El hombre y el sodio
Por: Dr. Rodolfo Romero
El sodio es una de las sustancias más abundantes en nuestro cuerpo y su presencia es vital en él; sin embargo, en algunas personas la ingestión descontrolada del sodio puede ser fatal. La hipertensión arterial, esa enemiga silenciosa o bailarina coqueta como otros la llaman, que nos sorprende debutando en el cerebro con una isquemia cerebral; en el corazón, con un infarto o en el riñón con una insuficiencia renal está muy relacionada con la ingesta del sodio contenido, sobre todo, en la sal que consumimos.
Después de los 60 años, la mitad de la población cubana es hipertensa. Estos pacientes tienen dificultades para desembarazarse del exceso de sodio, la necesidad de este catión es de 4 a 5 gramos por día y esta cantidad, prácticamente, ya está contenida en los alimentos en estado natural, por lo que ese “poquito” que le echamos a la comida pude dar al traste con nuestra salud y hasta costarnos la vida.
El comer con sal es una costumbre aprendida. A la leche materna no le echamos sal para que el bebé la tome. Es en el momento que comenzamos a introducir otros alimentos, que el niño incorpora este sabor a su paladar; tal vez, una abuelita al ver que el niño no quería comer le dijo a la mamá: Ay mija échale un poco más de sal a esa comida que está “desabría”, y por eso el niño no se la come o quizás la necesidad de salar las carnes para su conservación cuando no existía la refrigeración, nos introdujo este hábito. Pero no existen perros, ni gatos, ni caballos hipertensos, ¿será porque nunca les han echado sal al hueso, ni al ratón o a la hierba para comérsela?
Piensa, si eres hipertenso o estás llegando a la tercera edad, cuida el contenido de sodio de tus alimentos y recuerda que refrescos, comidas enlatadas, pizzas, espaguetis y los cuadritos con condimentos de la shopping, lo tienen en demasía. Su organismo se lo agradecerá.