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Las Estaciones



Por: Mirta Romero


Como todos sabemos, estamos viviendo tiempos muy difíciles, llenos de zozobras, desazón y angustias, en una constante y diaria preocupación porque no se sabe ciertamente qué nos deparará la vida al día siguiente. Entonces, inmersos como estamos en esta vorágine de acontecimientos -ya casi suman dieciséis meses- nos hemos olvidado un poco de otros aspectos de la vida, entre ellos, algo tan sencillo como las estaciones del año.

Ya casi se ha hecho costumbre pasar por alto estos cambios de la naturaleza que tienen una altísima influencia en nuestro cuerpo y nuestra mente, en nuestras emociones y esencialmente en nuestro ser porque ellos conforman un encadenado ciclo de autorregulación y equilibrio. Cuando ellos van cambiando, también nosotros cambiamos.

Posiblemente, ustedes se han preguntado alguna vez en qué estación se sienten mejor y como existen preferencias, los invito a dar un paseo por cada una de ellas.

La primavera se extiende desde marzo hasta junio y con ella rompe el primer verdor. Es el tiempo donde todo florece y se ve más hermoso. Es la exuberancia de la Naturaleza y el momento de crear y sembrar, elaborar y emprender nuevos planes, el de abrir las puertas. Se llenan de flores silvestres los campos y las dalias y margaritas adornan los jardines. En esta estación prevalecen los colores claros y nos arropan telas suaves, delicadas y frescas. Ella representa lo nuevo, la juventud. Es un tiempo donde el espíritu se alivia y se demuestra tal como es.

Llega el verano -de junio hasta agosto- la más cálida de todas las estaciones. Sus días son más largos y las noches cortas. Su energía lleva a la relajación y el reposo, se suelta un poco el orden, el rigor y la disciplina. El calor nos lleva al exterior, se busca el mar como alivio, estamos más expuestos en la ropa y la conducta. Nos damos permiso para hacer otras cosas, el fuego del sol cae directamente y nos parece que nunca se acaba de marchar. En algunas representaciones podemos ver esta etapa del año con una hoja de trébol en la mano, vestida de amarillo con un manto azul celeste, a los pies un cuerno de la abundancia rebosante de toda especie de granos y frutas.

Se dice que el verano es el tiempo de las novias y también el momento perfecto de la maternidad. Prevalece el color blanco en sus gamas preciosas, pero también los colores del fuego: rojo, amarillo, naranja. El cuerpo se descubre y hay un estrecho abrazo entre la piel y el sol, entre rosas y gladiolos.

Viene el otoño, una época templada que va de septiembre a noviembre, simboliza el sol que se oculta en la tierra. Es un tiempo de organización que nos invita a volver sobre nosotros. Como característica observamos que el viento sopla con un poco más de fuerza y los árboles sueltan sus hojas para un tiempo después renovarse.

En el otoño llega la madurez de la mujer que ha desarrollado y echado sus raíces y sobre su tronco crecieron ramas y hojas que a su vez dieron flores y frutos. Es la estación de las cosechas. Reina el verde amarillento y los ocres en los campos y en todo alrededor hay una danza perenne de girasoles y mariposas.

Se presenta el invierno de diciembre a febrero. Nos recogemos en el hogar como en nosotros mismos porque los días son cortos y las noches largas y precisamos conservar el calor interno. Es tiempo de unión familiar, de hacer nuevos planes para el futuro y de dar y recibir felicidad por el regalo de la existencia.

Para la mujer, es el invierno un tiempo de reposo y recolección. Ya amó y sembró, ahora es, generalmente, su momento de paz y disfrute de lo mucho que le entregó a la vida. También es, en alguna medida, la etapa de la elegancia en el vestir, de los colores oscuros compartidos entre la alegría de la flor de pascua y la siempre finísima orquídea.

Nos despedimos de las estaciones con un fragmento de una de las tantas bellas composiciones del poeta hindú Rabindranath Tagore:

“Apartado del transitar de las estaciones, mi corazón no conocía reposo… pero hoy he recordado la importancia de celebrar contigo lo bella que aún puede ser la vida”