Matando la inocencia

Por:
Celia Polledo.
Cuánto nos alegra escuchar a niños de cualquier edad cantando canciones infantiles y verlos jugando con sus amiguitos pero, lamentablemente, cada vez es menos usual que sepan canciones apropiadas para ellos.
Una amiga me comentó que en una visita a una conocida observó que la nieta de esta, de solo cuatro años, entonaba, pues era todo lo que sabía, canciones de reguetón, las cuales interpretaba y bailaba perfectamente, imitando los gestos provocativos que le enseñaron sus familiares del denominado baile tembleque. Al preguntarle si sabía otras canciones, le nombre las infantiles que conozco, me respondió que solo conocía las que me había cantado y los pasos que llevaban estas.
Tanto mi amiga como yo coincidimos en que los adultos que conviven con la niña olvidan que a cada edad corresponde un modelo de conducta y si bien en los círculos infantiles enseñan juegos y canciones apropiados para los niños, en muchos hogares no continúan este propósito.
Hoy, palabras obscenas y expresiones vulgares forman parte del vocabulario de muchos niños; por ello es muy importante la forma en la que les hablamos puesto que ellos incorporan prontamente a su vocabulario lo que oyen y si decimos de manera habitual palabras soeces, no podemos quejarnos cuando los niños de la casa las repiten. También debemos ser cuidadosos y no hablar delante de ellos determinados temas que por su contenido son solo para adultos.
No se puede dejar todo lo relativo a educación a la escuela, pues es el hogar el primer lugar donde desde pequeños aprendemos a respetar a los otros así como también las normas de conducta, entre otras cosas, que nuestros padres aprendieron de los suyos y que contribuyeron a hacernos mejores personas.
Debemos recordar que la infancia es uno de los momentos más hermosos en la vida del ser humano en el que la inocencia, el deseo de saberlo todo, la alegría de cooperar con los adultos en cualquier actividad resultan esenciales.
Ayudamos al crecimiento de nuestros pequeños no solo con la atención de su salud y proporcionándoles lo que podemos en el aspecto material, sino también brindándoles patrones de conducta y normas de educación. Ellos nos lo agradecerán cuando sean adultos.