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NOSOTRAS, Y LA ACERTADA ELECCIÓN DEL PAPA LEÓN XIV


 

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c

El ocho de mayo de 2025, llegó a nuestras vidas, la alegre noticia de que el Espíritu Santo y los Cardenales del Cónclave, habían elegido al nuevo Papa, sin olvidar a todos los que rezamos pidiendo a Dios una acertada elección. Su aparición nos sorprendió pues no nos era conocida su figura.

Esperamos en el borde del asiento, con gran expectativa, dispuestos a que anunciaran su nombre propio, y el nombre que había elegido. Creo que cuando dijeron¨: Papa León XIV, medio que nos paralizamos, pensando a dónde fue a buscar ese nombre…

De pronto caímos en la cuenta de que el Papa León XIII, había sido un gran Papa y que había marcado la Historia de la Iglesia, especialmente respecto al tema de la Doctrina Social. Fue entonces, que pudimos acomodarnos tranquilos en el asiento para escuchar sus primeras palabras. Y qué decir de la alegría en el rostro de los Cardenales que lo rodeaban. Se veía su gozo profundo por presentarnos al nuevo Papa.

Y dimos gracias por aquellas palabras de Jesús: "Yo no los dejaré huérfanos. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos".

Hacemos nuevamente memoria agradecida por el regalo que fue para la Iglesia y el Mundo, la persona de nuestro amado Papa Francisco, tan cercano a todos, especialmente a los de habla latina.

El Papa León XIV, nos desarmó con su emotiva mirada y sonrisa cercanas. Su primera alocución nos reveló quién era y cuáles serían algunas de sus prioridades para enrumbar la Iglesia y el mundo.

A continuación retomamos su Alocución primera para escudriñarla y que nos muestre quién es y cuáles son muchas de sus prioridades de vida y misión como Pastor Universal de la Iglesia Católica.

“¡La paz sea con todos vosotros!

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el buen pastor que dio su vida por el rebaño de Dios. Yo también quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, que llegara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz sea con ustedes!

Esta es la paz de Cristo Resucitado, una paz inerme y desarmante, humilde y perseverante. Viene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente. ¡Aún tenemos en nuestros oídos esa voz débil pero siempre valiente del Papa Francisco que bendijo Roma!

El Papa que bendijo Roma dio su bendición al mundo, al mundo entero, aquella mañana de Pascua.

Permítanme continuar con esa misma bendición:

Dios nos cuida, Dios nos ama a todos, ¡y el mal no prevalecerá!

Todos estamos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos de la mano con Dios y entre nosotros, avancemos. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para llegar a Dios y a su amor.”

(Vaticano, mayo 8 de 2025).

El Papa comienza con el tema mundial:

» La Paz: para todos, personas, familias, a todos los pueblos, a toda la tierra, a los corazones. Nos recuerda a Jesús Resucitado, cuando se le apareció a los suyos.

» La Fraternidad: con un sentido calor humano: queridos hermanos y hermanas.

» Su fe en CRISTO RESUCITADO, buen pastor.

» Dios nos ama: a todos incondicionalmente, nos da su paz.

» Continuidad en el papado: con el Papa Francisco y la bendición de Roma y al mundo.

» EL MAL NO PREVALECERÁ: Como diría San Pablo, “vence el mal, a fuerza de bien”.

» TODOS ESTAMOS EN LAS MANOS DE DIOS: Providente, “no abandones la obra de tus manos”. “No temas, estoy contigo”.

»SIN MIEDO, AVANCEMOS: Unidos con Dios caminemos unidos con los otros, peregrinos, vamos hacia Dios. Nos recuerda la SINODALIDAD.

» DISCÍPULOS DE CRISTO: Seguimos sus Pasos, Peregrinos.

» MISIONEROS: Llevemos la Luz de Cristo para que la humanidad llegue a Dios.

Unos meses después, el 15 de agosto, en la Solemnidad de la Asunción nos dejó este gran regalo sobre la Virgen María, en el Encuentro de dos grandes Mujeres María e Isabel.

“La liturgia de esta fiesta de la Asunción nos presenta el pasaje evangélico de la Visitación. En este pasaje, san Lucas nos transmite el recuerdo de un momento crucial en la vocación de María. Es hermoso regresar a ese momento el día que celebramos la culminación de su existencia. Toda historia en la tierra, incluso la de la Madre de Dios, es breve y llega a su fin. Pero nada se desperdicia. Así, cuando una vida termina, su singularidad brilla con más fuerza. El Magníficat, que el Evangelio pone en labios de la joven María, libera ahora la luz de todos sus días. Un solo día, el del encuentro con su prima Isabel, contiene el secreto de todos los demás días, de todas las demás estaciones. Y las palabras no bastan: se necesita un cántico, que siga cantándose en la Iglesia, «de generación en generación» ( Lc 1,50), al final de cada día. La asombrosa fecundidad de la estéril Isabel confirmó a María en su confianza: prefiguró la fecundidad de su “sí”, que se extiende a la fecundidad de la Iglesia y de toda la humanidad cuando se acoge la Palabra renovadora de Dios. Ese día, dos mujeres se encontraron en la fe y pasaron tres meses juntas apoyándose mutuamente, no solo en cuestiones prácticas, sino también en una nueva forma de leer la historia.”

Qué luz nos da el Papa León cuando habla de Encuentro en la fe, de apoyo mutuo, y de una nueva forma de leer la historia. Nos invita a mirar con los ojos de Dios la historia presente y futura, es un gran reto para nosotros en estos tiempos. Y nos invita a continuar como Iglesia el Cántico de María, el Magníficat.

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”.