Un comentario sobre la tercera temporada
de Sonando en Cuba
Por: Ifigenia Herrera
Culminó la tercera temporada de Sonando en Cuba, programa televisivo que de manera general todos esperábamos con la certeza de disfrutar de un buen show que siempre fue más allá del mero entretenimiento y del espectáculo.
Indudablemente, el proyecto acaparó la atención y atrapó al público, entre otros aspectos, por la peculiaridad de cada entrega televisiva, el buen gusto que observamos en la realización de cada uno de los programas que conformaron la temporada, su propia dinámica, y todo ello en función de divulgar lo mejor de la buena música cubana en sus distintos géneros, incluyendo los más modernos.
Sonando en Cuba nos dio también la oportunidad de conocer un poco más a nuestros músicos, y ello ocurrió específicamente con los mentores a quienes descubrimos en una faceta más personal y nos develó no solo su valía como artistas sino también como seres humanos. Para mí este aspecto resultó interesante y, sin lugar a dudas, contó con el favor del público
Como ocurrió en las otras temporadas, el proyecto ha sido una vía para promover jóvenes talentos a través de una inteligente estrategia; no cabe dudas que la entrega marca pautas rompiendo esquemas.
Queda entonces que directores de programas, productores y responsables de programación trabajen en aras de desarrollar todas las potencialidades de estos nuevos talentos y con ello, tal vez, insisto en esta idea, renazcan cuartetos, dúos y tríos diseñándose espacios donde de manera armónica se encuentren estos junto a orquestas, solistas y cómicos, entre otros. Creo que todos lo agradeceremos.