La hora de los padres y los maestros
Por: Antonio Miguel Fontela
En los primeros días del presente curso escolar cubano circuló en Facebook la fotografía de una maestra junto a un pizarrón donde presuntamente ella había escrito: “Bienbenidos”.
En los primeros meses del 2020 se produjo un suceso trascendental que cambió nuestra cotidianidad de una manera radical y sorpresiva: la llegada a nuestro país del virus de la Covid-19.
La pandemia ha puesto en jaque a grandes sectores de nuestra población. Entre los más afectados se encuentran los ancianos, los niños y quienes padecen diabetes mellitus, asma, deficiencias cardíacas, renales, hematológicas o hepáticas, entre otras.
También se han visto afectadas por el aislamiento forzoso, las clases presenciales de todo el sistema nacional de enseñanza.
El Ministerio de Educación ha organizado las teleclases para todos los grados a través del canal educativo. En tanto que el Ministerio de Educación Superior ha instrumentado las clases a distancia a través del novedoso Entorno Virtual de Enseñanza Aprendizaje (EVEA) que permite la interrelación entre profesor alumno en ambos sentidos.
Un EVEA es una plataforma web utilizada para administrar, distribuir, realizar las tareas de seguimiento y evaluación de todas aquellas actividades involucradas en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Esta plataforma brinda respaldo digital a las propuestas de formación diseñadas por instituciones educativas de distintos niveles y de diversos ámbitos.
Los cursos a través de este entorno suelen estructurarse en etapas sucesivas de estudio y evaluación, apelando a recursos diversos como aplicaciones informáticas, lecciones y actividades para fomentar el intercambio y la interacción.
Permite editar páginas con contenido multimedia (imágenes, vídeo, audio, animaciones, expresiones matemáticas); incorpora registros para el control estadístico de las actividades desarrolladas, incluyendo las calificaciones y, además, permite el desarrollo del auto aprendizaje y aprendizaje colaborativo de los estudiantes.
Un EVEA es un “aula sin techo ni paredes”, diferente del aula tradicional, presencial. Dadas sus características, ofrece flexibilidad a sus participantes, que acceden a él desde nodos de interacción distantes y en tiempos diversos.
Además, permite crear y desarrollar comunidades de aprendizaje para relacionarse a través de variados lenguajes y de manera colaborativa. De este modo, un EVEA se presenta como un ámbito para promover el aprendizaje a partir de procesos de comunicación multidireccionales (docente-alumno; alumno-docente y alumnos entre sí).
A pesar de las ventajas que brinda EVEA, nuestro claustro, salvo extraordinarias excepciones, no domina aún a plenitud las posibilidades educativas de este recurso virtual debido, entre otras cosas, a que todos los docentes fueron tomados por sorpresa.
La suspensión de las clases presenciales y el cierre de la universidad por un tiempo mucho mayor que el supuesto el 23 de marzo del 2020, no permitió una adecuada asimilación por parte de los profesores de las prestaciones de este recurso educativo, deficiencia que se ha ido superando con el desarrollo del curso virtual.
Los alumnos por su parte, a pesar de que dominan Whatssap, Telegram, Facebook, Messenger y otros programas sociales, desconocen también las posibilidades de EVEA y adolecen de marcadas deficiencias en cuanto a utilizar los programas Word, Pdf, tomar fotos, etc. Ello obstaculiza la edición correcta de sus respuestas en los exámenes que deben enfrentar a distancia.
A pesar de que son gratuitas las conexiones a EVEA para los profesores y alumnos, las usuales deficiencias de conexión por datos o Wifi hacen que aumente la dificultad del curso.
En estas condiciones, los profesores han de brindarles a sus alumnos todas las vías posibles de localización para evacuar las dudas, es decir, números de los teléfonos fijo y móvil, correo electrónico, teléfono del departamento correspondiente, con el objetivo de que el alumno “sienta” la presencia del maestro, aunque no lo conozca.
A su vez, los educandos deben dedicar un tiempo mayor al estudio de las conferencias, clases prácticas y cualquier otro documento de consulta orientado por los profesores.
Este incremento del tiempo dedicado al estudio individual constituye quizás el mayor escollo en este método de enseñanza.
Otro aspecto que debe mejorar el estudiante es el dominio del programa Word para ser capaz de responder con claridad las tareas y exámenes que se le apliquen.
Son pocos los alumnos capaces de utilizar con acierto las bondades de este programa. Escasean quienes pueden escribir una expresión matemática mediante la utilización del editor de ecuaciones de Word y sepan cómo insertar un símbolo “extraño” en el documento.
Por lo general, el estudiante redacta a mano las respuestas del temario, las fotografía con el móvil y luego las envía al profesor en formato jpg. Otros hacen lo mismo, pero la imagen obtenida la imprimen de modo virtual y crean un documento pdf.
El método no es malo, especialmente cuando no se tienen otras opciones a mano, pero presenta el inconveniente de que, en muchos casos, el resultado es ilegible y… ¿cómo puede un profesor calificar una respuesta que no puede leer?
Los padres deben motivar a sus hijos en la utilización del Word, especialmente ahora que los jóvenes no cuentan con la presencia física del maestro.
En esa nueva normalidad que se avecina, debemos preparar a los estudiantes a asistir a un aula que, aun desprovista de techo y paredes, demanda un esfuerzo superior al que estaba acostumbrado.
Le toca a la familia entrenar a sus hijos en el uso de los programas mencionados para que a la hora del examen no presencial pueda confeccionarlo y vencerlo sin dificultades.