Una historia sobre la imagen del Niño de Belén
Por: Adrián Pérez
Llega la Navidad y con ella la imagen del niño Jesús que tres generaciones de cubanos hemos visto en los llamados nacimientos en nuestros templos, y que todavía logra sobrevivir en algunos de nuestros hogares gracias a la abuela y la tradición familiar. Vale destacar que esta representación de Jesús fue creada y reproducida en el taller “El Arte Cristiano de Olot”, fundado en España en 1880 y que existe todavía en la actualidad. La imagen, desde la más pequeña hasta la más grande que llega a los cincuenta centímetros, conocida como “de tamaño natural”, era importada a nuestro país y vendida en todas las tiendas de arte religioso que existían en La Habana.
La tradición de la representación del Niño Jesús es muy antigua, así como la devoción que Francisco de Asís y sus frailes contribuyeron a divulgar y difundir. Por ello quisiera referirme en particular a una en especial: la figura del Niño Jesús que está en la Basílica de la Natividad, en la ciudad de Belén y que en su momento fue una pieza única, la cual tiene una historia que les narraré a continuación.
El 31 de octubre de 1920, fray Gabino Montoro ofm1, siendo Procurador General de Tierra Santa, visitó el taller artesanal “Casa Viuda de Reixach” en Barcelona, España, con el siguiente encargo: Niño Jesús de 50 cms para la Gruta de Belén. El envío se hizo el 25 de febrero de 1921, con factura #. 2902, quedando el P.G. Gabino muy satisfecho por el resultado del trabajo.
El escultor principal del taller, Francisco Rogésal junto a once colaboradores, cada uno en una especialidad, realizaron esta talla en madera de cedro, conocida en la actualidad por las letras: R.O.G., del apellido del autor.
La tradición de la imagen del Niño de Belén aparece en una crónica editada por fray Jerónimo Golubovich en su “Biblioteca Bio-bibliográfica de Tierra Santa”, dónde se narra el curioso episodio de la desaparición de esta imagen que damos a conocer:
“Llegado el tres de junio, llegaron a Belén peregrinos no católicos hasta nuestro convento para visitar los santuarios e iglesias.
Permanecían en nuestra sacristía admirando una bellísima escultura del Niño, la que nuestros frailes suelen poner en la noche de la Navidad del Señor en el Santo Pesebre, preguntando a quién representaba. Un monje griego les respondió que aquel era el Dios de los idólatras francos y que, si los ministros turcos se lo quitasen, se quedarían sin Dios.
Pasada como una hora entró en nuestra iglesia de Santa Catalina el pachá2. Este ordenó que le fuese llevado el Niño, porque quería verlo. Habiéndolo tenido un buen rato entre sus manos, lo restituyó a nuestro intérprete, sin decir ninguna otra cosa. Cuando por la tarde, le dijeron que había hecho muy mal en devolver el Niño, puesto que si lo hubiese tomado y retenido, los francos se habrían visto obligados a rescatarlo pagando un buen millar de piastras3, ya que ellos lo tienen por Hijo de Dios y así lo adoran. Estimando el pachá que podría sacar provecho en esta ocasión, se lo llevó a su casa en Jerusalén.
Pasados tres meses y viendo que los frailes no le dirigían ninguna reclamación, el pachá convocó a nuestro intérprete para decirle que se maravillaba mucho de que los francos tuviesen a su Dios en tan poca estima. El intérprete le respondió que a quien los francos adoran es al Dios Uno y Trino que está en el cielo y que aquel Niño representaba solamente al Hijo de Dios en carne humana, al cual ponían los frailes en la noche de su Natividad en aquel Santo Pesebre para representar el misterio de su nacimiento. El pachá le respondió que sabía muy bien que aquel era su real y verdadero Dios pero que por no hacer un gran dispendio en su rescate, trataban de tergiversar las cosas de aquella manera. Concluyó el pachá proponiéndole que de todas formas, puesto que él no quería ya tenerlo en su casa, mandaría que se lo llevasen a Belén con muy buena cortesía. Y, entregándoselo en sus manos, le dijo que le diera, al menos, cien piastras. Después de muchos alegatos, se contentó, finalmente, con dos vestidos de seda y dos paños bordados”.
También hoy los peregrinos que acuden a Belén, gustan llevarse a casa como recuerdo del lugar santo de la Natividad, la imagen del Niño Jesús.
Pongamos también nosotros en nuestro arbolito de navidad como signo de amor, esta querida imagen que encierra muchos sentimientos y que tal vez la abuela guardó con recelo, para que el tiempo no pudiera borrar una de nuestras tradiciones más arraigadas.
¡Qué el Niño Dios bendiga nuestros hogares!
1-ofm: La Orden de Frailes Menores (u Orden Franciscana), es una orden religiosa mendicante católica fundada por san Francisco de Asís en el año 1209.
2-Pachá: Es un título originalmente usado en el Imperio otomano y se aplica a hombres que ostentan algún mando superior y equivale a gobernador, general o almirante, según el contexto. También se utiliza como título honorífico en algunos países.
3-Piastras: Moneda fraccionaria en Turquía y Egipto, donde constituye la centésima parte de la lira (YTL) y la libra (EGP), respectivamente musulmanes.