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Cómo ser hoy testigo y anuncio de la resurrección y la vida

 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)

En este año 2021, la Pascua de Resurrección cobra aún más significado que el anterior cuando apenas comenzaba a extenderse por el mundo la Pandemia de la COVID-19, y las cifras de contagios y muertes ya nos parecían alarmantes y preocupantes; sin olvidar los miedos paralizantes que hicieron morada en nuestros corazones, en nuestras vidas. Un año después cada vez que escuchamos el parte diario de la multiplicación de la pandemia, no dejamos de sentirnos pobres, indefensos, vulnerables, expuestos a ser uno más en esas largas listas sin nombres, solo números incontenibles.

Como acostumbro a decir, la Madre Iglesia, en su sabiduría, nos regala el tiempo Pascual para hacernos tomar conciencia y profundizar, cada vez más, en el gran misterio de nuestra fe: la Resurrección de Jesús. Es una invitación a releer la rica Palabra de Dios en el contexto del hecho fundamental. Sí, la Resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra creencia. “Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe” (1Co 15,14) lo dijo convencido San Pablo. La Palabra es camino para el Encuentro con el Resucitado, como lo encontraron los discípulos de Emaús.

En una reunión de formación parroquial, compartía con la comunidad reunida lo esencial de nuestra fe. Cuando llegué al tema de la Resurrección, grande fue mi sorpresa cuando una persona adulta, católica de toda la vida y comprometida con la comunidad cristiana, me dijo: “Pero, hermana, usted cree de verdad en la Resurrección, pues yo no lo creo…” Como supondrán, no he olvidado ese momento. Y claro está, me ha servido también para preguntarme si en mi vida reflejo que creo en la resurrección de Jesús y la nuestra. También he tratado de que muchos encuentren y crean en Jesús Resucitado y en nuestra resurrección. No es Jesús a secas, es el Resucitado.

“Yo soy la resurrección y la vida”. Estas estas palabras pertenecen al relato de la Resurrección de Lázaro. Jesús dice claramente Yo soy la resurrección, no es otro, es Él, el enviado del Padre en quien se cumple la promesa de la Salvación universal. No ha habido otro, ni lo habrá. Es Él. Qué maravilla encontrarlo hoy, contemplarlo resucitado y observar el cambio en nuestra vida.

Dios que vive nos llama a la vida eterna. De un extremo a otro de la Biblia un sentido profundo de la vida en todas sus formas y un sentido muy puro de Dios nos revelan en la vida, que el hombre persigue con una esperanza infatigable un don sagrado, en el que Dios hace brillar su misterio y su generosidad. En Jesús está la verdadera y total Vida: Poseía la vida desde toda la eternidad (Jn 1,4). Encarnado, es “el Verbo de la vida (1Jn 1,1), dispone de la vida en plena propiedad y la da en superabundancia (10,10). Él es el “camino, la verdad y la vida” (14,6); “la resurrección y la vida” (11,25). “Luz de la vida” (8,12), da un agua viva que en el que la recibe se convierte en “una fuente que brota en vida eterna” (4,14). “Pan de vida”, al que coma su cuerpo le otorga vivir por él, como él vive por el Padre (6,27-58) que supone la fe “el que viva y crea en mí, no morirá” (11,25 ss.). La Cultura del Encuentro parte de la experiencia personal con Cristo Resucitado. Me pregunto ahora, cómo anda mi tú a tú con el Resucitado.

Cómo ser hoy testigo y anuncio de la Resurrección y la Vida.

“Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mt 22,32). Existen muchas corrientes de todo tipo en el mundo -están también entre nosotros- que representan la Cultura de la Muerte: lenguajes, difamaciones, exclusiones, abortos (embarazos no planeados e/ 2015 y 2019, 121 millones, el 61% terminó en aborto = 73 millones por año, (tomado de guttmacher.org), asesinatos, hambrunas (en el mundo, 690 millones en 2019, (tomado de la OMS); migraciones, guerras. Hay muchas otras formas sutiles y contrarias a la vida: la sustitución del modelo de familia, la despersonalización, la masificación, muchos tipos de violencia a niños y mujeres, la xenofobia. En fin, cada cual puede reconocer cómo nos hemos alejado del encuentro con el resucitado, frente a todo ello, estamos invitados a escoger la Vida, si queremos ser testigos y anuncio del resucitado.

Nosotras, desde nuestro ser de mujer, creemos y optamos por la Cultura de la Vida gracias a la Resurrección de Jesús. Somos sus testigos y lo anunciamos a tiempo y a destiempo, en todos los lugares, con todas las personas que se crucen en nuestro caminar diario, y mucho más aún en medio de esta pandemia, cobradora de tantas vidas. Jesús le dice a Marta, tu hermano resucitará… Yo soy la resurrección y la vida. La resurrección de los muertos, la maravillosa esperanza de todos los cristianos y la humanidad. Cuánta vida y esperanza podemos acoger y compartir para darle sentido a tanto sin sentido actual.

“Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, Durante muchos días se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros les anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. (Hechos 13, 30-33). Esta es nuestra fe y por ello damos infinitas gracias.

Jesús anuncia la vida, el cura y devuelve la vida, como si no pudiera tolerar la presencia de la muerte: “si hubiera estado allí Lázaro no hubiera muerto” (Jn 11, 15.21). Él vuelve la vida a varios difuntos por los que habían venido a suplicarle: la hija de Jairo (Mc 5, 21’24), el hijo de la viuda de Naím (Lc 7,11-17), su amigo Lázaro (Jn 11).

Cuánto hemos valorado el valor de un médico y el del personal de la salud. Ellos batallan por devolver la vida, luchan por la vida de sus pacientes. Hay profesiones donde se ve claramente el valor de la vida. “ Lo arrancaron de los brazos de la muerte”, cuánto hemos escuchado esas palabras desde el Antiguo Testamento.

A partir de la Palabra de Dios: “Yo soy la resurrección y la vida”, redactamos nuestro Credo personal que quiere ser, a la vez, testimonio y anuncio. Y rezamos:

Cristo Salvador, que en tu resurrección anunciaste la alegría a las mujeres y a los apóstoles y salvaste al mundo entero, conviértenos en testigos del Dios viviente. Tú que has prometido la resurrección universal y has anunciado una vida nueva, haz de nosotros mensajeros del Evangelio de la vida.

El mes de mayo, mes de María, de las Flores, cobija el Día de las Madres, qué hermosa coincidencia y junio, el mes del Sagrado Corazón, el de los Padres. Impregnémoslos de Vida Nueva y lo haremos con creatividad. Aprovechemos para dar GRACIAS por la Vida que nos dieron nuestros padres, por la que hemos dado y que se continúa en la Esperanza.

En este tiempo de pandemia recordemos el refrán popular: Mientras hay vida, hay esperanza…