Algunas veces pensamos que la pobreza es sólo tener hambre, frío y un lugar donde dormir. La pobreza de no ser reconocido, amado y protegido es la mayor pobreza. Debemos comenzar en nuestros propios hogares a remediar esta clase de pobreza.
Hay más hambre en el mundo por amor y por ser apreciado, que por pan.
No estoy completamente segura de cómo será el cielo, pero sí sé que cuando muramos y llegue la hora de que Dios nos juzgue, Él no preguntará cuántas cosas buenas has hecho en tu vida; más bien preguntará cuánto amor pusiste en lo que hiciste.
Pienso que hoy el mundo está de cabeza, y está sufriendo tanto porque hay tan poquito amor en el hogar y en la vida de familia. No tenemos tiempo para nuestros niños, no tenemos tiempo para el otro, no hay tiempo para poder gozar uno con el otro.
Cada vez que sonríes a alguien es un acto de amor, un regalo a esa persona, una cosa hermosa.
Ten fe en las pequeñas cosas, porque es en ellas que reside tu fuerza.
Mucha gente confunde nuestro trabajo con nuestra vocación. Nuestra vocación es el amor de Jesús.
No nos sintamos satisfechos sólo por dar dinero. El dinero no es suficiente. El dinero se puede conseguir, pero ellos necesitan que vuestros corazones los amen. Por lo tanto, derrama tu amor en todos los lugares por donde camines.
El amor comienza en el hogar; el amor vive en los hogares y esa es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy... Todo el mundo hoy en día parece estar en tan terrible prisa, ansioso por desarrollos grandiosos y riquezas grandiosas y lo demás, de tal forma que los niños tienen muy poco tiempo para sus padres. Los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo.
No pienses que el amor, para ser genuino, tiene que ser extraordinario. Lo que necesitamos es amar sin cansarnos.