Evangelizar es la misión más importante de la Iglesia
Por: Eulalio Sosa

En repetidas ocasiones se ha dicho que la Evangelización es el eje transversal de toda la pastoral de la Iglesia, lo que significa que es tener siempre una dimensión misionera, una inspiración y un soplo misionero. Por ello, en la Catequesis de niños, adolescentes, jóvenes o adultos, en la atención a los matrimonios, a los enfermos; en la programación de nuestras actividades pastorales, se debía tener siempre este sentido misionero.
La Iglesia es, por naturaleza, misionera:
Dos mandatos principales nos dio Cristo:
1-“Ámense los unos a los otros como
yo les he amado” (Jn 13, 34-36)
2-“vayan y hagan discípulos entre
todos los pueblos, bautícenlos
y enséñenles a cumplir lo que
yo les he mandado y sepan que
yo estaré con ustedes, todos los
días hasta el fin del mundo.
(Mt 28, 19-20)
Para que esto suceda en cada uno de nosotros tenemos que estar bien convencidos de que la misión es como el alma de nuestra vida y brota de una especie de fuego interior, de una gran pasión por Cristo y su Reino. Pues, si una persona está bien enamorada de Cristo Jesús, con la mayor naturalidad del mundo tratará de aprovechar cualquier oportunidad para anunciar la Buena Nueva de Jesús y su Reino a los demás.
¿Qué es evangelizar?
El papa Juan Pablo II decía al comienzo de su Encíclica “La misión del Redentor”: “Desde el comienzo de mi ministerio apostólico, he tomado la determinación de viajar hasta los confines del mundo para dar a conocer la Buena Nueva de Jesús”.
Evangelizar es dar a conocer, a la maravillosa persona de Jesucristo y su Reino.
Ello quiere decir, anunciar, proclamar, gritar, testimoniar con todas nuestras fuerzas que en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado se ofrece la salvación a todos los hombres como don de la gracia y misericordia de Dios.
Al llevar el Evangelio a otras personas estamos cumpliendo la Misión que Cristo nos encomendó, todo aquel que lo anuncia se le llama Misionero. Todo bautizado está obligado a ser un misionero de Cristo. Ser misionero no es una elección, es la naturaleza misma de la Iglesia y esto forma parte de nuestro ser cristiano.
¿Por qué la Misión?
Porque a nosotros como a San Pablo, “ha sido confiada esta gracia de anunciar a los que no lo conocen la insondable riqueza de Cristo”. La novedad de la vida en Él es la Buena Nueva para el hombre de todos los tiempos. Todos los hombres están llamados y destinados a ello. La Iglesia no puede esconder ni guardar para ella esta novedad y esta riqueza recibidas de la Bondad de Dios. El Espíritu Santo es el protagonista de toda la misión eclesial. Así el envío en misión es un envío en el Espíritu.
Uno de los objetivos centrales de la misión es reunir al pueblo para la escucha del Evangelio, para la comunión fraterna, para la oración y la Eucaristía. Vivir la comunión fraterna significa no tener sino un corazón y un alma, instaurando la comunión en todos los puntos de vista: humana, espiritual y material.
¿Por qué la urgencia de la misión?
El número de los que no conocen a Jesucristo se ha casi duplicado desde el Concilio. Es urgente anunciar el Mensaje del Evangelio porque todas las personas y todos los pueblos tienen el derecho de conocerlo. La urgencia de la evangelización misionera es porque constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a todo hombre y a la humanidad entera en el mundo actual.
En la Exhortación Apostólica del papa Francisco “La Alegría del Evangelio”, invita a los fieles cristianos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría del anuncio del Evangelio. Aquí se realiza un estudio profundo sobre la Evangelización, tanto en sus contenidos como en sus formas, en el número 127 el papa Francisco nos dice:
“Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino”.
¡Dos mil años de cristianismo son bien cortos en la escala de la Historia y del universo!
“El hombre propone y Dios dispone”, dice el refrán popular. Quizás sea allí una manera de traducir el sentimiento de humildad y de confianza que experimenta el cristiano de hoy frente a este mundo nuevo que trata de nacer y frente al cual nosotros medimos mejor nuestra grandeza y nuestra pequeñez. Para los hombres y las mujeres de este mundo cambiante, los caminos inéditos, no siempre seguros, se abren al encuentro con Dios. Este Dios que en nuestro viaje nos invita a seguir sus huellas, sus enseñanzas, su vida. Este Dios que nos precede siempre.