello es debido a la carencia de proyectos que generen vida, y por tanto esperanza. Pero recordemos la Palabra de Jesús: “He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” Juan 10,10. Ella viene especialmente dirigida a ese tiempo de la existencia que se vive en soledad. Jesús prueba con su Resurrección que su Reino es de Vida, de Amor y de Esperanza. La soledad debería ser vivida de manera más positiva y valorarla como parte de una etapa de la vida que permite recordar con gratitud tanto bien vivido, recibido, otorgado. ¿Quién no ha hecho nada de valor por sus seres queridos, por sus vecinos, por sus compañeros de trabajo u otras personas? Tal pareciera que con la soledad uno pierde el sentido de todo lo bueno realizado o recibido como don gratuito. Por ello es tan importante vivir conscientes de que debemos estar en busca de habitar esa soledad y rodearnos de las personas con mente y palabras positivas así como tener proyectos entre manos. Se impone llenar nuestro ser del Dios del Amor y de la Esperanza, soledades habitadas por la Palabra de Dios que muestra el camino de vida. Escuchar a Dios, su palabra, su gente, ellas serán la inspiración y el camino.
¿Cómo podemos ayudar a los que viven en soledad y ayudarnos nosotros mismos?
Para estar allí donde pesan las soledades debemos ser creativos. Un telefonazo, un favorcito, una compañía, una comidita, un trabajo en la comunidad, hacerlos sentir útiles y derramar amor en nombre del Dios que nos ama personalmente. Qué nos cuesta decirles a esas personas solas: eres un tesoro, eres valiosa, eres especial. Recordemos que Jesús era especialista de gestos y palabras.
En este nuevo año de las Madres y los Padres celebremos todo el amor recibido y compartido, demos gracias a Dios y a María por nosotros y por los otros. Regalemos más amor y esperanza. Multipliquemos la gratitud, las bellas palabras, revitalicemos nuestro medio ambiente y la persona como su centro. Regalemos plantitas de flores como signos de presencia, de proyecto futuro. Hacerla crecer es un desafío para las soledades. Y ponle una tarjetica escrita llena de amor y de esperanza. Colócale, además, estas Palabras de Jesús, escoge una de ellas:
“He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” Juan 10,10.
“Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo” Mateo 28, 20b