La hora de la tarea
Por: Antonio Miguel Fontela
“¿Tienes tarea?”, es la pregunta con que los padres preocupados por la educación de sus hijos reciben a sus retoños al llegar de la escuela, y de este modo tan sencillo comienza “La Hora de la Tarea”, la cual está llena de obstáculos espinosos y regula, en la mayoría de los hogares cubanos, la dinámica familiar de lunes a viernes.
Padres, abuelos, así como otros allegados, toman parte en la solución de la tarea y, con demasiada frecuencia, sustituyen al educando en la confección del trabajo extraescolar con el objetivo de “ayudarlo” en una actividad que le suponen de imposible ejecución individual.
A veces, la tarea es motivo de verdaderas batallas domésticas cuando el alumno prefiere jugar con sus compañeritos sin priorizar, como debe ser, la ejecución de sus deberes escolares y los va posponiendo (con la anuencia de los mayores) hasta que llega la hora de dormir.
En ese instante, al final del día, cuando los padres no quieren reconocer que hace rato pasó la hora de la tarea, obligan al niño a hacerla, sin atender a que el muchacho está fatigado y con los párpados a punto de caer.
También puede suceder que el alumno difiera la realización de la tarea por ignorancia o por sentirse excesivamente presionado por sus padres o profesores y teme ser reprendido por no satisfacer dichas exigencias. La tarea extraescolar no puede ser, en ningún caso, sinónimo de regaños ni de castigos.
La tarea extraclase tiene dos actores cardinales con roles bien definidos: el profesor que la orienta y el alumno que la realiza. Si uno de ellos no se desempeña bien, la actividad extraescolar fracasa, aunque exista el correcto apoyo familiar.
Se denomina Tarea Extraclase a toda labor docente que se orienta para que se realice fuera de la clase que imparte el educador.
No es un instrumento de evaluación, sino un trabajo puramente académico que orienta el pedagogo para que el alumno lo desarrolle en un tiempo relativamente breve, fuera del aula y de la jornada escolar, en la casa, en la biblioteca, etc., con o sin ayuda de la familia, para después, mediante instrumentos bien definidos, evaluar lo asignado.
Las tareas extraclases se utilizan para determinar el nivel del dominio alcanzado por el estudiante en el desarrollo de las competencias cognitivas implicadas en los contenidos de la misma, contribuyendo de este modo a la formación y desarrollo de diferentes hábitos (orden, limpieza) así como habilidades y posibilitando su solidez.
Un aspecto muy importante de la tarea es que posee un carácter auto evaluativo, el cual le permite al estudiante conocer acerca de sus cualidades positivas, desenvolvimiento y potencialidades para el cumplimiento de sus deberes escolares, incluyendo, claro está, sus resultados académicos.
El profesor al elaborar la tarea extraclase debe tener en cuenta los siguientes pasos:
Formular los objetivos.
Determinar los contenidos que desea ejercitar (conocimientos, habilidades).
Confeccionar o seleccionar el texto de la tarea con todos los datos suficientes y necesarios, de manera que permitan la aplicación coherente de los contenidos impartidos.
Elaborar el sistema de preguntas que permitan el cumplimiento de los objetivos propuestos.
Preparar la orientación de la tarea como una actividad para tal fin.
También existen ciertas reglas que debe seguir el profesor para la orientación de la tarea -no son verdades absolutas-, que le posibilitan al alumno su correcta ejecución.
Primera regla: hay que prever el tiempo suficiente para su orientación. ¿Cuántas veces la tarea se orienta con premura? Cuando se actúa así, los escolares la ven como una actividad inútil. La palabra “Tarea” dicha por el profesor nunca debe ser interpretada por los estudiantes como el trompetazo que anuncia el final de la clase.
Segunda regla: tiene que hacerse con todo el grupo en total escucha y atención. No deben darse las orientaciones pertinentes en presencia de la más mínima alteración dentro o fuera del aula.
Tercera regla: el profesor tiene que lograr que todos los alumnos comprendan íntegramente el contenido del trabajo que deben realizar. Tienen que saber qué van a hacer en cada una de las preguntas, o actividades propuestas.
Son incontables las veces que se asume que los colegiales saben objetivar los elementos esenciales del contenido, sin valorar que en realidad no poseen estos requerimientos. Dicho de una manera sencilla: los alumnos desconocen cómo deben aprender.
Conviene destacar que a los alumnos se les ha de enseñar a aprender, como se les ha de enseñar a leer y a escribir (Álvarez de Zayas).
Cuando “La Hora de la Tarea” transcurre en un ambiente de armonía doméstica, se da un notable paso de avance en la instrucción de los más jóvenes.
Bibliografía
Álvarez de Zayas, Carlos M. La escuela en la vida. Editorial Pueblo y Educación, La Habana. 1999.
[2] Salgado Labrada, Raúl: La clase, su tecnología. Libro digital. Las Tunas, 2014.
[3] Castellanos Simons, Doris y col.: Talento: concepciones y estrategias para su desarrollo en el contexto escolar. Editorial Pueblo y Educación. ISBN 978-959-13-1789-6. La Habana.