Rescatando valores. Bendiciones de un anciano.
Reflexionando sobre esta imagen, cuántos valores podemos rescatar ayudando a otras personas: a nuestros hijos, vecinos, en fin, a todas los conocidos y más aún a los que no conocemos. Con nuestra acción humanitaria podemos darle a los ancianos alegría y mostrarles el amor que les tenemos. Es lo que tanto esperan de nosotros.
Bendiciones de un anciano
Dichosos los que me miran con simpatía y agrado,
porque no ven en mi un rostro inútil y viejo.
Dichosos los que comprenden mi lento caminar,
porque saben que poco a poco también se llega.
Dichosos los que estrechan mis manos temblorosas,
porque saben la importancia del calor humano.
Dichosos los que se interesan por mi y mis historias,
porque saben que vivo un presente lleno de recuerdos.
Dichosos los que me regalan parte de su precioso tiempo,
porque no se cansan de oír lo mismo repetidamente.
Dichosos los que comprenden mi necesidad de cariño,
porque saben que en eso, sin duda, todos somos como niños.
Dichosos los que se acuerdan de mi soledad y sufrimiento,
porque se acercan y acompañan sin que tenga que pedirlo.
Dichosos los que me alegran mis últimos días de vida,
porque sus hijos lo verán y harán con ellos lo mismo.
Dichosos los que me acompañaran en el momento de mi muerte,
porque es el mejor regalo, ya que nunca podré agradecerlo.
Dichosos los que guardan algo de mi, no de mis cosas,
porque ya solo existiré en ellos cuando se acuerden de mi.