Dónde vamos y cómo llegaremos

Por: Hna. Bernardeta Collazo, m.i.c. (Asesora Eclesial)
Octubre, noviembre y diciembre nos traen diversos momentos que nos invitan a reflexionar. Aunque no lo parezca, reflexionar es un verbo que no concientizamos ya que la carrera de los días nos roba ese tiempo precioso que es el de tomar un alto y pensar por dónde voy, hacia dónde voy y qué escojo para hoy, para mañana y para pasado mañana.
Cuando tomamos un tiempo para reflexionar, ganamos mucho más de lo que pensamos perder.
Ayer en la noche, antes de caer en la cama, seguramente tomaste un tiempo para pensar qué cocinarías, y qué tenías que realizar en este día, regalo del Dios Amor. Cuánto avanzamos al decidir con tiempo lo que queremos vivir y hacer. Si no lo planificamos, damos vueltas y no sabemos por dónde comenzar a desenredar la madeja. Eso sin contar los imprevistos que llueven no siempre del cielo, sino de la vida diaria.
¿A dónde vamos en octubre, mes dedicado a la Virgen del Rosario y a las Misiones?
La Virgen del Rosario nos invitará a reflexionar en los diferentes misterios para que de la contemplación salga la vivencia coherente de nuestra vida cristiana como mujeres católicas. Y ello desde la “mirada de María” y “al estilo de María”.
¿Y cómo llegaremos? son los medios que con creatividad buscaré para poder vivir ese mes en estado de Misión. Siempre dispuestas a anunciar a Jesús, nuestro Salvador, de la mano de María del Rosario. Tenemos a nuestro favor la Novena de la Virgen de la Caridad que nos preparó para conocerla mejor y continuar profundizando en este mes de octubre.
Y, ¿cómo llegaremos? Nos toca a cada una enrumbar por el mejor camino y junto con María, le pediremos al Espíritu Santo, el mejor realizador de proyectos, sueños y motivaciones duraderas y bastante seguras.
¿A dónde vamos en Noviembre? En este mes tenemos dos grandes fechas: el día primero, todos los Santos.
Los Santos del cielo son aquellos que nos han precedido tratando de vivir como Jesús nos enseñó. Ellos miraron siempre al Jesús del Evangelio y la reflexión-contemplación les indicó el camino por donde ir hasta llegar al encuentro definitivo, en el cara a cara, con el Dios Amor. Los mártires, esos santos con una súper gracia de Dios, son los estelares, a mi modo de ver. Esos han de ser aquellos que San Pablo decía, “correr bien la carrera”. Acá, en la tierra, no les dieron medalla de oro, pero cuando llegan allá, a la visión eterna de Dios, les dicen: ven, bendito de mi Padre, siéntate a mi derecha. Ven, llegaste al banquete del Reino. Y los santos de hoy, que todavía transitan por la vida, santos de carne y hueso aún, pero, a veces, no los notamos porque no hemos descubierto que se esfuerzan por vivir el Evangelio a tiempo y a destiempo, en medio de tantas vicisitudes de la vida y de los bellos momentos.
Y ¿cómo llegaremos?,¿cómo combatiremos el buen combate?
Venciendo el mal a fuerza de bien con la ayuda de los que ya nos precedieron, amigos disponibles a mostrarnos el mejor camino, no yendo por atajos, sino con la mirada puesta en lo mejor de nosotras mismas, compartiendo lo que somos y tenemos. No debemos olvidar que somos más de lo que creemos o creen los otros, pues Dios derrochó todo su amor en cada una de nosotras.
El día dos: los Fieles Difuntos. Este día, generalmente, pensamos en nuestros familiares que ya partieron a vida más clara y mejor, como reza la oración.
A la palabra fieles, añadiría, y amados. Para mi gusto, yo colocaría los Fieles Difuntos el día primero y la Fiesta de Todos los Santos la pasaría al día dos. Claro está, mi reflexión es emotiva porque para llegar a Santo del Cielo hay que pasar por la muerte. Acá me detengo para compartir con ustedes una reflexión que viene hace años zumbándome en los oídos del corazón. Y creo que es un serio aspecto.
La Iglesia nos ha dicho sus criterios, para orientarnos, que la cremación es posible, pero las cenizas de los fieles difuntos deben tener cristiana sepultura. Cuando hablamos de cementerio, hablamos de campo santo, y por ahí va la cosa. A mi entender la persona tiene una dignidad y derechos que debe conservar hasta después de la muerte. Y las cenizas esparcidas por cualquier lugar del planeta, aunque haya sido el lugar que más hemos frecuentado o más nos sentíamos a gusto no es criterio.
Por falta de reflexión o por temor a hablar del tema de la muerte propia, he visto en varias ocasiones que si la persona no dejó dicho qué deseaba para ese momento tan importante, los familiares no saben si cremarla o no, y si la creman, dónde “esparcir” sus cenizas. Y terminan esparciéndolas en cualquier lugar, donde les parezca a todos.
Y, ¿cómo llegaremos? No dejemos para mañana lo que podemos decidir hoy. Tomemos el asunto en manos y digamos a tiempo a nuestros seres queridos las disposiciones a tomar en el momento de nuestra muerte. No debemos olvidar decir que queremos la presencia del sacerdote para la unción de los enfermos y que no dejen de ofrecer misas para nuestro eterno descanso. Nuestros abuelos dejaban todo dicho y hecho, pues había un monedero en la casa para dar las misas del año. Ellos sí eran precavidos, tomaban la vida en serio, incluyendo la muerte. Y entonces podremos decir: Dales, Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.
¿A dónde vamos en Diciembre? Tenemos de nuevo otra fiesta: La Inmaculada.
Dediquemos un tiempo para evocar a la Virgen Inmaculada, y muchas cosas cambiarían si nos dejamos “blanquear” por Ella hasta quedar transparentes.
Y llega la entrañable Navidad a colorear la vida personal, familiar y de la comunidad. Es el tiempo que nos saca a flote el corazón. Recordamos el año que llega a su fin y nos asaltan los momentos difíciles vividos y los felices también; para ello viene de nuevo nuestro espíritu reflexivo a tomar la batuta, para poder agradecerle a ese pequeño Niño, el Emmanuel, que ha estado con nosotros en cada persona y acontecimiento. A veces nos costó verlo, otras se nos hizo más visible. Y le pondremos en sus manos y en su corazón el nuestro y el de todos nuestros seres tan amados. Le daremos miles de gracias por tanto bien recibido y compartido.
Y, ¿cómo llegaremos? Diciéndole al pequeño Salvador que no podemos nada si Él no nos muestra el camino y María, su Madre y la nuestra, nos acompañará a recorrerlo, especialmente, en el año que comienza.
¡Feliz Navidad para Todos!
¡Y un Año nuevo pleno de Bendiciones y esperanza!