A cambiar nos llaman
Por: María Amelia González.
Nunca ha sido más socorrido el refrán: A grandes males grandes remedios, ya que a veces no nos damos cuenta de la actitud proactiva y las potencialidades que el ser humano tiene aunque no confiemos en esa fuerza resolutiva que todos tenemos. La modernidad y los avances en todos los frentes nos han propiciado un confort y un deseo en ocasiones desmedido de posesión y tenencia de bienes materiales que nos hacen desdeñar y minimizar otros aspectos de la vida realmente enriquecedores.
De un día para otro nuestra vida cambió y de hace un año a la fecha nuestras rutinas y cotidianidad se han complicado. Nuestra primera reacción ha sido la queja, la comparación, el miedo y la amargura. Sin embargo las carencias, la precariedad y la necesidad nos han abocado a buscar mecanismo de sobrevivencia a retomar hábitos perdidos y para bien o mal nos obligan a cambiar de mentalidad.
Hay una serie de aspectos que debemos sacar como saldo positivo de esta etapa de Covid, reordenamiento, aislamiento y desequilibrio de la vida cotidiana. Esta situación atípica nos ha obligado a reordenar nuestras ideas y comportamientos. Se vive más en familia, nos sentamos a la mesa, se dividen las tareas, se coopera más a nivel familiar se interactúa entre generaciones, viendo programas juntos e intercambiando ideas, contamos historias y anécdotas familiares, celebramos fechas importantes con austeridad pero con alegría y gratitud de estar todos unidos y con salud ayudamos a los más jóvenes en sus tareas escolares y retomamos principios y reglas de convivencia que habían palidecido. En muchas casas se han desempolvado juegos de mesa y sobre todo se ha aprendido a darle importancia al papel de cada miembro en la familia valorando con agradecimiento la responsabilidad, la unión y el amor filial.
Nuestros hogares se han convertido en iglesias domésticas se ora, comparte y vive con un sentido evangélico fortaleciendo nuestra fe individual y grupal. Se hacen grupos de oración y apoyo, se comparten lecturas, mensajes, jornadas de oración ya sea por teléfono fijo o móvil estamos pendientes unos de otro y valoramos nuestra comunidad y los hermanos en la fe .Nos ha obligado a hacer uso de la tecnología no solo por el teletrabajo o trabajo a distancia sino para comunicarnos con nuestros seres queridos y amigos que no están con nosotros. Incluso a hacer pagos y operaciones que nos permiten no salir de casa ni hacer grandes colas en bancos u oficinas e incluso compras.
Al principio nos sobresaturábamos de información y la angustia, la ansiedad y la depresión nos paralizaban cometiendo errores en el cuidado y precauciones lógicas. Aprendimos a estar informados y a deslindar las falsas noticias codificando con sentido común lo que nos llega por diversas vías. No podemos permitir que las noticias y comentarios nos afecten y desestabilicen.
Somos más solidarios, retomamos el antiguo hábito del ahorro, llevar a punta de lápiz los gastos, reorganizamos las actividades y suministros y en lo posible se ha potenciado la creatividad para satisfacer las necesidades básicas y palear las carencias. Muchos han vuelto a sembrar en patios y macetas plantas para condimentar, medicinales y alguna que otra calabaza y ajíes. El reciclaje y búsqueda de utilidad de las cosas nos ha hecho reorganizarnos y ser más funcionales.
Al contrario de lo que pensábamos este 2021 está más complejo lleno de incertidumbres pero esto no nos puede limitar nuestra esperanza y confianza en Dios. Si flaqueamos retomemos los versos de Santa Teresa de Ávila:
…Con la paciencia todo se alcanza
Quien a Dios tiene nada le falta
Solo Dios Basta.