¿NIDO VACIO?
(II PARTE)
Por: María Amelia González
Ante la problemática del nido vacío, la soltería y la viudez debemos desterrar ese concepto erróneo de nuestra soledad pues nadie está enteramente solo, Dios siempre nos pone al lado a alguien que nos socorre y apoya; debemos hacer nuestra lo dicho por santa Teresa de Ávila quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta, lo cual matiza nuestra vida de diferente forma, poniendo más confianza en el Señor a través de la oración y la participación comunitaria y ciudadana, de lo cual adolece nuestra Iglesia y nuestra sociedad. Nadie es una isla, somos seres sociales, por tal motivo no podemos quedarnos de brazos cruzados autodestruyéndonos y privando a los demás de nuestra experiencia, palabra oportuna o gesto solidario. Ahora bien, lo que sí no debemos olvidar es la fórmula clave de las tres R: Respeto a uno mismo, Respeto hacia los demás y Responsabilidad ante nuestros actos y palabras.
Partiendo de esta premisa debemos valorar críticamente lo positivo o negativo de nuestra situación y no aferrarnos a la idea de lo que pudimos hacer y no hicimos, o si hubiésemos actuado de otra forma. No podemos vivir en un continuo ajuste de cuentas culpándonos por el tiempo que desperdiciamos, según nuestro criterio, y no dedicamos a nuestra familia. Tampoco es saludable quedarnos anclados en el pasado regodeándonos de nuestras faltas, justificándonos o justificando el proceder de otros, por tanto, no es permitido comparar nuestro caso con otros, ni admitir ser juzgados; cada persona y familia es diferente y cada uno tiene su verdad y sus motivos.
Es muy importante, sin rodeos, afrontar nuestros errores pero también hacer explícita nuestra inconformidad con actitudes hacia nosotros. No tengamos miedo ni permitamos comparaciones ni juicios ajenos, pues cada caso y cada realidad individual y familiar son diferentes. No vivamos con ideas o recuerdos maquillados por nosotros mismos, seamos objetivos y veraces con nuestros recuerdos y vida pasada, no nos engañemos creando un mundo pasado ficticio y perfecto.
Con valentía seamos analíticos pues es de gran valor aprender de los tropiezos y faltas cometidas, así como de las soluciones que consideramos podían ser las correctas en una circunstancia determinada; de hecho, nos daremos cuenta de que muchas de ellas fueron las correctas y adecuadas en cada ocasión. Por ello es muy importante hacernos estas tres preguntas antes de decidir o actuar: ¿Es necesario hacer o decir esto?, ¿Es importante hacerlo?, ¿Va a cambiar algo? Según sea la respuesta, saque usted sus propias conclusiones.
No vamos a ofrecer un recetario o modelos de comportamiento infalibles, cada persona debe ajustar estos consejos a su realidad y tratar de ser lo más objetivo posible. Y como dijera Nitza Villapol en su programa Cocina al minuto: Estas son recetas fáciles y rápidas de hacer. Entre estas tenemos:
Es saludable cambiar el entorno para que se note una transformación, un cambio (mover muebles, adornos, incluir plantas, desechar o regalar objetos que traigan recuerdos negativos o ya no sean necesarios).
Cree un rinconcito de oración, relax, o meditación. Hágalo a su gusto, cómodo, confortable y sobre todo funcional.
Guarde solo lo que te traiga buenos recuerdos.
Habilite una libreta para las fechas importantes, direcciones y teléfonos de personas queridas o simplemente conocidos; incluya las de instituciones o centros de servicio y urgencia.
Escriba o llame a amigos o familiares; escuchar la voz o reconocer la letra de alguien querido es muy gratificante, pero ojo: solo reír y recordar acontecimientos buenos, pues los problemas siempre existen, es innecesario regodearnos en el dolor si estamos restableciendo comunicación.
Dedique un pensamiento positivo, una oración y un agradecimiento por el tiempo vivido y por lo aprendido con nuestros seres queridos.
Reorganice papelería importante como testamentos, certificados, diplomas, cartas, propiedades, fotografías y colóquelas en carpetas o sobres.
Escuche música o la radio mientras hace sus quehaceres.
Establezca nuevos hábitos de vida saludables (ejercicios, caminatas, visita a lugares nuevos o regrese a antiguos espacios ligados a momentos agradables, paseos con amigos. participe de actividades culturales y recreativas).
Bríndese para alguna responsabilidad o actividad solidaria en su comunidad.
Aprenda algo nuevo. Lea más, manténgase informado, ejercite la memoria con crucigramas, sopa de letras, cálculos etc.
Disfrute su soledad, aprenda a decir No cuando es no y Sí cuando es sí. Sonría, dele valor a la sonrisa y a la risa.
Comience a quererse más, y como dijo san Agustín: Ama y haz lo que quieras.