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Factores socioculturales en la nutrición
Segunda parte



Por: María Amelia González.


Las distintas etapas de la vida y el sexo le imprimen a la nutrición variables dependientes. Las personas en períodos de rápido crecimiento como la infancia y la adolescencia tienen un aumento de las necesidades de nutrimentos y energía, a su vez los adultos mayores necesitan menos calorías y ajustes en su alimentación dado los riesgos de malos hábitos alimentarios acumulados y la aparición de enfermedades como las cardiacas, la hipertensión, la diabetes, la osteoporosis, niveles elevados de colesterol, triglicéridos, ácido úrico y problemas somáticos asociados al propio proceso de envejecimiento.

Las necesidades nutricionales son diferentes entre los hombres y las mujeres debido a la composición corporal y las funciones reproductivas. La mayor masa muscular en los hombres intuye una mayor necesidad de calorías y proteínas. La menstruación, embarazo, parto y lactancia en las mujeres incrementan las necesidades calóricas y la ingestión de líquidos y nutrientes específicos como es el caso del hierro y el calcio.

Por lo general a nivel familiar y grupal son las mujeres las que en tiempos de crisis sacrifican a costa de su salud y su equilibrio metabólico la ingestión de alimentos proteicos en favor de adultos mayores, niños y el hombre de la casa al considerar que son el sostén económico familiar, concepto sexista y de gran arraigo cultural. Estos postulados socioculturales se han mantenido desde antaño hasta la actualidad no solo en países subdesarrollados y pobres sino en países considerados del primer mundo.

Influyen en la alimentación femenina la moda, la proliferación de dietas indiscriminadas para tener figuras basadas en modelos de revistas, la televisión o el cine; desgraciadamente, estas mujeres de edad media trasmiten patrones alimentarios errados a sus hijas, lo cual asociado a procesos quirúrgicos y químicos tratan de hacer un patrón de belleza, en ocasiones, nocivo.

Se dice con frecuencia que los hábitos alimentarios son difíciles de modificar. En muchos países los alimentos básicos actuales no son los mismos que se consumieron un siglo atrás. La proliferación de patrones nutricionales como la dieta mediterránea y otros basados en la industria alimentaria influyen en hábitos de alimentación. También es destacable la importación e intercambio de alimentos propios de otras latitudes, facilitando cambios sustantivos en las costumbres y el consumo actual.

Los aditivos, sustitutivos y fortificantes, a los cuales nos hemos referido anteriormente, promocionados por la industria alimentaria dada la rápida difusión mediática provocada por el avance tecnológico y las comunicaciones son patrones socioculturales a tener en cuenta en la nutrición actual.

Las preferencias alimentarias no se establecen ni se eliminan por caprichos y aficiones pues son producto de ajustes originados por los cambios sociales y económicos ocurridos a nivel global. Lo importante no es qué alimentos se consume sino cuánto de cada alimento se debe comer y cómo se distribuye el consumo dentro de la familia y a nivel social.

Influyen en la dieta familiar o grupal, entre otros, la entrada económica de sus miembros, quién es el encargado de hacer las compras y quién cocina. Todo ello condiciona el tipo de consumo e inclina tendenciosamente las preferencias alimentarias. La educación nutricional difundida a través de los medios masivos de comunicación y la literatura no siempre han sido eficaces, así como las campañas consumistas. También el hecho, cada vez menos frecuente, de que los nutricionistas arremetan contra costumbres y procesos culturales de alimentación hace que sea más convincente y desde un enfoque respetuoso y antropológico uno de los aspectos vitales para la vida: la nutrición.

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