NAVIDAD EN EL AÑO JUBILAR DE LA ESPERANZA
Por: Bernardeta Collazo, m.i.c.
“En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle:
«¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?». Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo”. (Mateo 18, 1-5).
Estamos llegando al final de este año 2025 tan especial para nuestras vidas por ser el año Jubilar de la Esperanza, convocado por el Papa Francisco, de feliz memoria, el tema está inspirado en las palabras de San Pablo a los Romanos 5, 5:
“La Esperanza no defrauda”.
Y el lema nos ha impulsado a vivir como: “Peregrinos de Esperanza”.
Recordamos que la Iglesia Universal proclama, un año jubilar cada 25 años. Es un año especial para animarnos a peregrinar, arrepentidos de nuestros pecados, perdonando a los ajenos y renovando nuestra vida espiritual. Esto viene de la tradición hebrea, como consta en el libro del Levítico, se celebraba un Jubileo cada 50 años con la liberación de esclavos y el perdón de deudas. En 1300, fue el papa Bonifacio VIII quien proclamó el primer Jubileo cristiano, y la Iglesia ha designado cada nuevo jubileo como un año especial de gracia y perdón, ofreciendo a los fieles la oportunidad de obtener indulgencia.
El Año Jubilar pues, nos remite al mismo Jesús, cuando dijo:
“si ustedes no cambian o se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”.
Vamos a mirar a Jesús desde su nacimiento quien siendo Dios se abajó, a nuestra condición humana, para que conviviendo en el mundo de su época tan difícil anunciara a todos sin distinción su Reino. La palabra Reino en el lenguaje cristiano nos lleva a recordar cómo es ese Reino, de amor, de paz, de justicia, de verdad, de vida, de felicidad, donde todos tienen las puertas abiertas. Y no son meras palabras cuando Jesús anuncia la llegada del Reino. Con su venida se hace visible el Reino y para que comprendamos bien qué hay que hacer para entrar en Su Reino, lo dice, tenemos que cambiar y hacernos como niños.
De qué vamos a cambiar, pues de todo aquello que nos impide ser transparentes, inocentes, sin complicaciones, y para ello nos queda aún un margen de tiempo antes de terminar este año Jubilar que concluye el día de 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía. La invitación de Peregrinar nos recuerda que quien peregrina va ligero de equipaje para poder facilitar lo arduo del camino. ¿Qué haremos para marchar ligero de todo peso? Es una de las invitaciones que se nos hace para poder llegar al final del Año con el Reino en el Corazón, con Jesús ocupando todo nuestro espacio interior. ¡Qué Felicidad!
Nos podemos preguntar al concluir esteaño,¿quéeslaEsperanza,enquién tenemos puesta nuestra Esperanza?
Les comparto este fragmento que encontré del *Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, durante su homilía en la Anunciación.: “Esperanza en Dios y No en el Hombre. «No debemos confundir la esperanza con la espera de tiempos mejores», señaló Si bien reconocemos nuestro profundo anhelo de un tiempo en el que reine la justicia y la paz entre la humanidad, la Palabra de Dios nos enseña que nuestra vida terrenal está llena de pruebas y sufrimiento. Sin embargo, nuestra esperanza reside en el Emmanuel, «Dios con nosotros», lo que significa que, incluso en las profundidades de nuestro dolor y nuestras pruebas, nunca estamos solos. Él está ahí con nosotros, nos ve, plenamente consciente de lo que cada uno de nosotros siente y nos fortalece para perseverar”.
¡FELIZ NAVIDAD Y BENDECIDO AÑO 2026!