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NAVIDAD TIEMPO PARA HACERSE NIÑO


 Por Diácono Angel Alvarez

Queridos lectores de esta publicación con quienes tengo el placer de reflexionar en este tiempo de Adviento y Navidad.

Cuando comienza el Adviento me resulta difícil sustraerme al ambiente navideño que se aproxima. La Navidad crea en todas partes un clima especial, de alegría, de apertura al otro, incluso de una ingenuidad algo infantil.

Durante estas fiestas nos sentimos como niños. No sólo recordamos con más fuerza los años de nuestra infancia, sino que casi sentimos la necesidad de cantar, de felicitarnos, de vivir con mayor cordialidad.

Queremos acercarnos con una sonrisa, incluso a aquellos con quienes estamos distanciados.

Creo sinceramente que este paréntesis navideño puede hacernos mucho bien, si comprendemos su verdadero sentido.

La vida por diversas razones se ha vuelto triste, tensa, a veces hasta agresiva, apenas si logramos sonreir con sinceridad o establecer relaciones cordiales…

Las tensiones se convierten en conflictos y los conflictos en tragedias, porque nos falta esa alegría, esa paz, esa ingenuidad que caracterizan estos días.

Si fuésemos capaces de convencernos de que vale la pena hacerse un poco niños, sencillos, alegres, ingenuos, puros y limpios de corazón.

Muchos enfrentamientos y tensiones desaparecerían o se aliviarían.

Nos está amargando la vida un exceso de orgullo, de egoísmo y ambición y aunque esta vida puede ser ciertamente un valle de lágrimas, no debería convertirse en una mazmorra.

El niño sonríe con una caricia, se consuela con una muestra de cariño, aunque llore con facilidad, también sabe sonreir entre lágrimas, sabe olvidar rápido lo que le dolió.

El Hijo de Dios quiere hacerse niño para mostrarnos con su ejemplo la importancia de esas virtudes infantiles, que muchas veces despreciamos por considerarlas incompatibles con la seriedad adulta y sin embargo ellas podrían darnos la paz que tanto necesitamos.

Por eso Jesucristo nos dijo que debemos hacernos como niños, si queremos entrar en el Reino de los cielos.

De nosotros depende hacer la vida más amable, más cordial, más luminosa.

Es justo que durante estas fiestas dejemos que la alegría de este hecho histórico nos invada.

Acerquémonos a ese Niño recién nacido que nos ofrece la paz.

Aquel que siendo el HIJO DE DIOS, quiso mostrarse débil y pequeño, para enseñarnos el valor de la humildad y la fraternidad verdadera. Si nosotros los cristianos, fuéramos instrumentos de alegría, de perdón, de sencillez y de servicio, podríamos ofrecer al mundo un testimonio de luz y esperanza.

La vida merece vivirla. Es un don que Dios nos ha dado, llena de posibilidades.

Puede ser alegre, incluso en medio de las penas,si se vive para hacer felices a los demás.

Puede ser tranquila, si logramos sustituir el egoísmo por el amor.

Un Niño nos ha nacido. Ha convertido la oscuridad en luz, la noche en una NOCHE DE PAZ, ha abierto para nosotros horizontes de alegría, de esperanza, de eternidad. Dios quiere que seamos más felices en estos días santos.

Que la felicitación que nos damos mutuamente florezca en nuestros corazones, fortaleciendo nuestra esperanza.

Que el Canto de los Ángeles en esta noche bendita sea un estímulo para convertirnos en apóstoles de la alegría.