Por: Ada Rabelo.
Hace ya veinte siglos que los hombres, en el último mes del año, se unen en común sentimiento de fe y voluntad cristiana para celebrar la Navidad.
Las costumbres navideñas, tal como las conocemos hoy, son de diversos orígenes y la mayoría se remonta a los tiempos del paganismo, es decir, a los siglos que precedieron al nacimiento de Cristo.
Cuando las culturas y tradiciones de los distintos pueblos se fusionaron, muchas de las costumbres paganas se introdujeron en las cristianas, es por eso que hoy tenemos árbol de Navidad, usamos guirnaldas e intercambiamos regalos.
El Nacimiento y los Villancicos deben su origen a San Francisco de Asís. Él fue el primero que en la nave de una la iglesia, en el año 1224, al representar el drama litúrgico de la Natividad, utilizó animales vivos, de ahí el génesis del Nacimiento. También bajo su influencia se escribieron los primeros Villancicos en los que se trataba un tópico con relación al nacimiento de Jesús, acompañados de una melodía familiar y alegre, porque en su opinión los primeros cánticos y letanías eran demasiados solemnes y teológicos para el uso popular.
Se llamó Villancicos en la Edad Media a cierta forma de poesía popular española compuesta por un estribillo inicial seguido de una o más estrofas al final de las cuales volvía a repetirse el estribillo. Los primeros eran corales que se cantaban a la manera responsorial alternando sus partes, cantando el coro el estribillo y el solista la estrofa. Hacia el siglo XVI pierde su primitiva forma y se convierte en un género polifónico, genuinamente español que tuvo gran importancia dentro de la polifonía profana del Renacimiento.
Algunos compositores españoles y latinoamericanos denominan “Cantos de Aguinaldo” a sus canciones navideñas, lo cierto es que: Villancicos, Noeles, Carols, Mañanitas, Aguinaldos, Posadas, son giros melódicos, ritmos y poesías populares; lo ingenuo hecho luz, gracia eterna del arte verdadero en función de un Dios hecho hombre que nos recuerda que ya está entre nosotros.
En Cuba al igual que en otros pueblos, la tradición de cantar en Navidad surgió como un proceso natural y espontáneo. El cultivo de estos cantos lo encontramos en los siglos XVIII y XIX introducidos por los compositores Esteban Salas y Juan París, ambos presbíteros de la Catedral de Santiago de Cuba. Luego, hasta muy entrado el siglo XX no se preocuparon nuestros músicos por el cultivo de esta forma simple y amada por los músicos españoles de los siglos XV y XVI. Pero en el año 1948 se le otorga al maestro cubano César Pérez Sentenat el Primer Premio del Concurso de la Canción Cubana por su obra “Tríptico de Villancicos”. Ya por entonces también Gisela Hernández había compuesto sus “Dos Villancicos Cubanos”.
Hoy en Cuba el género es poco cultivado por nuestros compositores, pero existen algunos que utilizando ritmos muy populares manifiestan el sentir religioso de un pueblo que cree y espera con alegría el nacimiento del Niño Jesús.
Como muestra de ello proponemos el canto navideño “Noche de fiesta cubana”, fruto de Paula Rita Cándida Coll Núñez, -Nena- una de las más prolíferas cultivadoras de la música sacra popular cubana; el villancico fue compuesto en julio del año 1965.
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