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Emilia Casanova, una vida al servicio de la libertad de Cuba.


Por: Caridad Zayas


En ocasiones, he escuchado la siguiente frase: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer“ y ello se cumple fehacientemente en el caso de Emilia Casanova Rodríguez, esposa del escritor Cirilo Villaverde, autor de la novela Cecilia Valdés.

Esta tenaz e incansable activista del movimiento independentista de la comunidad de exiliados cubanos en New York, nació en Cárdenas, Matanzas, el 18 de enero de 1832. Hija de los acaudalados hacendados Inocencio Casanova y Petrona Rodríguez, nunca compartió las opiniones conservadoras de su padre.

La osadía y la pasión fueron rasgos distintivos de la personalidad de esta mujer que muy joven dio muestras de su temperamento cuando, en un banquete donde se encontraban presentes autoridades españolas realizó un brindis por la libertad de Cuba del poder colonial o cuando emocionada juró, al ver a Narciso López izar la bandera de la estrella solitaria en su ciudad natal, consagrar su vida para lograr la libertad de su patria.

En 1852, Emilia Casanova viajó a los Estados Unidos junto a su padre y dos hermanos. Ello le permitió conocer a la comunidad cubana exiliada en New York. En Filadelfia, conoció a Cirilo Villaverde y poco tiempo después contrajeron nupcias. La pareja decidió radicarse en New York y de manera muy activa se involucran con la causa, convirtiéndose en figuras conocidas e influyentes entre los emigrados cubanos.

Como a las mujeres se les negaba la filiación a clubes políticos, Emilia de Villaverde, en respuesta a esta barrera, fundó La Liga de las Hijas de Cuba el 6 de febrero de 1869. Esta organización desempeñó un importante papel en la recaudación de fondos para los soldados del ejército libertador durante la Guerra de los Diez Años. Y no solo ello, fue la primera mujer cubana a la que se le concedió el derecho de dirigirse al Congreso de los Estados Unidos para hablar sobre el apoyo a la independencia de Cuba y lo hizo en más de una ocasión. No conocía el descanso, recogía fondos para los insurrectos también en Nueva Orleans, rifó sus más valiosas joyas para enviarle su producto a Céspedes y a otros líderes iniciadores de la gesta. Con el propósito de aumentar la visibilidad internacional de la lucha por la independencia escribió cartas a personalidades del mundo, entre ellas a Giuseppe Garibaldi. Y también a Capitanes Generales en aras de denunciar la conducta improcedente de los representantes de la Metrópoli española. Sus numerosas cartas a los principales jefes de la revolución, sobre todo a Carlos Manuel de Céspedes, plenas de patriotismo, develan sus sentimientos y firmes convicciones. Entre los años 1869 hasta 1876 escribió a favor de la independencia en el periódico América Latina y los enviaba después a distintos sitios del continente en la búsqueda de colaboradores para la causa. Alcanzó tal notabilidad esta luchadora que con el objetivo de destruir su imagen en la prensa pro española oficialista con frecuencia aparecía caricaturizada.

En New York, sin dejar de luchar un momento por la liberación de la Isla, falleció esta valerosa mujer, el 4 de marzo de 1897. Sus restos permanecieron enterrados en el Cementerio de St. Raymond en el Bronx hasta el año 1944.

Gracias al empeño de su hijo Narciso fueron trasladados a Cuba donde reposan al lado de la tumba de su esposo en el Cementerio de Colón de La Habana.

Resulta significativo destacar que al conocer José Martí el deceso de Cirilo Villaverde escribió en el periódico Patria una hermosa valoración de su figura y en él también exalta a su compañera Emilia Casanova. El Apóstol señaló:

De su vida larga y tenaz de patriota y escritor útil ha entrado en la muerte…el anciano que dio a Cuba su sangre, nunca arrepentida, y una inolvidable novela…en el Norte vivía Villaverde pero donde había letras en Cuba o quien hablase de ellas, su nombre era como una leyenda. En el Norte vivía él, con el consuelo de amar y venerar y verle de cerca la noble pasión, a la cubana que en el indómito corazón lleva toda la fiereza y esperanza de Cuba, y en los ojos todo el fuego, y el mérito todo de la tierra y gracia de su magnífica palabra: a su compañera célebre, Emilia Casanova. Cuba, que no olvida a quienes la aman, lo recibía, en sus visitas de salud, con orgullo y agasajo.

…Ha muerto tranquilo, al pie del estante de las obras puras que escribió, con su compañera cariñosa al pié, que jamás le desamó la patria que él amaba …